Trata del tenso, perverso y abrumador, recorrido vital de un asesino serial porteño, que tiene una fijación infantil con los aeropuertos, pero no es solo eso. Son los estudios, archivos, investigaciones, resultados y el testimonio personal de una destacada criminalista alemana admiradora de Robert Arlt, pero tampoco es solo eso.
Edgardo Scott sobre su última novela: "En la lógica de asesino serial hay un goce en la captura de la presa"
Su último libro, "Yo soy como el rey de un país lluvioso", narra la historia de un hombre que mata mujeres de manera aleatoria. Diálogo con el autor sobre el proceso de escritura y sus próximos proyectos.
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Edgardo Scott
Son acaso los detalles de siete mujeres asesinadas, pero es muy posible que sean algunas más. Es un policial, al estilo de la vieja escuela donde todo se resuelve, pero no únicamente. Es un desafío literario, un puzzle cuyas piezas (no exentas de algunas maliciosamente dispuestas en blanco) le son entregadas al lector para que termine de armar ese mundo siniestro y por momentos amable. Es la esperada nueva novela de Edgardo Scott “Yo soy como el rey de un país lluvioso” (Interzona”) que con el auspicio de ese verso de Baudelaire que termina “rico, pero impotente; joven, aunque achacoso”, abre a un universo implacable, sobrecogedor, dominado por el mal y vestido de atildado empleado bancario.
El psicoanalista, narrador, ensayista y traductor argentino Edgardo Scott, ha publicado entre otros libros, las novelas “Luto” y “El exceso”, y ha sido editado en España, Francia, Italia y Portugal. Desde hace años Scott vive en París con su esposa, la escritora Ariana Harwicz, y su hijo. Dialogamos con él.
Periodista: ¿Decidió que la novela no estuviera en el libro, sino que se construyera en la mente del lector?
Edgardo Scott: Me gustaría que todas las novelas que he escrito, esta es la tercera, todas se terminen de armar en la lectura, me juego a eso. Cuando se dice “no desestimar al lector” eso es a lo que se apuesta: a que las últimas piezas del rompecabezas las ponga el lector. Una novela no es solo una ficción, es esa ficción más la lectura que la completa y que termina de armar el mundo que la ficción postula, de otro modo se reduce a una mera anécdota.
P.: Hace saltos temporales durante doce años (entre 2003 y 2015) llevado por los retratos en acción, por los movimientos íntimos o dramáticos de los protagonistas…
E.S.: En “Yo soy como un rey…” hay un triple retrato. Un retrato del asesino, uno de las distintas víctimas, uno de la criminóloga, la detective. Si bien a mí me importan los tres, la diferencia está en el espacio y la intensidad de los movimientos que tiene cada uno. Y la ficción no deja de poner en juego ese triple retrato.
P.: Pero la columna vertebral es el asesino, y las víctimas llevan a diversas interpretaciones de su conducta. Por ejemplo: la primera mujer asesinada, le dice: pero, vos podrías ser mi hijo…
E.S.: Es un inicio un poco edípico, después va cambiando. Yo busqué que el asesino no tuviera patrones, que no siempre mate a una mujer de cierta edad, de determinada clase social o de un tipo de belleza, sino que sea mucho más aleatorio…
P.: Así aparecen, usando los apodos del asesino, la farmacéutica, la “bomba sexual”, la reina egipcia, la chica del solerito, la snob, la cuidacoches Kodama, la menonita, la actriz que enamora…
E.S.: A partir de ese conjunto se puede sospechar que quizá hubo algunos casos más. Por cómo se relata la concreción de los crímenes, por lo que se retacea o detalla, no se sabe bien quién los está narrando dado, que se cuentan con distancia, en tercera persona. Rubén Arribas, el presentador de la novela en España, sostuvo que quien narra los asesinatos es la doctora Claudia Brücken, la detective, y eso nunca está dicho en la novela.
P.: Pero se puede descubrir en su conferencia sobre “Crimen, fantasía y erotismo”, y sobre todo en “Misoginia o misandria”, su declaración ante la justicia …
E.S.: Parte de la pesquisa que hizo y su personal experiencia en el caso.
P.: Donde dice que eligió su profesión porque odia u odiaba a los hombres…
E.S.: Yo no soy escritor de género, pero cuando se va a trabajar con un cierto género, cómo en este caso, uno le quiere dar su impronta, su vuelta de tuerca. Yo busqué que hubiera complejidad de los elementos narrativos y que hubiera polifonía, por eso parece el diario del asesino, fragmentos de los poemas prohibidos de Baudelaire, narraciones asociativas con la historia como las versiones libres de los cuentos “La bella y la bestia” y “Barba Azul”.
P.: Junto a esa instancia lírica, se contrapone en el asesino la dependencia de la pornografía y la masturbación compulsiva…
E.S.: Hay ciertas representaciones que siempre se postulan de este tipo de homicidas. Es importante distinguir la representación de la realidad. Cuando se entra en los archivos reales todo es mucho más brutal, más ordinario, más rústico, que en la literatura o el cine, donde suele tener una representación muy sofisticada. Lo de Hannibal Lecter es lo que postula De Quincey “el asesinato como una de las bellas artes”. En cambio, en la realidad todo es mucho más bruto, más triste, más opaco…
P.: ¿En qué medida lo marcó la novela “American psycho” de Breat Easton Ellis porque tienen puntos en común y otros de discordancia? La de Ellis es la primera gran novela de un asesino serial, un exquisito yuppie de Wall Street, que solo usa lo mejor y más caro, que goza del sadismo sangriento y la música de los grupos punks…
E.S.: El mío es un bancario del barrio de Belgrano… Frente a esa exhibición sangrienta, elijo el erotismo, que tiene que ver con la sugestión, con lo no dicho, con lo no mostrado, con generar las condiciones, pero no liberarlas. Una cosa es sugerir el asesinato y la violencia del hecho mismo, otra cosa es mostrarlo, que para mi gusto lo vuelve un poco obsceno. (Ricardo) Zelarayan decía que la poesía es la mayor tensión del lenguaje en un tiempo determinado. Es clave para mí encontrar la tensión del lenguaje y el lenguaje que le corresponde. Tal vez por eso he escrito pocas novelas, me lleva su tiempo, y busco que tengan la identidad lo más clara y nítida posible.
P.: Es interesante la abstención que la novela hace de lo político, en un país como la Argentina donde cuando se piensa en el crimen en serie se piensa en la ESMA, los desaparecidos, Ricardo Barreda o Yiya Murano…
E.S.: Algunos de esos criminales famosos son recordados en la novela, como “El petiso orejudo” o “Gilles de Reis”. En cuanto a la lectura política de esta novela, muchas veces me lo pregunto. A mí me interesaba el aspecto de la impunidad. En una sociedad como la nuestra en las que hemos tenido y tenemos tantos asesinatos, convivimos con asesinos, y hay una violencia ligada a una inmensa pobreza que lleva al crimen, la impunidad es algo que pareciera ser aceptado. Ejerce el mal y sigue adelante. En la lógica de asesino serial hay un goce en la captura de la presa, después deshacerse de ella es un trámite, no le importa.
P.: ¿Ahora que está escribiendo?
E.S.: Un libro de ensayos sobre la lectura, sobre los distintos modos en que hoy se lee la literatura, Y en una novela, que vengo escribiendo hace como veinte años, sobre mi padre, y también sobre el alcoholismo. Además, este año Interzona reedita mi primer libro de cuentos “Los refugios”.
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