18 de abril 2007 - 00:00

Deslucida fantasía sobre Séneca

Deslucida fantasía sobre Séneca
«El maestro del emperador» de Pedro Gálvez. (Grijalbo. Buenos Aires, 2006. 297 págs.)

Este es el segundo volumen de una trilogía sobre la Antigua Roma que se inició con «Nerón: diario de un emperador» y que concluirá con una novela sobre Agripina, madre de Nerón. «El maestro del emperador» evoca los últimos años del filósofo Séneca, preceptor, consejero político y luego ministro del emperador, centrándose particularmente en su conflictiva relación con el poder. Si algo deja en claro la novela es que un intelectual honesto no puede formar parte de la alta política sin salir perjudicado.

Lucio Anneo Séneca (Córdoba, España, 4 A.C.-Roma, 65) gozó de un gran prestigio en su época en su doble papel de político y pensador. Si bien no llegó a desarrollar un sistema filosófico propiamente dicho, sus tragedias en verso fueron muy celebradas y, además, se lo consideró el gran renovador de la prosa latina a la que aportó un estilo más natural y espontáneo, ligado a la comunicación oral y con el tono persuasivo propio de la escuela retórica.

Sorprende, entonces, que el escritor Pedro Gálvez (oriundo del sur de España como Séneca) no haya dejado en manos del filósofo la narración de su propia vida, en lugar de utilizar el relato en tercera persona y algunos diálogos de entrecasa. Según Gálvez, Séneca fue un precursor de la psicoterapia moderna, además de uno de los autores más plagiados por los manuales de autoayuda. El punto es que Séneca, influido por la escuela estoica, predicó la moderación y el desapego a las cosas terrenas, mientras acumulaba poder y riquezas junto a Nerón.

Estas y otras tantas contradicciones ya fueron analizadas por otros biógrafos y comentaristas (incluido San Agustín); sólo que Gálvez prefiere mostrarlo como un idealista torturado por sus debilidades que a los 65 años decide abandonar la vida pública -y todos sus lujos-para dedicarse a escribir y estudiar filosofía. Lástima que este gesto de grandeza termina en obligado suicidio al acusarlo el emperador de conjurar contra él.

En esta novela, Séneca no despierta ninguna admiración, ya que se muestra como un anciano patético que se sonroja por nada y protesta por su gordura mientras intercambia recetas de « gourmet». Cuesta imaginarlo cómplice del asesinato de Agripina cuando al rato se lo ve sufriendo ante los excesos del Circo romano o lloriqueando como un niño junto a su esposa por el maltrato que le dispensó su padre, allá en la infancia.

«El maestro del emperador» abunda en detalles sobre la vida cotidiana en Roma ( indumentaria, mobiliario, milicia, arquitectura y muchísima gastronomía), pero deja muchos puntos oscuros en cuanto a la gestión de Séneca en el gobierno. Gálvez aprovecha su profundo rechazo hacia el delirio patriótico y las guerras de ocupación de Julio César y Alejandro-Magno para criticar -con palabrasdel filósofo-a las grandes potencias de hoy.

Curiosamente no incluye ninguna referencia a la persecución de los cristianos, acusados por Nerón de haber incendiado Roma en el año 64. En suma, se trata de una biografía de corto aliento pese a sus pretensiones literarias.

Sobre el final, el autor le dedica un irónico agradecimiento a sus dos fuentes principales, Tácito y Suetonio: Generaciones de historiadores y novelistas han logrado alimentar a sus familias plagiando a esos dos hombres. Que yo sepa, hasta ahora nadie les ha dado las gracias».

Patricia Espinosa

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