13 de julio 2004 - 00:00

El lado oscuro de Andersen

Mayra Bonard y Ana Frenkel, directoras de un Andersen no apto para menores. El año próximo presentarán la obra en la Fundación Hans Christian Andersen de Dinamarca, para el centenario del nacimiento del autor.
Mayra Bonard y Ana Frenkel, directoras de un Andersen no apto para menores. El año próximo presentarán la obra en la Fundación Hans Christian Andersen de Dinamarca, para el centenario del nacimiento del autor.
A ningún padre se le escapa, en su papel de narrador, el carácter siniestro de muchos cuentos infantiles. Sobre todo, los de Hans Christian Andersen: tanto es así que, en muchos casos, se hizo necesario suavizar o edulcorar muchos de los relatos más clásicos para chicos. Ahora, el prestigioso grupo teatral El Descueve, se hará cargo sin eufemismos del lado oscuro de Andersen, o mejor dicho, del Andersen real. Es decir, que estrenarán un Andersen para adultos.

Será el domingo 25, en el Teatro Sarmiento del gobierno de la ciudad, donde El Descueve, luego de su destacada participación en «Período Villa Villa» del grupo De la Guarda (con quienes trabajaron durante cinco años), presentará su «Patito feo», dirigido en esta ocasión por Mayra Bonard y Ana Frenkel, dos de sus intérpretes. La compañía está integrada también por Gabriela Barberio, Carlos Casella y María Ucedo, con Daniel Cuparo y Juan Minujín como actores invitados, ya presentes en «Hermosura», su obra anterior. Dialogamos con sus dos directoras.

Periodista:
¿Se inspiraron directamente en el cuento de Andersen?

Mayra Bonard: Estábamos trabajando en este espectáculo cuando recibimos la invitación de la Fundación Hans Christian Andersen de Dinamarca para presentar un espectáculo en 2005, cuando se cumplan cien años de su nacimiento. A partir de allí, empezamos a hurgar en la fantasía de Andersen y a ver qué aparecía en sus cuentos para chicos, que son bastante tenebrosos. Pero, obviamente, no pretendemos contar la historia de «El patito feo».


P.:
¿Qué ideas los guiaron?

M.B.: El cuento de Andersen tiene algo de existencial en esa búsqueda de sí mismo y de la propia identidad que encara el personaje, y en ese sentirse fuera de toda aceptación hasta descubrir por fin quién es realmente.


P.:
Ustedes trabajaron siempre el tema de lo monstruoso y lo irracional ¿También aquí?

M.B.: Sí, eso también está presente en esta obra. Pero, además, el cuento del patito feo habla de la apariencia de las cosas, de aquello que está presente y uno no ve y cuyo sentido oculto alguna vez detona. «Patito feo» es una obra mucho más fuerte psicológicamente que «Hermosura», donde se trabajaba el amor y el erotismo con humor y clima de show. En «Patito feo» todo es más subterráneo, hay escenas muy fuertes, lo erótico tiene un toque más perverso, aparecen desnudos medio raros y cosas que a nosotros nos impresionan, que nos causan rechazo y a la vez mucha atracción.


P.:
¿Cómo lograron que el grupo mantenga después de catorce años la formación original?

M.B.: Trabajamos mucho para mantenernos unidos, porque en realidad hubo varias crisis y muchos embarazos. Todas nosotras fuimos madres, así que hubo mucho movimiento dentro del grupo. Además estuvimos casi cinco años trabajando con De la Guarda y ésa fue una experiencia que nos marcó.


P.:
Además, fue la primera vez que De la Guarda incorporaba mujeres en su elenco.

M.B.: En realidad nos convocaron como grupo porque les interesaba nuestro aporte creativo. Nosotros ya teníamos tres obras y además había una cosa de amigos, porque todos formamos parte de la movida teatral que se gestó a fines de los ochenta y principios de los noventa. En «Villa Villa» participó todo El Descueve. Cuando De la Guarda llevó el espectáculo a Londres lo vieron unos productores americanos y ahí se decidió que se iban a hacer varios elencos. Así que nosotros fuimos con ellos a Nueva York por cuatro meses a hacer funciones y a formar nueva gente. Y cuando nos fuimos, dejamos funcionando una nueva compañía. Hubo otro viaje posterior a Londres muy importantepara formar otro elenco,y al que yo no fui porque acababa de ser madre. Ese fue nuestro último viaje con De la Guarda.


P.: Siendo un grupo mayoritariamente femenino sorprende su arrojo físico.

Ana Frenkel: En el grupo siempre se trabaja con lo femenino y lo masculino que tiene cada uno, de hecho nosotras somos mujeres fuertes, con carácter y mucha masculinidad y Carlos Casella también trabaja con su costado femenino. Pero en esta obra aparecen por primera vez dos bandos: el las mujeres y el de los hombres. En «Patito feo», al igual que en espectáculos anteriores, conviven dos mundos: el de la conciencia, lo racional y la realidad tangible y el de lo abismal, lo subjetivo y lo irracional.


P.:
¿Son conscientes de haber llevado el trabajo físico a límites que rozan la violencia?

M.B.: Sí, al comienzo buscábamos traspasar algunos límites y someter el cuerpo hasta transformarlo en pura energía, sin que se distingan brazos, pierna, cabeza. Me acuerdo que en «Criatura», nuestro primer espectáculo, hacíamos una especie de «pogo».


A.F.: Pero eramos más adolescentes. Después fuimos pasando de esa violencia y límite físico a algo más psicológico. Igual tratamos de sostener la teatralidad y la exposición de nuestros cuerpos en un punto que nos demande esfuerzo y riesgo. Para nosotros buscar los extremos significa ir hacia lugares que pueden ser suaves, oníricos, violentos, emotivos o sexuales.


P.:
¿Aún ocupando el papel de directoras siguen bailando?

M.B.: Ese es un tema que está en cuestión, ya no tenemos la misma energía de antes y ver la obra de afuera también nos impresiona.


A.F.: Ahora que estamos más grandes aparecieron otras cosas: otra energía, otra estética, otra manera de ver las distintas temáticas. Fue algo muy bueno para nosotros.


Entrevista de Patricia Espinosa

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