Dos escritores brasileños, Paulo Coelho y Luis Fernando Verissimo, partieron de ideas y textos de Jorge Luis Borges para escribir novelas de características distintas, si bien ambos aluden al interés del argentino por las teorías esotéricas, que consideraba ramas de la literatura fantástica. «Borges y los orangutanes eternos», el policial de Verissimo remite a los cuentos del libro «Seis problemas para don Isidro Parodi» que Borges tramó con Adolfo Bioy Casares bajo el seudónimo común de H. Bustos Domecq. El libro de Verissimo muestra desde el título su intención de homenajear al autor de «El Aleph». Verissimo convierte a Borges en detective y coprotagonista de su relato. Cuenta del asesinato de un profesor alemán, emigrado a México tras la caída del Tercer Reich, en medio de un congreso de la Israfel Society, que en 1985 reunió a estudiosos de Edgard Allan Poe en Buenos Aires.
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La historia tiene la forma de una larga charla que mantiene el traductor brasileño Vogelstein con Borges ofreciéndole todos los datos sobre el crimen ocurrido en la habitación cerrada de un hotel. Si bien la contratapa de «Borges y los orangutanes eternos» devela que «el presunto asesino (y narrador poco confiable de la novela), un judío emigrado venga así a la muerte de su madre», poco importa ésto al atractivo de una obra plena de guiños borguianos, de citas del autor de «El libro de la arena», de juegos referenciales al «Edipo» de Sófocles, a obras de Lovecraft y, entre otros textos, a «El doble crimen de la calle Morgue», «La carta robada» y «El escarabajo de oro» de Poe.
La novela que, además de entretenido policial, «puede leerse en clave teológica y fantástica», como una «bella metáfora sobre el poder mágico de las palabras», evoca a un enigmático cosmólogo y astrólogo isabelino, que afirmó que un orangután con una lapicera en la mano si disponía de la eternidad podría no sólo escribir « Hamlet» sino llegar a hacer explotar el mundo al revelar inadvertidamente el nombre secreto de Dios. Siempre, claro, que en ese trabajo interviniera ese «dios de las coincidencias» que podría también hacer que los escritores, «que pueblan el mundo de monstruos sin saberlo», llegaran impensadamente a un resultado semejante. Verissimo, que no es como Coelho un espiritualísta, interrumpe esas reflexiones haciendo que Borges diga: «soy como un amigo mío, que fue a visitar la catedral de Chartres y empezó a levitar ante uno de los vitrales, hasta que recordó que no es místico y regresó al suelo», y Vogelstein agregue: «Imagine las maravillas que sabríamos, si creyéramos en las cosas en que no creemos».
Esta obra de Veríssimo, plena de humor e inteligencia, fue escrita por encargo. Una editorial que decidió hacer una serie sobre «Literatura y muerte» le propuso que escribiera un policial protagonizado por escritores reales. Verissimo, un polígrafo que ha alcanzado fama en su país como columnista y cronista, que ya había escrito una novela sobre la gula para la serie sobre «Los pecados capitales», les remitió «Borges e os orangotangos eternos», que ya lleva vendido más de un millón de ejemplares, está traducido en trece países y ha recibido diversos premios.
En su nueva novela, «El Zahir», Paulo Coelho, que considera a Borges junto a Carlos Castañeda como los mayores escritores esotéricos de lengua española, escribe en la página 55 de la edición española que un día se despertó «pensando en la historia de Jorge Luis Borges: algo que una vez tocado o visto, jamás se olvida y va ocupando nuestro pensamiento hasta llevarnos a la locura. Mi Zahir no son las románticas metáforas con ciegos, brújulas, tigre ni la moneda. Tiene un nombre, y su nombre es Esther». Con ese párrafo a Coelho le basta para alejarse de Borges y contar de cómo un escritor adinerado y famoso luego que su esposa lo abandona, porque no se siente feliz, ésta se convierte en un Zahir, en una obsesión, en alguien que debe encontrar, más allá de que por el camino ambos tengan otra pareja.
En su cuento «El Zahir» Borges relata como tras la muerte de una mujer, Teodolinda Villar, especie de modelo publicitaria en decadencia, desplaza su obsesión hacia ella a una moneda de veinte centavos, una moneda común con unos pocos rasgos que la hacen diferente, imagen que lo persigue y lo deja al borde de la locura. Borges, que protagoniza la historia, cuenta que, luego de fracasar con un psiquiatra, encuentra en un libro de Julis Baruch su mal: la superstición del Zahir, una creencia islámica «que en árabe quiere decir notorio visible; en tal sentido, es uno de los noventa y nueve nombres de Dios».
El Zahir es algo que «quien lo mira una vez no piensa en otra cosa». Borges ha comentado que la idea surgió al pensar «qué raro sería si hubiera, en lo que llamamos realidad, una cosa que fuera realmente inolvidable» y allí se le ocurre que ese objeto mágico fuera algo común, una moneda. Pero, «para preparar la inolvidabilidad de esa moneda convenía suponer un estado emocional en quien la ve», y ese estado surge de la desaparición de una mujer, «que sabe por un lado que no puede vivir sin ella y al mismo tiempo sabe que esa mujer no es especialmente memorable» porque «estar enamorado es percibir lo que de único hay en cada persona, eso único que no puede comunicarse salvo por medio de hipérboles y de metáforas». Hay quienes interpretaron que «El Zahir» señala que « estamos tan metalizados que dejamos de lado la espiritualidad», pero Borges ha explicado que quiso indicar que «si uno ve una sola cosa, esa cosa única es absoluta» y que por eso «concluí con esta frase debidamente literaria, es decir, falsa: quizá detrás de la moneda esté Dios».
En «El Zahir» Paulo Coelho sigue el punto de partida de Borges: mujer que desaparece y los sentimientos que esto provoca en el protagonista. En Borges la mujer muere, en Coelho la mujer abandona a su marido en busca de «la verdadera felicidad» tratando de darle «un sentido a su vida». En ambos casos el protagonista es el autor del relato.
Esto le permite a Coelho hacer gala de su narcicismo de escritor megabestseller y un rencoroso «ajuste de cuentas» con los críticos literarios que destrozan sus obras, dar sus sermones sobre el amor y la libertad, volver a los «encuentros trascendentes con seres que poseen poderes especiales» y tener uno de ellos en un rol protagónico, reiterar sus « guerreros de la luz» y si, en su novela anterior, «Cinco minutos», buscó el escándalo hablando de la prostitución, en ésta defiende las relaciones extraconyugales.
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