20 de agosto 2002 - 00:00
El fervor borgiano llega a una muestra
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"Cuevas", de Xul Solar
Borges y Xul fueron dos anticipadores geniales. Son cinco las escrituras pictóricas concebidas por Xul Solar (1887-1963): la de arabescos, la animalística-botánica, la de contenidos antropomórficos, la emblemática (letras, símbolos), y la geométrica, que de algún modo aparece en las demás. Por medio de ellas, el artista elaboró, a la manera de un músico, variaciones inventivas de su pensamiento y sus sentimientos, hasta alcanzar la formación, única en su especie, de una pintura del habla/habla de la pintura, que deslumbra por su riqueza sensible y por su cautivante experiencia intelectual.
•Pettoruti
Pettoruti había obtenido, en 1913, una beca del gobierno de Buenos Aires que le permitió viajar a Italia, donde practicó las técnicas del vitral y del mosaico y la pintura al fresco. Luego, en una etapa de transición hacia la figuración cubista, recurrió, al collage. En 1916 expuso en Florencia, Italia, donde conoció a Xul Solar. Otra vez en Buenos Aires, muestra su obra en la galería Witcomb, ante la indignación de un público acostumbrado al arte académico. Había invitado, según era costumbre entonces, al Presidente Alvear, amante del arte y mecenas de los artistas.
•Regionalismo
« Patio», una de las obras expuestas, es un ejemplo del Regionalismo que propone en 1912. El patio de la casa de estancia y el patio del conventillo, más los salones burgueses y el campo abierto, son los espacios centrales de la extensa inconografía del gran artista. Y, casi siempre, el baile es el eje que vincula estos ámbitos, otorgándoles vitalidad. De esta manera, la danza deviene en lazo histórico, humano y costumbrista, en la obra del maestro rioplatense.
El baile de la alta sociedad colonial y postcolonial; el de los gauchos y las chinas, dentro y fuera del casco de la hacienda; y el de los negros en sus vecindades, constituye, para Figari, una expansión, una fiesta, que exige color y poesía, movimiento y sensibilidad, para traducir el deleite y la gracia. En cuanto a los patios, se advierte un contraste neto; el de los conventillos donde los afrouruguayos se exaltan en el candombe, muestra el dinamismo de las figuras de la danza y los danzarines con una representación insinuante acentuada por la diversidad cromática. Los cielos insondables que son uno de los aciertos máximos de Figari, se unen a la maestría de su composición, que trata al baile como una ceremonia reservada y hasta solemne.
Esto es lo que comprende Borges. El frenesí del candombe se opone entonces al ritmo acompasado -casi de himno-del pericón, cuyos giros y saludos asumen una suerte de hierática elegancia, según se advierte en la obra. En este Patio, Figari vuelve a evocar la vida rural uruguaya y bonaerense, a través del espacio abierto que organizaba la casa y la existencia de los hombres de campo. Se trata de un escenario casi ideal: las paredes blancas, los aleros rojizos, las puertas y ventanas verdes, el infaltable aljibe, un árbol, el piso de tierra, las palomas en el techado, la luna -como esa «vocesita desde el cielo» de que hablaba Borges-; y en tal escenario, las ocho parejas entregadas al pericón, que entonan los dos guitarristas y que observan de pie, el dueño de la estancia y su mujer.
La muestra en el Museo incluirá, además, obras de Norah Borges, Joseph Kosuth, Liliana Porter y Guillermo Kuitca; fotografías de Borges, realizadas por Dianne Arbus, Richard Avedon, Eduardo Comesaña, Sara Facio, Gisele Freund, Annemarie Heinrich, Julie Méndez Ezcurra y Humberto Rivas. Se expondrán, además, manuscritos, libros, catálogos (en tapa dura y blanda), revistas literarias y documentos.




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