«Puro Lino», el homenaje a Spilimbergo que no podía faltar
en la muestra que reúne algunos de los muchos retratos que
Carlos Alonso ha dedicado a sus artistas admirados.
El Fondo Nacional de las Artes está exhibiendo la imperdible muestra «Carlos Alonso-Pinturas 1976-1996». Se trata de los retratos, algunos de los muchos que este gran artista argentino le ha dedicado a sus artistas admirados. Todo aquel que ama la pintura sabe que el goce está en el diálogo íntimo que se establece con la obra trascendente y en este caso, atemporal, de Alonso, y aunque se haya tenido la ocasión de verla con anterioridad, la emoción no disminuye, por el contrario, se acrecienta. Sentimiento que se experimenta cuando se revisita a los cuadros emblemáticos de la historia del arte que están en ciertos museos o se los busca en los libros de arte.
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Recordamos un cuadro de 1990, «Comunidad de Pintores» que fue exhibido con motivo del Centenario de Vincent Van Gogh en el Museo Nacional de Bellas Artes -muestra inolvidable- en el que Alonso los reunía en un bosque, hasta casi ingenuamente, con sus barbas, sombreros, cajas de pintura. Una escena bucólica y feliz. Pero el grupo de obras que se exhibe actualmente en el Fondo Nacional de las Artes en su sede de Rufino de Elizalde 2831, los muestra ya con la carga insoportable de la vejez, la enfermedad, la postración.
En una ocasión le preguntaron a Alonso cómo definiría su pintura, «Soy atormentado y a lo mejor ese tormento es mi estilo», respondió. Por eso es capaz de mostrarnos el tormento de Renoir en silla de ruedas, sus manos deformadas por la artrosis en «Viejo Pintor» (1978) y otra versión de 1982, «La Palmera», abrumado ante los elementos de su mesa de trabajo y que ya casi no puede utilizar. Muy afecto es Alonso a las mesas de trabajo. Ha realizado varias de Courbet. La N° 1 de 1978 que aquí se exhibe, revela al gran dibujante, casi un trabajo preparatorio , sutil dibujo, sutiles colores, en el que Courbet aparece en pleno dominio de sus innovaciones pictóricas. Para una famosa carpeta sobre Van Gogh editada por Art Gallery International en 1974, se exhibe el original de un cruel retrato en el que su cabeza está siendo vendada. En ese entonces Alonso señaló que Van Gogh crea una forma heroica de asumir la pintura. Heroicos son los retratos de Alonso ya que se mimetiza, como Van Gogh, con todas las cosas descompuestas en las esferas de la política y las costumbres.
Completan esta serie «Uno, dos, muchos VG» (1973), otro retrato de 1970 y una obra cumbre «Bajo el cielo estrellado» de azules aterciopelados. No podía faltar su homenaje a Spilimbergo. Alonso pintó casi 70 cuadros sobre este extraordinario artista argentino. «Puro Lino» (1967) y otros con sus manos laceradas («lo ví sufriente, olvidado»), así lo mostró y así demostró su admiración por el maestro.
La visión descarnada de Alonso lo dignifica pero en esas obras también subyace la idea de la muerte de la pintura, un tema controvertido de ese entonces. Están Battle Planas y su estampa de hedonista, Berni ante su caballete, Macció a la manera de un Victorica y por supuesto Rembrandt, Velásquez, y un conmovedor Egon Schiele. Artista inclaudicable, comprometido, («el artista tiene que meterse en todo, en la materia y en la vida, y no dejar nada al costado», ha dicho). Pintura sensible, inquietante, de un artista que se encarna en su obra, del que todavía no está todo dicho y del que aún hay mucho para descubrir.
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