En la actual muestra "Antológica 1969-2003» de Roberto Elía (1950), hay una obra en la que el artista descompone un elemento modesto, cotidiano y emblemático en su quehacer: el broche para colgar la ropa. Puede conformar una figura femenina, una pareja, la figura humana acostada, una pinza, a su vez, totalmente fragmentada, siluetas. Elía utiliza fósforos, clavos, lápices, moldes para pan, cañas. Más allá de su esencialidad, de su despojamiento como objetos, en los que apenas reparamos, este artista sensible, lector de Marechal,Arlt, Barthes, admirador de Borges, Xul Solar, Joseph Beuys, conformará alrededor de estos objetos un repertorio de ideas, de reflexiones. los dotará de un nuevo significado y consecuentemente cambiará nuestra percepción. Por su sola presencia dejamos de mirarlos como utilitarios y adoptarán un rango de mayor significación.
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Volviendo al broche de la ropa, muy lejos del grandilocuente, lujoso broche del norteamericano Claes Oldenburg, sirve de disparador para comprender que ese modesto elemento de madera tiene vida y puede llevarnos a una zona de la memoria, a la ejercitación del pensamiento, a un cruzamiento de conocimientos.
El recorrido de la muestra -curaduría de la crítica de arte Mercedes Casanegra y como es habitual, excelente montaje de Gustavo López Ocampo-nos hace tomar conciencia del mundo que se nos abre cuando contemplamos una obra de arte de gran contenido como en este caso. Está íntimamente ligada al lenguaje y toma, por ejemplo, la letra K. Puede asociársela con Kafka, y en muchos trabajos aparecen enfrentadas, en sus escritos la utiliza en «poétiKa» así como la X en «aXión», entonces, la palabra se altera, adquiere connotaciones visuales.
La rayuela, que originalmente tenía un valor ritual y que más tarde se convirtió en juego infantil, es otra de sus imágenes, un camino azaroso que lleva al cielo, a la tierra, al infierno y también a Cortázar. A veces aparecen quemadas, «papeles heridos», confiesa el artista. Rayuelas con la imagen perforada por el fuego que dibuja el contorno de un pájaro. El paréntesis, otro elemento visual, interrumpe, agrega un dato, contiene, abraza las siluetas. Elía está incluido en una de las variantes de arte de concepto, por lo tanto hermética. Sin embargo, hoy la obra aparece transparente, sin artificios retóricos, y cumple el deseo del artista cuando dice «siempre busco que, entre quien mira y yo, haya algún punto de encuentro, en el sentido de que el espectador que contemple mis objetos sienta que eso se puede hacer». Es de agradecer al artista que el sólo mirarlas se convierta en un intenso ejercicio espiritual. Centro Cultural Recoleta. Sala Cronopios. Clausura el 5 de octubre.
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