9 de julio 2008 - 00:00

Eficaz experimento narrativo de Suez

Eficaz experimento narrativo de Suez
Perla Suez «La pasajera» (Bs. As., Grupo Editorial Norma, 2008, 133 págs.).

En una mansión del Delta, al regreso del entierro del dueño de casa, un Almirante, la sirvienta Tránsito, de 77 años, mata a la viuda, y oculta su crimen hasta escapar. Esta es la línea central de «La pasajera», apenas una breve noticia policial, a la que se puede agregar que esto ocurre poco después que la Argentina, en pleno conflicto con Chile por el Beagle, acepta la mediación Papal. A partir de allí Perla Suez construye con singular destreza un atrayente juego narrativo experimental. Cuenta de un puñado de personajes (el Almirante, la Señora, la Sirvienta, la Cocinera y el Chofer) que, a pesar de pecar de emblemáticos, logran alcanzar identidad propia.

Perla Suez se propone un cruce de géneros, mezclar novelística con teatro. Construye su obra en dos actos y un epílogo. En el primer acto deja hablar a Tránsito, la sirvienta, y ver cómo comete el asesinato de su patrona, mientras recuerda cómo «ayudó» a morir al Almirante, su muy enfermo patrón. En el segundo acto la protagonista pasa a ser Lucía, la cocinera, hermanastra de Tránsito, y en el breve cierre es Ortiz, el chofer quien toma la palabra.

Más que al teatro, el experimento narrativo remite al cine, a los guiones cinematógráficos, a los experimentos novelísticos del poeta Vicente Huidobro, y a las condensaciones cuentísticas de Raymond Carver. Suez mezcla la mirada de una narradora que sitúa y detalla las acciones, con las voces, reflexiones y recuerdos de Tránsito, la sirvienta, y de Lucía, la cocinera, y esos relatos se iluminan mutuamente. La sirvienta desnuda del principio al fin sus rencores, su desesperanza, su locura, la necesidad de 60 años después seguir cuidando de su hermana. Pero Lucía, sabe que Tránsito no es su hermana, apenas «una recogida», una niña de meses que había dejado una pasajera (esa que da titulo al libro y que deja su hija en « tránsito») que huía hacia la frontera y salvó la madre de Lucía al hallarla limpiando el baño de una estación de trenes. Es a partir de ese dato que se cumple esa reversión que reclamaba Aristóteles como elemento para mantener el interés y llevar hacia la revelación catártica del secreto oculto en toda tragedia. Pero no es una tragedia lo que ofrece Suez, sino una microtragedia, un drama oscuro, patético, cargado de absurdos. Una de las magias parciales de este relato se debe a un lenguaje escueto, mínimo, de palabras simples, pero de fuerte alusividad. Un acierto que es, a la vez, algo que deja a la vista los pequeños errores: una palabra que no corresponde a la protagonista, un final que vuelve a poner en suspenso el relato, que vuelve a abrirlo.

Perla Suez, licenciada en Letras Modernas, alumna de Roland Barthes, consagrada por su «Trilogía de Entre Ríos», escribió esta obra gracias a una beca Guggenheim.

Máximo Soto

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