"El método"

Espectáculos

«El método» (Argentina-España, 2005, habl. en español). Dir.: M. Piñeyro. Guión: M. Gil & M. Piñeyro, sobre pieza de J. Galcerán. Int.: E. Noriega, N. Nimri, P. Echarri, E. Fernández, A. Ozores, E. Alterio, C. Gómez, N. Verbeke.

Como es sabido, quienes tienen el hábito de ir al cine (o, digamos, de ver películas) casi nunca van al teatro. Es probable que ignoren, por tanto, la pieza original de Jordi Galcerán en que se basa este film. Pero quienes tienen el hábito de ir al teatro también van al cine. Para ellos, que seguramente disfrutaron la puesta de Daniel Veronese y compañía, va esta respuesta a la pregunta que se estarán haciendo: casi nada que ver.

«El método»
(el film) es una comedia dramática con ocho personajes en escena, distinta resolución, distintos juegos, un contexto que se las ingenia para hacerse presente en varias ocasiones, distinta resolución, y muy poco espacio para la risa. Mantiene, eso sí, las líneas y conceptos generales, la mirada sobre las relaciones del hombre con el mundo y sus semejantes a través de unos pocos personajes encerrados en un solo lugar a lo largo de un determinado tiempo jugando un juego cruel, y (lo que todos agradecen) mantiene un hábil sentido del espectáculo.

Eso se advierte especialmente en el manejo de una doble intriga que engancha hasta el final: cuál de los personajes se quedará con un codiciado puesto de trabajo, y cuál de ellos mismos es el cretino que mueve los hilos para azuzar a los candidatos. Para colmo, cretinos, ahí hay por lo menos siete, todos muy presentables.

De esta película disfrutarán tanto el progre que va a ver qué crueles son los métodos de las grandes empresas para seleccionar su personal de alienados bien pagos, como los «incorporados al sistema», que van a pujar por alguno de sus candidatos sin cuestionar demasiado lo que aquí se cuestiona (obediencia ciega a unas normas estúpidas, pautas claramente ajenas a las reales necesidades del puesto, etc., cargos que, por otra parte, también podrían hacerse a los concursos docentes de nuestro país).

Disfrutarán también quienes amen las buenas actuaciones, porque los del elenco se sacan chispas y cada uno sabe mantener su rostro en primer plano sin problemas, y quienes adviertan cómo está hecha la película: rodaje en orden cronológico, con tres cámaras digitales captando todo (y sin ninguna que tiemble), un montaje dinámico (lo contrario a histérico, que es el error de muchos), mano maestra del director
Marcelo Piñeyro.

Unico lamparón: una escena en un baño, innecesaria, inverosímil, y desagradable. Lo mismo que se quiso decir ahí, pudo representarse de otro modo, incluso más creíble. Pero el resto es bueno, y ofrece mucho para pensar, sobre todo con el rico plano final, que permite distintas interpretaciones, todas válidas (y todas amargas). Vale la pena.

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