10 de abril 2003 - 00:00
"En EE.UU., la danza árabe tiene cada vez más fuerza"
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Amir Thaleb
Thaleb, el nombre más importante de la danza árabe en la Argentina, participará hoy de la «Gala de la danza» que se realizará a las 20:30 en el ND Ateneo (Paraguay 918), con un espectáculo que ofrecerá diversos estilos, desde el folklore hasta el flamenco. Dialogamos con él.
P.: ¿Cómo comenzó su afición por la danza árabe?
A.T.: Como una tradición familiar -mis abuelos nacieron en Siria-en las fiestas de la comunidad, donde yo era el único pibito que bailaba, por lo tanto funcionaba como el entretenedor. Después recibí una beca del Colón para ingresar al ballet del Atlántico, empecé a descubrir el mundo del clasicismo, a compartir el escenario con primeras figuras del Colón y en paralelo seguía con la danza árabe. A los 15 años me vine a Buenos Aires y me contrataron en el primer boliche árabe. Las bailarinas ensayaban conmigo y ahí empecé a empaparme más con la danza del vientre que era algo que yo no conocía porque yo siempre bailaba la parte folklórica.
P.: ¿Practica la religión musulmana?
A.T.: Tengo religión musulmana cristiana con una mentalidad universalista. Fui a colegio católico toda la primaria, a la tarde estudiaba el catecismo musulmán y a la vez estuve ligado a religiosos judíos. Así que tuve una enseñanza muy amplia en la cual casi no encontré diferencias, todas las religiones te conducen a lo mismo: la espiritualidad. Pero ahora no soy practicante en absoluto porque hay cosas que entiendo para alguien que nació en Medio Oriente, pero no para alguien de Occidente. Creo que esta tradición no le sirvió al hombre moderno. Las religiones no avanzaron conforme avanzó, o retrocedió la humanidad. Como dice Ricardo Arjona «30 padres nuestros no reviven el muerto».
P.: ¿Qué busca la gente en los estudios de danza?
A.T.: Viene a buscarse a sí misma, una libertad que no encontró en otro ámbito de su vida. En esta danza el enfrentamiento es más fuerte. Cuando una mujer no acepta su cuerpo, se siente gorda y fea, o se siente petisa y se tiene que enfrentar a una danza en la que tiene que exponerse, no es fácil. Acá es el cuerpo, la mente y la emoción. Desde el primer día hay que enfrentarse con un espejo, mover partes del cuerpo que fueron socialmente reprimidas como la cola, los pechos, la panza.
P.: ¿El público que estudia danza árabe es sólo femenino?
A.T.: No, está despertando una fuerte seducción en los hombres, como practicantes, no como espectadores. Estoy investigando qué es lo que le atrae a los hombres, al marido, al novio, de venir a hacer movimientos que siempre fueron categorizados como para la mujer. Les atrae como respuesta al encapsulamiento de nuestra educación.
P.: ¿Ha compartido trabajos con Julio Bocca?
A.T.: Con Julio estudiamos juntos y estamos ligados, pues con todos los espectáculos que organizan yo les suministro todo lo que es danza oriental.
P.: ¿Siente que la danza árabe está relegada?
A.T.: Hoy no, pero años atrás estaba más sectorizada, estuvo muy de moda la salsa, después el flamenco... ahora podemos convivir todos. La disciplina que brinda elasticidad y rélax emocional tiene mucha más afluencia de alumnos que las danzas más estructuradas como el clásico, que habla desde un lugar técnico. El flamenco, el árabe, el griego, el armenio son danzas que piden lo visceral, y es lo pide la gente porque necesita saber si está vivo o muerto.
P.: ¿Qué opinión tiene la comunidad árabe de su escuela?
A.T.: Si no lo aceptan es su problema y me tiene sin cuidado. Dentro de las comunidades están los tradicionalistas y los de vanguardia. La comunidad de danza árabe es una comunidad en sí misma, hay todo tipo de gente que viene a estudiar. Tenemos alumnas desde tres años hasta mujeres de 80 que son unas divinas y se toman cuatro clases seguidas. Acá vienen gordas, flacas, cada vez más famosos, clases sociales altas, bajas.




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