Hay una «asimetría de la indulgencia» respecto al comunismo y el nazismo, indica el escritor británico Martín Amis en su libro «Koba el Temible. La risa y los Veinte Millones», cuya versión española acaba de llegar a la Argentina. Amis recuerda una charla en la que el sovietólogo Robert Conquest le contó de un político, ahora conservador, que cuando se había referido a las incontables noches con sus «antiguos camaradas del Partido» el público respondió con una carcajada afectuosa. No hubiera sido lo mismo, afirma Amis, si se hubiera referido a sus incontables noches con sus «antiguos camisas negras del Fuhrer». Y pregunta: «¿Es esa actitud la diferencia entre el bigote pequeño (Hitler) y el bigote grande (Stalin), entre Satanás y Belcebú? ¿Por qué uno suscita espontáneamente la furia y el otro la risa? ¿Y de qué clase de risa hablamos? Naturalmente, de la risa de la afición universal a la antiquísima idea de la sociedad perfecta. Es además la risa del olvido. Olvida la energía demoníaca incrustada inconscientemente en esa esperanza. Olvida a los Veinte Millones (de muertos por el comunismo en la URSS). Todo el mundo ha oído hablar de Auschwitz y Belsen; nadie sabe nada de Vorkutá ni de Solovetski (los campos de concentración soviéticos). Todo el mundo ha oído hablar de Himmler y Eichmann. Nadie sabe nada de Yeyov ni de Dzeryinski (los ejecutores de la represión estalinista). Todo el mundo ha oído hablar de los 6 millones del Holocausto. Nadie sabe nada de los 6 millones del Terror del Hambre (implementado por Stalin)».
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El de Martin Amis no es sólo un libro demoledor de Stalin, Lenin, Trotski y sobre la tolerancia de los intelectuales occidentales ante el comunismo, el segundo tomo de sus memorias (el primero fue, hace cuatro años, «Experiencia») es una obra inclasificable dentro del canón tradicional, una de esas que atraen ahora a la Academia Sueca que otorga el Nobel. Amis procede en forma arborecente y por acumulación, creciendo en contundencia.
Su amistad con Robert Conquest, el autor de «El gran terror», obra que en 1968 difundió «los veinte millones de muertos por el experimento soviético», lo impulsa a la meditación histórica. El ajuste de cuentas con su padre, el novelista Kingsley Amis, que fue comunista antes de pasar a estar al lado de Margaret Thatcher, lo lleva a recordar las alabanzas a Stalin y el silencio frente a sus monstruosidades, y replantear la responsabilidad de los intelectuales. El juramento que se hace a los cuatro años de proteger a su hermana Sally se convierte, luego de la muerte de ella, en la voluntad de proteger a la democracia y su humanismo. No deja de lado, obviamente, los apuntes literarios, ya se trate de los escritores rusos destruidos por el comunismo (Babel, Meyerhold, Pasternak, Gorki, etcétera), como el sorprendente y sagaz comentario al pasar: «la novela 'Lolita', de Nabokov, es el análisis de una tiranía». Es, además, la nueva forma aguda, satírica, («se llamó dictadura del proletariado al copamiento del Estado por un grupo de patoteros desclasados») de polemizar que ha encontrado el perpetuo enfant terrible de la letras inglesas. Para unos críticos es una «meta-autobiografía donde lo vivencial se mezcla con lo político de forma posmoderna», para otros, «una obra maestra del periodismo», y no faltan por izquierda quienes declaman «una nueva provocación de quien se ha vuelto tan reaccionario como su padre».
• Alegar ignorancia
«Koba» (nom de guerre de Stalin, que tomó de un personaje de una cuento para chicos, era como llamaban al futuro dictador sus compañeros de estudios en los tiempos en que era seminarista en la Iglesia Ortodoxa Rusa) no pretende ser una investigación histórica, es una acopio de anécdotas, chistes y ejemplos que demuestran la inhumanidad del régimen comunista, y las semejanzas entre nazismo y comunismo. Amis, que llama fascistas a los seguidores de ambas ideologías, desenmascara a los intelectuales que durante los tiempos de Stalin, sabiendo de lo que en la URSS se cometía con sus colegas, se callaban porque «se enviaba a los gulags, se torturaba y se mataba para tener una sociedad más justa». «Nadie puede estar 'en contra' de la Ciudad Justa. Es una de las razones por las que las personas se creen con derecho a matar a otras personas que se cruzan en su camino», ironiza Amis, y absolviendo a su padre, agrega «cuando te uniste a los agnósticos, a los gradualistas (y encontraste otra ideología: el anticomunismo), te alineaste con quienes tienen más fe en la naturaleza humana que los creyentes. Mas fe en y más afecto por.» «Koba el Temible» está dividido en tres partes: «El hundimiento del valor de la vida humana», «Cursillo sobre Iósif El Terrible» y «Cuando los muertos despertemos», para demostrar que «no se puede alegar ignorancia frente al comunismo, había pruebas irrefutables de la brutalidad del régimen ya en los años '30. No creo que la incapacidad de denunciar los crímenes haya sido exclusiva de los intelectuales: fue de todo el mundo. Constituyó una enorme debilidad depositar todas las esperanzas de cambio social en el experimento hecho en Rusia».
Remitiendo a Shakespeare, para explicar el subtítulo «La risa y los Veinte Millones (de muertos)» Amis se pregunta «Rusia 1917-1953: ¿a que género pertenece? No es una tragedia, como «Reay Lear», no es una anticomedia, como «Troilo y Cresida», ni una comedia problema como « Medida por medida». Es una farsanegra, como «Tito Andrónico».Y la farsa negra es muy rusa , desde «Las almas muertas» hasta «Risa en la oscuridad»... Parece que no se puede expulsar al humor del espacio que hay entre las palabras y los hechos. En la URSS, el enemigo del pueblo era el régimen. La dictadura del proletariado era mentira; Unión era mentira, de Repúblicas era mentira, Socialistas era mentira y Soviéticas era mentira. Camarada era mentira. La Revolución era mentira».
Este libro viene a sumarse a los que desde 1946, con «Yo elegí la libertad» de Kravchenko, han venido denunciando «el trágico experimento soviético», entre ellos « Archipielago Gulag» de Solzhenitsin, «Relatos de Kolymá» de Shalamov, «El gran terror» de Conquest, «El pasado de una ilusión» de Furet, «La gran mascarada» de Revel, entre muchos otros. Manuel Soler Herrera