5 de marzo 2007 - 00:00

Diez artistas en busca de una belleza sin estridencia

Una muestra del arte de Alejandra Seeber, coloridas pinturas que representan cuartos, algunos de los cuales delatan que puede haber ocurrido una tragedia.
Una muestra del arte de Alejandra Seeber, coloridas pinturas que representan cuartos, algunos de los cuales delatan que puede haber ocurrido una tragedia.
Antes de que se escape el verano, la galería Dabbah Torrejón inauguró «Summer», una muestra con obras de Sergio Avello, Alejandra Seeber, Marcela Astorga, Daniel Joglar, Manuel Esnoz y Fabián Burgos, que se completa con fotografías de Esteban Pastorino, Jorge Miño, Dino Bruzzone y Cristian Peralta. Las obras fueron seleccionadas de acuerdo a la luz y el color estival, sin embargo, estos artistas tienen en común otros rasgos que terminan por configurar la estética de la galería. Se trata de cuestiones sutiles, como la moderación de los discursos, el logro de la expresividad a través de gestos mínimos o casi imperceptibles, y el regodeo en la discreta belleza que ronda en la exposición. Es decir, con propuestas, temas y técnicas de lo más variadas, el conjunto de artistas comparte un modo de operar que provoca placer visual al observador y que bien podría definirse como «delicado».

El mejor ejemplo de este accionar contenido es Joglar, que dueño de una sensibilidad afinada trabaja igual que un malabarista, y alcanza a transformar en arte los objetos más comunes de la vida cotidiana. Sus móviles con argollas y pendientes que parecen flotar en el espacio, unos pequeños cuadros realizados con papel de Origami, y una mesa sobre la que ha dispuesto un vaso, unos cubos de goma, una rama, unos cartuchos de tinta y papeles de colores, ostentan una belleza suprema lograda tan sólo con una sabia disposición. El secreto parece ser que cada elemento, por banal que sea, ocupe un lugar preciso, como si el artista poseyera una clave de la conciencia estética para calcular de modo milimétrico, dónde se encuentra el lugar exacto de la belleza.
Duchamp y Picasso, al igual que la mayor parte de la vanguardia del siglo XX, se convirtieron en detractores la belleza y el «buen gusto», demostraron que puede estar ausente en el arte. Pero, abusada, destronada y anhelada, la belleza ha vuelto solapadamente para ganar el lugar perdido. Al ingresar a la galería se divisa «After», una colorida pintura de Seeber que representa un cuarto donde algunos rastros delatan que ha ocurrido una catástrofe. Un avión bajo una mesa, unos desgarrones en los tapizados se adivinan como restos que ha dejado una guerra. Pero lo llamativo es la levedad de la enunciación. Hay algo que está mal es ese ambiente y el espectador deberá descubrirlo.

También de Seeber es un retrato que exhibe un complejo trabajo de recorte y entrelazado de la tela con forma de esterillado, como si la artista quisiera a través del trabajo manual crear el efecto de «lluvia» de una pantalla. A su lado, el radiante arco iris de Avello provoca gratas sensaciones, mientras sus cuadros, «Adidas» y «Poleceliz», referidos a la marca deportiva y a los dos personajes del arte argentino, puestos obviamente en pié de igualdad, invitan a esbozar una sonrisa.

Unos dibujos de trazo rápido de Manuel Esnoz muestran una chica que camina por la vereda. La gracia de la obra, más allá de la agilidad y desenfado de la línea, consiste en la sencillez del personaje retratado. «Mariana» es una de las tantas chicas que cualquiera se cruza por la calle, sin embargo, la poética jovencita de Esnos viene para regalarles a todas ellas su encanto, porque el observador aprenderá a mirarlas con otros ojos.

Crear belleza es sólo una posibilidad, un camino que puede -o no- elegir el artista, a veces a contrapelo del tema o los materiales elegidos, como en el caso de Astorga, que trabaja con cueros de vaca sin curtir y crines de caballos. Con afán ornamental, la artista moja y modela el cuero hasta que se pliega como la seda, luego lo cuelga como un cortinado y con el pelo hacia adentro. Entretanto, y a cambio de dos o tres pinceladas, Astorga elige la rusticidad de unas crines, que aplicadas sobre una tela en blanco, evocan de un modo burlón y distanciado la historia argentina.

El codicioso Fabián Burgos se dedica en sus pinturas a estudiar y «robar» imágenes del artista francés Daniel Buren (entre otros), pero con la confesa intención de superar al original y mejorarlo. No se trata ya del consabido « homenaje», pues como dijo la artista misionera Violeta Bondareco, «en sus cuadros respiran otros cuadros». Y es verdad; se escuchan también voces ajenas que susurran, aunque la melodía final resulta ser siempre de Burgos, que suma su estilo inconfundible al motivo.

En dos tomas fotográficas superpuestas, Jorge Miño crea la imagen de una máquina en plena acción cuyas palancas se multiplican y que parece funcionar aunque está quieta. Dino Bruzzone también se revela como un ilusionista, en sus fotografías de las maquetas de las banderas de River y de Boca se advierte el vértigo del movimiento.

Peralta presenta unas imágenes nocturnas, unas pistas de aterrizaje iluminadas que parecen tan frágiles como un arbolito de Navidad. Característica que responde al modo elegido para fotografiarlas: fabricar la pista con una caja de cartón y una tela negra que perfora para que se cuele la luz. Casi un juego de niños.

Las dos vistas panorámicas que Pastorino tomó en Japón, muestran de modo objetivo, la aceleración urbana y la calma suburbana. Como explica su consagrado colega Juan Travnik, sus imágenes, producto de investigaciones científicas y técnicas, «por el modo inusual de capturarlas, empujan decididamente a una interpretación que se toca con la ficción».

Finalmente, unos lápices de colores de Mariano Vilela que quedaron de su muestra anterior, llevan impresos -en vez de la marca- unos mensajes que hablan de sus sensaciones personales.

Aunque en todas las obras resuena la ambigüedad, complejidad y confusión reinante en el mundo actual, la muestra invita a la reflexión. Cuando ya nadie pone en duda que hoy «todo puede ser presentado como arte» y que «todos pueden ser artistas», esta exposición pareciera dejar sentada una evidencia acerca de qué es el arte y quiénes los artistas.

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