6 de abril 2005 - 00:00

Diario de una pionera

Diario de una pionera
Amelia Earhart «Ultimo vuelo» (Bs. As., Ediciones B., 2004, 389 págs.)

El nombre de Amelia Earhart (nacida en Kansas en 1897 y desaparecida en algún lugar del Pacífico en 1937) empezó a ser conocido en todo el mundo a partir de 1932, cuando se convirtió en la primer mujer -y la segunda persona después de Charles Lindbergh- en atravesar el Atlántico en un vuelo solitario. Durante su carrera como aviadora, truncada a los 40 años cuando pretendía circunnavegar el globo por la ruta más larga (la del Ecuador), batió numerosos récords de velocidad, altitud y distancias. Desde sus inicios contó con una amplia promoción dirigida por el editor newyorkino George Palmer Putnam, quien más tarde se casaría con ella. El fue quien la impulsó a afrontar nuevos desafíos y a dar testimonios en conferencias, reportajes y frecuentes colaboraciones en diarios.

«Ultimo vuelo»
-editada por Putman poco después de la desaparición de su esposa- es un esbozo del diario de vuelo que Amelia había comenzado a escribir en la cabina de su avión mientras sobrevolaba cuatro continentes. Sus anotaciones llegan hasta Nueva Guinea, poco antes de que su avión se hundiera en el Pacífico, y Putman se encargó de recopilarlas limitándose a agregar unas pocas notas explicativas para su mejor comprensión. Según sus palabras ésta es «una sencilla crónica de la última aventura de A.E.». Años más tarde aparecerían numerosos textos y biografías sobre esta intrépida piloto, y a los que sin duda conviene recurrir para poder captar en su real dimensión el gran impacto social que tuvieron sus hazañas. En estos últimos escritos se percibe la contagiosa vitalidad de la aviadora y su gran fuerza de carácter. Earhart fue la heroína de grandes y chicos pero su mayor ambición era servir de ejemplo y de estímulo a todas las mujeres. Los apuntes más interesantes de «Ultimo vuelo» hacen referencia a la formación básica de una aviadora y a la fascinante experiencia de viajar en solitario. En cambio sus descripciones de ciudades y paisajes son muy esquemáticas, quizás porque contaba con muy poco tiempo disponible. Pero lo que realmente llama la atención son sus observaciones acerca de las diferencias de género. «He conocido chicas que estarían mejor manipulando artilugios mecánicos que confeccionando vestidos y chicos que lo harían mejor en la cocina que entre motores» apunta Earhart y su reflexión aún hoy resulta de avanzada.

Patricia Espinosa

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