«Elprecio de un brazo derecho». Dir.: V. Tellas. Int.: M. Merlino, S. Pampín, C.Quinteros. Esc.: D. Bruzzone. Dis. de ilum.: G. Córdova. (Teatro Babilonia.)
Elescenario reproduce fielmente una obra en construcción. Hay vigas, montículosde arena y un albañil «de verdad» preparando su mezcla a la vista del público.La aparición de los tres actores, vestidos de etiqueta, establece un curiosocontraste entre realidad y ficción que se mantendrá a lo largo de todo elespectáculo.
Hayalgo conmovedor en esa lista de tareas, empleos y «changas» que MaríaMerlino, Susana Pampín y Claudio Quinteros enuncian al comienzo dela obra, en sobresalientes actuaciones.
Encada uno de sus monólogos (todos ellos armados sobre datos verídicos) apareceel testimonio del niño ayudando a algún mayor en su tarea, la inestabilidad deljoven que no logra conciliar trabajo y vocación, hasta llegar al adulto incapazde elegir su destino frente a una estructura económica que no brinda muchasopciones.
«Elprecio de un brazo derecho» es el resultado de una investigación sobre el mundo del trabajo, unconcepto que, muy acertadamente, la directora Vivi Tellas decidióabordar con una mirada de extrañamiento y apelando a una curiosidad casiingenua. La audacia de tomar posición en un lugar de «no saber» le permitióabrir interrogantes que la costumbre, la obviedad y el sentido común tienden adejar cerrados. Estas preguntas tienen relación con el dinero y también con elvalor que se les asigna al cuerpo y al tiempo del trabajador.
Duranteun año -y en colaboración con sus actores-, Vivi Tellas buceó en todasaquellas expresiones que pudieran dar cuenta del fenómeno laboral. Relevó lasmás diversas actividades en instituciones, mercados, ministerios, negocios yoficinas, y a todo esto le sumó el sorprendente cuerpo teórico que se desprendede nuestra legislación laboral. El enunciado de esas leyes sirvió paracorporizar el texto dramático y de paso introdujo en escena algunos datos defuerte impacto para el espectador (el precio de un brazo derecho es uno deellos).
Laobra no desarrolla contenidos ni se propone profundizar en las situacionesplanteadas. Dispara información sin ser documentalista (y mucho menosdidáctica), pero logra que su material inquiete, perturbe y gane contundenciadramática por efecto acumulativo. La frescura y aparente liviandad de esteespectáculo, con su pequeña burla al teatro político de Brecht (es muygraciosa la escena de los tres monigotes representando el concepto deplusvalía), deja que el espectador se divierta o se angustie, pero sacandosiempre sus propias conclusiones sobre un tema en el que aún no está tododicho.



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