7 de junio 2006 - 00:00

El cacerolazo de 2001 es tema de novela catástrofe

AlfredoAbarcasostiene quesi bien suslibrospuedenrelacionarsecon los deGrisham oKen Follet, élsiemprebusca quetengan algomuyargentino.
Alfredo Abarca sostiene que si bien sus libros pueden relacionarse con los de Grisham o Ken Follet, él siempre busca que tengan algo muy argentino.
Con «Duelo nacional», su sexta novela de suspenso, el prestigioso abogado y académico Alfredo Abarca, se ha instalado como el escritor argentino especializado en el thriller. Abarca - cuyas novelas «Secuestro virtual», «Expediente reservado» y «El código Nuremberg» interesaron a empresas cinematográficas- cuenta de la disparatada y atroz venganza que realiza una familia poniendo en jaque al país.

Periodista: ¿Cómo se le ocurrió la historia de una familia que buscando una venganza absurda atenta contra el sistema?

Alfredo Abarca: Cuando presenté «Duelo nacional» a la editorial, hace ya quince años, la rechazaron por delirante. ¿Cómo iba a haber magnicidios de esas características? ¿Como se iban a hacer atentados con bombas químicas caseras? Después ocurrieron los atentados del subte de Tokio, el a las Torres Gemelas, el de Atocha, el del subte de Londres, y muchos otros. Creo que, al imaginar esa historia, apareció en mí el recuerdo de una película en la que un científico, al saber que un soldado inglés (por casualidad, al caerse) mató a su mujer y su hijo, decide destruir el parlamento inglés el día que lo inaugura la Reina. Siempre me interesó contar hasta donde puede llegar una persona que es arrastrada por lo que en Derecho se llama un estado de emoción violenta. Volví a ésta novela cuando en el 2001 vi a señoras golpeando con una cacerola la puerta de un banco, y pensé que hubiera ocurrido si tenían un cañón. Supongo que todos esos hechos hicieron que ahora la editorial se interesara en publicar «Duelo nacional».

P.: ¿Cuál fue su punto de partida?

A.A.: Un viejito que se muere de infarto al saber que ha quebrado una financiera donde había depositado el dinero que había conseguido hipotecando su casa. Entonces los hijos pierden toda racionalidad, toda contención moral, deciden tomar un venganza delirante, preparar bombas químicas y comenzar un ciclo de atentados por la estafa que le hicieron a su padre. Uno de ellos, de sesenta y pico de años, es químico; el otro trabaja en una telefónica. Al complot se suman un sobrino, un amigo del sobrino y la hermana de éste último, una veinteañera, de la que se enamora el químico. Comienzan haciendo llamadas amenazantes al Presidente de la Nación, pero como no las toman en consideración comienzan los atentados, que al principio son contra animales, pero que en una espiral concéntrica van cercando al Presidente y a todas la población. Como todo grupo de esas características, en sus reclamos mezclan pedidos disparatados como «que cierren todo el sistema financiero» con otro de «y, además, entreguen diez millones de dólares» que tienen que ver con los intereses pecuniarios de ciertos miembros de la banda. En el Estado creen que se trata de un grupo terrorista internacional, no sospechan que sólo se trata de cuatro locos. Tras un atentado con muchas víctimas, el químico se da cuenta que la venganza es absurda. que el amor que creyó que le ofrecía la chica no existió nunca, y trata de detener todo, pero ya es tarde.

Paremos ahí, lo demás, está en la novela.

  • Hombres grises

    P.: ¿Qué lo estimuló a contar esta historia?

    A.A.: Que es distinta, que trata de hombres grises, que de tan grises que son se llegan a convertir en negros, en terroristas, algo que nunca estuvo en sus más lejanos pensamientos. Creo que hay un fondo moral, como en todo thriller, al mostrar las atrocidades a las que se puede llegar cuando se intenta hacer justicia por mano propia.

    P.: ¿Cuáles son sus referentes literarios?

    A.A.: Las historias de acción y suspenso, que si bien siempre deben ser entretenidas nunca son una mera lectura de evasión, tienen una larga tradición. Podemos iniciarlas en Homero o en Edgard Allan Poe. Hoy van de Wilbur Smith a John Grisham y, más allá de sus condimentos religiosos, lo son las de Dan Brown. Ken Follet considera al thriller como la literatura definitiva del siglo XX. Me parece un exceso. Yo, al escribir un thriller siento que le pongo algo muy argentino, que sin quererlo hay algo de Arlt o de Bioy, más allá que los locos de «Duelo nacional» habiten en le barrio de Caballito.

    P.: ¿Su historia llegarán finalmente al cine?

    A.A.: «Expediente reservado» se presentó a HBO, y otro empresa está trabajando en el guión y en la preproducción de «Secuestro virtual». Algún día saldrán.

    Entrevista de Máximo Soto
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