16 de abril 2003 - 00:00
Despierta interés una galería de personajes
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«Argentinos de raza» es esa clase de libro. Ovidio Lagos construye una notable galería de personajes, que se deslizan por la vida -en su gran mayoría-de forma superficial, pero con un notable dominio de la estética, del estilo y del savoir faire, una virtud cada vez más escasa. A pesar de que esa generación compartió códigos y padeció algunos males comunes, nos sigue deslumbrando, precisamente porque cada historia es única e irrepetible. Son 14 personajes quienes transitan por estas páginas. La progression d'effet, es decir la perfecta construcción literaria que hace avanzar la acción, es acaso uno de los mayores logros de estos breves y deliciosos perfiles -técnica que Lagos desarrolló con extrema pericia en «La pasión de un aristócrata», biografía de Marcelo T. de Alvear y de Regina Pacini. Entre otras cosas, por haber respirado el mismo aire. Un breve encuentro con la legendaria Dulce Liberal de Martínez de Hoz le sirve no sólo para dibujarla, sino para relatar una historia que es un estudio de la elegancia, de su significado y de lo efímero. La escena en París entre la aristócrata argentina y André Malraux podría engrosar una antología de la belleza, la seducción y la educación.
«Argentinos de raza» pinta un mundo que se fue y no podemos dejar de lamentarnos de que la posmodernidad, además de no ofrecer filósofos, dramaturgos, escritores o pintores excepcionales, nos prive de estos seres que desarrollaron algo que tampoco abunda, como es la personalidad. Quién, en esta Argentina, se atrevería a cruzar a pie la selva paraguaya como hizo Nora Lagos huyendo de la Revolución Libertadora, y llevando de la mano a sus dos hijas pequeñas. Quien sino Pedro Serramalera, heredero de un imperio vitivinícola, desbarrancaría en los Alpes Marítimos franceses, el mismo día que lo adquirió, un Delage que había



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