«Darse cuenta» (id., Arg., 1984). Dir.: A. Doria. Int.: L. Brandoni, D. Grandinetti. «100 veces no debo» (id., Arg., 1990). Dir.: A. Doria. Int.: L. Brandoni, N. Aleandro, A. Del Boca. «Las manos» (id., Arg., 2006). Dir.: A. Doria. Int.: J. Marrale, G. Borges. SBP.
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A pocas semanas de su estreno, la salida en DVD del último film de Alejandro Doria, «Las manos» coincide on las primeras ediciones n ese formato de dos de sus films más representativos: «Darse cuenta» y «Cien vees no debo».
El cine de Doria, un realizador de formación televisiva (medio para el que realizó trabajos antológicos, como la adaptación de «El abuelo» de Pérez Galdós con Narciso Ibáñez Menta) ocupó un lugar estratégico, y no siempre valorado en su justa dimensión, en la pantalla nacional desde mediados de los '70. En especial, películas suyas como «La isla» y «Los miedos», realizadas en pleno gobierno militar, encontraron un lenguaje elíptico que sorteó a la censura aunque llegó perfectamente a la comprensión de los espectadores.
Los años ochenta fueron su momento de esplendor ya que no sólo obtuvo un formidable éxito de taquilla con la chispeante «Esperando la carroza» (ya editada en DVD), sino que encontró, con «Darse cuenta», el tono más contenido, y sin desbordes sentimentales, dentro de esa corriente de películas que abusaba por ese entonces del «drama de sentimiento y afectos». «Darse cuenta», que también tuvo libro de Jacobo Langsner (como «Esperando...») es una ejemplar realización que relata la historia de un médico (Brandoni) que se obstina en salvar de una muerte segura a un paciente desahuciado (Grandinetti). Justamente, la actual «Las manos», biografía más o menos libre de la vida del padre sanador Mario Pantaleo, retoma muchas de los principiosde aquel film temprano.
«Cien veces no debo», en cambio, es un curioso ejercicio de estilo: con una puesta exasperada, donde todos gritan y sobreactúan, se cuenta la exitosa farsa teatral de Ricardo Talesnik en la que una familia modelo se encuentra, de buenas a primeras, con su hija embarazada. Puede verse, pero es más un experimento que una comedia realmente lograda.
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