20 de agosto 2002 - 00:00

El fervor borgiano llega a una muestra

Cuevas, de Xul Solar
"Cuevas", de Xul Solar
En el Museo Nacional de Bellas Artes, mañana a las 19.30 se presentará «Borges y el arte», una muestra auspiciada por Aníbal Jozami, Rector de la Universidad Tres de Febrero. «No hemos tratado aquí de reunir las numerosas representaciones e ilustraciones que se han hecho sobre la obra de Borges, en libros y en distintas exposiciones. La influencia y la relación con el mundo de artistas que fueron sus contemporáneos y de los que él se ocupó fue el punto de partida. Específicamente Borges reflexionó sobre la obra de Xul Solar, de Pedro Figari, de Emilio Pettorutti y de su hermana Norah», señaló Patricio Lóizaga, uno de los curadores invitados de la muestra junto con Ana Martínez Quijano.

Borges
y Xul fueron dos anticipadores geniales. Son cinco las escrituras pictóricas concebidas por Xul Solar (1887-1963): la de arabescos, la animalística-botánica, la de contenidos antropomórficos, la emblemática (letras, símbolos), y la geométrica, que de algún modo aparece en las demás. Por medio de ellas, el artista elaboró, a la manera de un músico, variaciones inventivas de su pensamiento y sus sentimientos, hasta alcanzar la formación, única en su especie, de una pintura del habla/habla de la pintura, que deslumbra por su riqueza sensible y por su cautivante experiencia intelectual.

Xul Solar, sostuvo Borges, «comprendía, o, mejor aun, sentía que aquello que llamamos realidad es lo que subsiste de antiguas imaginaciones». «Decir que fracasó es absurdo. Somos nosotros quienes hemos fracasado. No supimos ser dignos de él -señalaba Borges, al presentar la muestra de su amigo, en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1968. Cuando hablamos de un hombre de otra época, y Xul era de otra época, decimos que, en virtud del tiempo en que vivió, ese hombre dio pruebas de audacia. En el caso de Xul, ocurre lo contrario: seguimos viviendo, nuestros hijos y nietos seguirán viviendo, pero no sé si lograrán aproximarse a Xul, ese hombre extraordinario».

Si bien fueron sus pinturas el origen y sostén de la fama de Xul Solar, uno de los más grandes artistas contemporáneos (y no sólo de la Argentina, por cierto), hablar de ellas es referirse tan sólo a una parte de la vasta personalidad de ese creador, a quien su amigo Borges-siempre de encomio difícil-llamó uno de los pocos hombres dignos de ser ciudadano del universo y de sentirse tal» dueño de una tan heterogénea, imprevisible incesante imaginación», como, según él, no había visto en su vida.

•Pettoruti

Emilio Pettoruti (1892-1971) fue otro de los heraldos del modernismo, que en la Argentina -como en el resto de América-, se impuso en la década del 20. Ambos artistas de retorno del entonces obligatorio viaje a Europa, expusieron en Buenos Aires, en la primavera de 1924, con distinta repercusión: indiferente en el caso del primero y escandalosa en el del segundo. Esa exposición desencadenó un proceso de cambios y rupturas en la plástica argentina.

Pettoruti
había obtenido, en 1913, una beca del gobierno de Buenos Aires que le permitió viajar a Italia, donde practicó las técnicas del vitral y del mosaico y la pintura al fresco. Luego, en una etapa de transición hacia la figuración cubista, recurrió, al collage. En 1916 expuso en Florencia, Italia, donde conoció a Xul Solar. Otra vez en Buenos Aires, muestra su obra en la galería Witcomb, ante la indignación de un público acostumbrado al arte académico. Había invitado, según era costumbre entonces, al Presidente Alvear, amante del arte y mecenas de los artistas.

«A las once en punto, don Marcelo T. de Alvear llegaba a la galería -dice Pettoruti en «Un pintor ante el espejo»-. Pocos amigos martinfierristas - por la revista Martín Fierro (1924-27), difusora de las vanguardias de Europa y la Argentina -, conocían la visita presidencial y me acompañaban. Alvear me deseó buena fortuna más la chance de salir indemne de la prueba que me aguardaba». Borges que compartió con él «aquella hora de verdadera o imaginaria batalla con los burgueses», escribió en el prólogo a la muestra Pettoruti: Homenaje nacional a los 50 años de labor artística, presentada en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1962. «Al principio logró (y acaso se propuso) el escándalo; ahora, que los años la han despojado de incómoda novedad, la vemos tal como es, armoniosa y alta, noble y rigurosa y armada de pudor y emoción».

Otro de los elegidos para esta muestra es Pedro Figari, un caso singular en el arte de la América Latina. Nacido en Montevideo, el 29 de junio de 1861, hizo su primera exposición a los sesenta años, al cabo de una intensa carrera como jurista, legislador, escritor y educador. Abandonó todas sus actividades para entregarse de lleno a la pintura, dominio en el que creó, en poco más de década y media, una obra única y original. Figari rescató las tradiciones rioplatenses, a través de los arquetipos del gaucho y el negro, para revivir el pasado de la América Latina, entonces sepultado en el olvido y la ignorancia.

•Regionalismo

« Patio», una de las obras expuestas, es un ejemplo del Regionalismo que propone en 1912. El patio de la casa de estancia y el patio del conventillo, más los salones burgueses y el campo abierto, son los espacios centrales de la extensa inconografía del gran artista. Y, casi siempre, el baile es el eje que vincula estos ámbitos, otorgándoles vitalidad. De esta manera, la danza deviene en lazo histórico, humano y costumbrista, en la obra del maestro rioplatense.

El baile de la alta sociedad colonial y postcolonial; el de los gauchos y las chinas, dentro y fuera del casco de la hacienda; y el de los negros en sus vecindades, constituye, para
Figari, una expansión, una fiesta, que exige color y poesía, movimiento y sensibilidad, para traducir el deleite y la gracia. En cuanto a los patios, se advierte un contraste neto; el de los conventillos donde los afrouruguayos se exaltan en el candombe, muestra el dinamismo de las figuras de la danza y los danzarines con una representación insinuante acentuada por la diversidad cromática. Los cielos insondables que son uno de los aciertos máximos de Figari, se unen a la maestría de su composición, que trata al baile como una ceremonia reservada y hasta solemne.

Esto es lo que comprende
Borges. El frenesí del candombe se opone entonces al ritmo acompasado -casi de himno-del pericón, cuyos giros y saludos asumen una suerte de hierática elegancia, según se advierte en la obra. En este Patio, Figari vuelve a evocar la vida rural uruguaya y bonaerense, a través del espacio abierto que organizaba la casa y la existencia de los hombres de campo. Se trata de un escenario casi ideal: las paredes blancas, los aleros rojizos, las puertas y ventanas verdes, el infaltable aljibe, un árbol, el piso de tierra, las palomas en el techado, la luna -como esa «vocesita desde el cielo» de que hablaba Borges-; y en tal escenario, las ocho parejas entregadas al pericón, que entonan los dos guitarristas y que observan de pie, el dueño de la estancia y su mujer.

La muestra en el Museo incluirá, además, obras de
Norah Borges, Joseph Kosuth, Liliana Porter y Guillermo Kuitca; fotografías de Borges, realizadas por Dianne Arbus, Richard Avedon, Eduardo Comesaña, Sara Facio, Gisele Freund, Annemarie Heinrich, Julie Méndez Ezcurra y Humberto Rivas. Se expondrán, además, manuscritos, libros, catálogos (en tapa dura y blanda), revistas literarias y documentos.

Dejá tu comentario

Te puede interesar