12 de agosto 2004 - 00:00

"Dos ilusiones"

El pajuerano Matías Santoianni y Claudia Albertario, la rubia con la que pese a todo se termina quedando, en «Dos ilusiones», debut en la ficción de un director que daba para más.
El pajuerano Matías Santoianni y Claudia Albertario, la rubia con la que pese a todo se termina quedando, en «Dos ilusiones», debut en la ficción de un director que daba para más.
«Dos ilusiones» ( Argentina, 2004, habl. en español). Guión y dir.: M. Lobo. Int.: M. Santoianni, C. Albertario, G. Romano, J. Acosta, C. Portaluppi, D. Capusotto, A. Barbero, A.M. Giunta.

Se destaca muy bien Gerardo Romano, haciendo el personaje de un ejecutivo homosexual, enternecido por un muchacho pajuerano, en esta comedia inocente donde Matías Santoianni, realmente hecho un pajuerano, descubre las bajezas del maravilloso mundo de la televisión.

Peor le va a una rubia con ínfulas de actriz, desesperada por hacer carrera, que se conoce a todos los ejecutivos, lástima que con suerte adversa y equívocos resultados. Y peor todavía les va a los dos juntos, estafados, casi asesinados durante el rodaje de una porno, maltratados, mal ilusionados, viviendo en una pensión de artistas como ellos, donde lo más seguro es que nunca lleguen a triunfar en nada. Pero no importa, al final el muchacho se queda con la rubia, que es Claudia Albertario, nada menos, toda hecha una pinturita bien ceñida y cimbreante. Y en pantalla van a salir, aunque sea en un noticiero sobre gente tonta y enamorada.

Junto a ellos, se lucen Carlos Portaluppi, el olfa de «Ay Juancito», aquí como un gerente de los peores, y Juan Acosta, como un viejo actor del montón que en cierto momento rememora sus lejanos cinco minutos de fama, gracias a una publicidad («¡Qué pelotazo!») que hoy nadie más recuerda. Dicho sea de paso, tampoco se recuerda hoy a «Nativa», otra comedia sobre pequeños artistas soñadores, recluidos en una pensión de mala muerte hasta que descubren las maldades del poder mediático y político, de esto hace casi setenta años.

Agreguemos que era una cinta con Azucena Maizani, Santiago Arrieta, María Santos y Homero Cárpena, curiosamente más incisiva que la de ahora. Que es simpática, pero hecha sólo para pasar amablemente el rato y reírse también amablemente de las malas costumbres que uno puede encontrar en pasillos y camarines, pero nada más. Acaso porque su autor, el conocido director de avisos comerciales Martín Lobo, prefirió irse a menos. Qué lástima.

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