9 de agosto 2002 - 00:00
"El rock puede incluir desde B.B. King hasta Los Jaivas"
MUSICA
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Pedro Aznar
Periodista: A usted suele identificárselo como un artista de rock. Sin embargo, en este nuevo trabajo está más lejos que nunca de ese género.
Pedro Aznar: Lo que a mí siempre me atrajo del rock fue su apertura, esa capacidad de incluir bajo su rótulo desde B.B.King hasta Los Jaivas; y si nos extendemos un poco, hasta Silvio Rodríguez.
P.: Pero ¿por qué, ahora, esta inclinación tan marcada hacia el folklore?
P.A.: En principio, siempre me interesaron las fusiones. Mi primer disco fue «Revolver»; creo que eso aclara cuál fue mi inclinación desde el principio. Pero en «Contemplación», un disco de hace unos cuantos años, ya había temas con ritmos folklóricos. A los 17 años toqué con Alas, un grupo que fusionaba el rock con la música regional. A los 15, hacíamos con el Mono Fontana temas de Anacrusa. Tengo una gama muy amplia de música dentro mío; incluso, la variedad de la música que escucho es aun mayor que la que hago, porque también escucho música clásica. Y si me pongo a tocar privadamente puedo hacer tanto un tema de Los Beatles como de Spinetta o del Cuchi Leguizamón.
P.: ¿Cómo siente que está influyendo la grave situación del país en su música y el movimiento del rock en general?
P.A.: En principio, diría que me gustaría que, en mi música, estuviera apareciendo reflejada esa realidad. Es obvio que una crisis como la que vivimos no puede dejar de tener presencia en cualquier expresión del arte. Yo no estoy ajeno a lo que pasa y seguramente en mis canciones debo estar hablando de lo que sucede. Pero, al mismo tiempo, y sin que esto suene frívolo, yo sigo haciendo música, buscando en lo que me emociona. La realidad, en ese sentido, cambia todo y a la vez no cambia nada en cuanto al arte. A veces siento un poco de culpa pero yo, a pesar de todo, sigo sintiendo la necesidad de componer, de tocar, como siempre.
P.: ¿Cuál es su manera de trabajar como compositor?
P.A.: En general, se da una especie de proceso de acumulación en el que las cosas que voy viviendo van dejando un sedimento; y, en determinado momento cae la ficha. Empiezo a sentirme inquieto; como una señal de que hay cosas para decir. Pueden aparecer seis canciones de golpe y otras veces me cuesta más. Por eso, creo en ese impulso pero también creo en el trabajo y en el oficio. En algún caso, me he puesto como meta escribir una canción por día y han salido cosas buenas. En cuanto a lo formal, suelo escribir en los viajes. Me gusta hacerlo porque eso de sentirme como un turista, como un espía de la realidad donde no hay vecinos ni gente cercana, es inspirador.
P.: ¿No necesita una guitarra o un piano?
P.A.: No tengo fórmulas estrictas. Los métodos pueden ser diversos. A veces, he registrado un toque de batería en un dictáfono. Otras, me he despertado soñando una melodía y he escrito desesperadamente un pentagrama para anotar algunas notas. Hay canciones que han salido de un tirón. En otros casos me aparece un título. Puede aparecer primero la letra o la melodía. No hay reglas.
P.: ¿Cómo serán sus shows del Ateneo?
P.A.: Será la presentación oficial de «Parte de volar», con varios invitados que prefiero no revelar, pero todos serán de lujo. También habrá material inédito, canciones que hace tiempo no toco, bises que no quedaron en ningún disco, temas míos o de otra gente. Porque además, en estos conciertos grabaremos un álbum en vivo que se editará este año en Japón y que el año próximo aparecerá en Argentina.
P.: Usted es también un artista muy asociado al trabajo de estudio ¿Qué lo atrajo de grabar en vivo?
P.A.: Es que salvo un trabajo sobre poesías de Borges, que fue un estreno pensado especialmente así, no he hecho ningún otro disco en vivo.
P.: Tampoco es muy habitual escucharlo en conciertos.
P.A.: Lo que pasa es que en Buenos Aires no hay salas de tamaño medio. Lo que yo hago no es para espacios grandes y las salas pequeñas, son demasiado chicas. Ahora, afortunadamente está este teatro, el Ateneo, dedicado a la música. En La Plaza hay que pedir la sala con un año de anticipación; y quién sabe si te lo dan. El Alvear es un teatro oficial. Y ahí termina todo.
P.A.: Alguna vez me han ofrecido algo así, de la Orquesta Sinfónica de Mendoza y de la Banda de Metales de Córdoba, pero por problemas de tiempos no pudo hacerse. Con la gente de Mendoza sí hice un par de temas, pero eran canciones que ya habían sido concebidas con acompañamiento orquestal para la grabación original. Por cierto que me gustaría trabajar en esto de recontextualizar mis canciones; es una experiencia que haré en algún momento.
P.: ¿Qué cosas de su historia profesional no repetiría?
P.A.: Por supuesto que hay cosas que no volvería a hacer aunque no pienso confesar cuáles. De todos modos, no me arrepiento de nada de lo que hice. Del mismo modo, prefiero no destacar especialmente ninguno de los momentos buenos que ha tenido mi carrera. Haber tocado en Serú Girán con 18 años, o con Pat Metheny con 22 fue algo impresionante; pero destacar sólo eso sería injusto con mucha otra gente que ha sido muy importante en mi vida y con la que ha sido un placer trabajar.
P.: ¿Cómo sigue su agenda después de estos conciertos?
P.A.: Tengo que tocar en varias ciudades de Córdoba, en Mendoza, en San Juan, en la Patagonia. En septiembre voy a producir un disco de la chilena Cecilia Echenique. Y en lo inmediato tengo que mezclar el disco mío en vivo y editar el material del concierto para la emisión de TV de «Canal á».


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