19 de septiembre 2001 - 00:00

Desinteligencias en el festival

A una semana de haber comenzado el III Festival Internacional de Buenos Aires, y luego de que su directora Graciela Casabé decidiera no subir junto a los funcionarios de la Ciudad a presentar la muestra, ahora es la bailarina y coreógrafa Inés Sanguinetti, miembro del Consejo Asesor, quien está molesta con las autoridades del Gobierno de la Ciudad y la Secretaría de Cultura, algo que ya se ocupó de hacer público la noche del debut de Goran Bregovic que inauguró el festival.

La misma Sanguinetti confirmó a este diario que fue ella (y no alguna estudiante de la Escuela Municipal de Arte Dramático, como se pensó al principio) quien se despachó con un par de acusaciones, vía megáfono, contra Aníbal Ibarra y Jorge Telerman poco antes de que éstos abandonaran el escenario de la Sala Martín Coronado.

Debido a su rica trayectoria como bailarina y a sus múltiples viajes al extranjero («ninguno a cargo del Estado») Sanguinetti fue convocada por el Festival Internacional de Teatro para integrar el Consejo Asesor de Programación Nacional, pero también colaboró en la selección de grupos de danza extranjeros.

«Mi experiencia sirvió para ahorrarle dinero al Festival», ironizó la bailarina que entre otras cosas sugirió la contratación de las compañías de Akram Khan (Fix/Rush) y de Emio Greco (Extra Dry). Su expectativa, señala, era que el Festival sirviera de estímulo para las artes locales: «Yo quería hacer una gran convocatoria de grupos y generar una especie de ola de espectáculos realizados por artistas más jóvenes y con producciones más precarias. Pero no aceptaron mi propuesta».

«Otra posibilidad era trabajar con pocos grupos pero invirtiendo en ellos, ofreciéndoles una buena producción, pero tampoco hubo caso», continúa la enojada coreógrafa. «Aquí vienen managers, productores, directores de venues y debemos aprovechar estas oportunidades para ponernos competitivos y abrir circuitos en el mundo. Pero acá a los elencos argentinos los quieren arreglar con monedas. Un productor extranjero contrató un espectáculo argentino por $ 4 mil y pico la función, mien-tras que ese mismo espectáculo acá recibe sólo $ 600 si la obra dura menos de una hora, a $ 1.500 si es más larga, y además cada elenco tiene que ocu-parse de su producción».

El enojo de Sanguinetti recrudece cuando piensa en las promesas incumplidas para el sector danza: «Tienen cero voluntad política de hacer algo. Prometen cosas que nunca llevan a cabo. Telerman y Kive Staiff prometieron destinar una sala a la danza.

Primero iba a ser el Alvear y luego se pensó en la Sala Ernesto Bianco (Ex ETC) que para colmo quedó con una capacidad muy reducida por problemas con la salida de emergencia. Cocoa (Asociación de Coreógrafos Argentinos) consiguió que la Legislatura de la Ciudad promulgara la Ley de danza y destinara 200 mil pesos a la actividad convocando a concurso a todos los grupos. Pero la ley fue aprobada hace un año y pico y todavía no hicieron nada».

La indignación de
Sanguinetti estalla cuando reflexiona sobre los recursos del Festival: «Vienen los maestros de las nuevas tendencias a ofrecer clases magistrales y eso es magnífico pero sale unos 180 pesos. ¿Quién los puede pagar? Es un absurdo que a mí, como miembro del comité de selección, me inviten a comer a Katrine para charlar con Alain Platel (director de «Iets op Bach») a un costo de 100 dólares por cabeza, cuando los grupos argentinos se tienen que arreglar con lo poco que tienen, atando todo con alambre».

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