"Elling...mi amigo y yo"

Espectáculos

«Elling... mi amigo y yo» («Elling», Noruega, 2001; habl. en noruego). Dir.: P. Naess. Int.: P. C. Ellefsen, S. Nordin, M. P. Jacobsen, J. Langhelle y otros.

A Elling se le muere la madre poco antes de que el pobre hombre se convierta en Norman Bates, el protagonista de «Psicosis» que terminó asumiendo la identidad de la suya. Durante 40 años, su madre sofocó a Elling a tal punto que ahora hasta es incapaz de salir a la calle sin ella. Kjell, un hombre de su edad, tiene otra clase de problemas: no piensa más que en el sexo aunque jamás logró acostarse con una mujer; corpulento e inocente, Kjell es el oso libidinoso al que le cantaron Les Luthiers.

El punto de partida de esta ingeniosa, divertida película noruega que llegó a las puertas del Oscar, es el momento en el que Elling y Kjell abandonan la clínica psiquiátrica de provincia, donde fueron compañeros de cuarto por casi dos años. Ha llegado la hora de valerse por sus propios medios, aunque la transición es ilusoria; a falta de madre, el omnipresente Estado se hace cargo de la nueva residencia en la tierra de los hombres: el departamento donde vivirán, las costumbres que tendrán, las pautas a respetar; de lo contrario, los amenaza el asistente social, volverán a la clínica.

Y aquí se plantea el dilema acerca del llamado «Estado de bienestar» nórdico, y el punto de vista que tenga el espectador según el lugar en donde vea esta estupenda farsa. Observada desde algún otro país donde el enfermo psiquiátrico quede habitualmente relegado a la buena de Dios, y muchas veces en condiciones infrahumanas (lo que no implica, como es obvio, que ese mismo país que descuida a sus enfermos carezca de un Estado no menos fuerte, aunque peor), observada desde allí, entonces, la situación planteada en
«Elling» resulta paradisíaca.

Sin embargo, desde el interior de ese sistema sobre el que se monta el guión de esta farsa, la sensación es diferente y da lugar a que el protagonista alcance su mayor momento de felicidad cuando, en un bar de baja estofa, conozca y trabe relación con un pintoresco poeta:
«Es el primer amigo», se emociona Elling «que logré obtener sin la intermediación del Estado noruego».

Desde luego, «Elling... mi amigo y yo» es mucho más que una sátira sobre el Estado tan sobreprotector como insolente: chispeante sin los típicos esquemas del cine americano y, sobre todo, libre de caídas en la habitual melancolía de la «historia agridulce sobre unos pobres gatos», la película es el creíble retrato de un grupo de marginados que deben, como sea, adaptarse a la realidad que está allí fuera, o en su defecto crearse una nueva (la poesía es una de esas vías, y Elling, el «poeta anónimo de los envases de chucrut», le sacará mucho más provecho que el que puede obtener en una terapia convencional).

A las nobles caracterizaciones de los personajes centrales debe añadirse la interpretación de
Marit Pia Jacobsen, en el papel de la vecina embarazada que termina enredada con ellos, para la terapia personal, en este caso, del oso libidinoso.

Dejá tu comentario