21 de julio 2003 - 00:00
"El patriotismo es sano, el nacionalismo algo negativo"
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Periodista: Acaba de dirigir Mahler y Wagner en Madrid. En su libro «Mi vida en la música» asegura que estos dos compositores, junto con Mozart y Bruckner, son muy especiales para usted por su aportación sinfónica.
Daniel Barenboim: Y otros, Schumann, que también he dirigido ahora en Madrid... Estos que usted cita son, en todo caso, especiales, porque me ocupan desde que era muy joven, Mozart incluso desde mi niñez. Hay compositores que sólo se tocan una vez y ya es suficiente.
P.: ¿Cuáles son las razones por las que lucha por rehabilitar a Wagner ante el público israelí?
D.B.: Siempre se supo que Wagner fue un antisemita horripilante, pero ésa no es la razón por la que no se toca en Israel. Wagner se tocó cuando la Orquesta Filarmónica de Israel fue creada en 1936, dirigiendo Toscanini. La razón, pues, no es el antisemitismo de Wagner, sino que en Israel mucha gente asocia a Wagner con el nazismo. Los nazis usaron y abusaron de Wagner, y por eso si no tocamos Wagner ahora es como si les estuviéramos dando la razón. Esto empezó el 9 de noviembre de 1938, cuando los nazis quemaron libros judíos y sinagogas. Fue a causa de eso por lo que los músicos de la orquesta de Israel decidieron que no querían tocar Wagner, una decisión comprensible en aquel momento, pero no puede ser válida hoy.
P.: Usted se siente de Israel, pero también defiende una identidad plural, en sintonía con la teoría de las identidades concéntricas que defiende Vaclav Havel. ¿Ése es el camino de la distensión cuando se dirimen conflictos nacionales o territoriales?
D.B.: Creo que una de las lecciones que debemos haber aprendido de los conflictos del siglo XX es que existe la posibilidad de más de una identidad, y buscar la diferencia entre patriotismo y nacionalismo. El patriotismo es el amor a la patria, un sentimiento muy sano y muy bello; el nacionalismo es algo que presupone que uno es mejor que otro de otro país: contra eso hay que luchar.
D.B.: Hay mucho talento musical en los países árabes, y en cambio es un tema sobre el cual se sabe muy poco. ¿Quién habla de la vida musical en Damasco o en El Cairo? Y es una experiencia muy bella hacerla en Andalucía porque se incorporan músicos de allí, y los andaluces no consideran extranjeros a árabes e israelíes, sino como parte de su propia historia, y lo mismo sucede con los jóvenes árabes e israelíes respecto de Andalucía. Así que hay un sentimiento muy orgánico y muy familiar.
P.: En su libro utiliza la músicacomo sujeto de metáforas políticas. ¿La música puede ser una actor sociopolítico? ¿Una metodología de pacificación?
D.B.: La música tiene dos caras. Una cara es la posibilidad de olvidarse del mundo cotidiano: la persona que vuelve a casa después de su trabajo, se sienta en un sillón, se toma un whisky, oye música y se olvida de todo lo que pasó en el día. Pero la música, bien entendida y bien escuchada en detalle, enseña mucho sobre todo: sobre la vida, sobre los seres humanos... La música es la humanización del sonido, la humanización de un fenómeno físico.Y a través de la música se pueden entender muchas cosas: dónde hay que ceder, dónde hay que estar duro, dónde está el tema principal. Lo difícil de la música, para mucha gente, es que a la vez es matemática y pasional.
P.: ¿Cuál es su posición respecto a la guerra de Irak?
D.B.: No se puede justificar, y ahora que ya se terminó hay que buscar la forma de reencontar una concordia entre Europa y EE.UU. Se ve que no era necesaria y que se estaban tapando intereses económicos de ciertos países.
P.: Una de sus claves es el conocimiento de la fisiología, digamos, de cada instrumento, desde el golpe de timbal hasta el tutti orquestal. ¿Es uno de los elementos esenciales de su dirección?
D.B.: Sí. Siempre se habla de la metafísica de la música, pero metafísica significa «más allá» de la física, no «en lugar de». Por eso hay que entender todo lo que se pueda científicamente sobre el sonido y su peso, la acústica.
P.: Usted no es especialmente partidario de la música con instrumentos históricos. ¿Puede dar argumentos?
D.B.: La práctica histórica nos ha dado muchas informaciones muy útiles y seríamos mucho más pobres sin esas informaciones. Pero querer ejecutarlo todo de esa forma me parece un paso hacia atrás. Nunca en el desarrollo humano se pensó tanto en el pasado. Lo que Schumann, Mendelssohn, Liszt y Bussoni hicieron con la música de Bach fue acercarlo al siglo XIX. El equivalente de hoy sería hacer que Bach suene como Boulez o Messiaen. No entiendo que estemos yendo para atrás, es signo de pobreza.
P.: Satie escribió que «vale más un buen cuplé que una mala sinfonía».
D.B.:Ahí está todo dicho.Yo crecí en el sentimiento de que no existía separación entre música culta y música popular. En 1931 hubo una conferencia de música árabe en El Cairo, a la que asistieron Bartok, Kodaly, Hindemith... Y Bartok descubrió que los compositores que vivían en la ciudad escribían música de segunda o tercera categoría, una triste imitación de lo que era la música occidental europea; en cambio, los que escribían en los pueblos lo hacían con talento y genio, con una fantasía que los otros no tenían.




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