20 de octubre 2004 - 00:00
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El director Joshua Marston y su protagonista, Catalina Sandina Moreno, durante el rodaje de "María, llena eres de gracia ", el film que representará a Colombia en los Oscar.
Periodista: Usted eligió como título una frase del Ave María. ¿Tiene su película alguna base religiosa?
Joshua Marston: No, religiosa no. Sí ética, y poética. No quería un título obvio, y creo que el que elegí le da una resonancia exacta a la protagonista, que además de llevar el mal en su interior también está embarazada, algo que los traficantes ignoran. Por eso el título es tan significativo. La historia de una niña casi, de apenas 17 años, que busca su lugar en el mundo cuando se le termina su mundo. Hay, desde luego, una gracia interior que lucha contra ese infierno en el que vive.
P.: ¿Pudo filmarla en Colombia?
J.M.: No, rodamos en Ecuador, en escenarios bastante similares. Por razones de seguridad nos desaconsejaron filmar allí, si bien hicimos investigaciones previas, y de varias semanas, en Colombia. Pero todos los actores son colombianos, y se trasladaron hasta Ecuador para filmar allí.
P.: La protagonista, Catalina Sandina Moreno, ¿también era una inexperta?
J.M.: Sí, como todos. Surgió de un casting de 400 jóvenes, y cuando la ví aparecer, con esa fragilidad, esa inseguridad, la misma que tiene en la escena en que la revisan los policías aduaneros en Nueva York, supe que ella era María. Y otro de los que aparece en la película, Orlando Tobón, es un hombre que se interpreta a sí mismo. Se trata de una especie de padrino de los inmigrantes colombianos en Queens, al que llaman el «alcalde de Little Colombia». Apenas supo de nuestro proyecto se ofreció para colaborar activamente, y además de actuar terminó siendo también productor asociado de la película por todo el asesoramiento que nos dio. Yo hasta reescribí una parte del guión gracias a sus relatos. ¿Sabe cuál es la tarea que más hace Tobón? Repatriar los cadáveres de las «mulas» que mueren al llegar a los Estados Unidos. El año pasado tuvo que ocuparse de 400 cuerpos, muchos de ellos sin familiares que los reclamaran.
P.: ¿Cómo llegó a interesarse en este tema?
J.M.: Desde mis tiempos de estudiante de cine en Chicago, siempre me atrajo el tema de la guerra de la droga, pero quería algo más de lo que se veía habitualmente. Escribí un guión previo pero que no me convencía. Sentí que tenía que empezar desde abajo, mostrar a los esclavos de este ejército; una óptica no desde arriba hacia abajo, como es habitual, sino a la inversa. Partir de la vida de esas pobres víctimas para humanizarlas, mostrar cómo viven, las presiones que tienen y por qué terminan en esto. También quise mostrar aspectos casi documentales de este negocio aunque en el contexto de una ficción. Pero todo lo que se ve es real, ocurre así a diario. La forma en que las mandan, cómo las contratan, la estrategia de enviar a cuatromulas juntas en un mismo vuelo, fingiendo que no se conocen entre ellas, porque si cae una la atención de la policía se concentra en ella y descuida a las otras.
J.M.: Mucho, casi cinco años. No fue una tarea sencilla para mí introducirme en una sociedad ajena, y en este submundo. Y quería ser muy fiel a la realidad. Los actores ayudaron mucho, también, y en gran parte reescribí mucho de lo que era el libro original gracias a su ayuda, y a la de Tobón que le mencioné antes. Hubiera sido muy presumido de mi parte someter a todos a mi idea original, ya que ellos conocen obviamente mucho más ese mundo.Y, asimismo, lo que nos demoró también, como le comentaba antes, fue conseguir la financiación para el proyecto cuando todos en Estados Unidos querían rodarla en inglés.



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