31 de mayo 2006 - 00:00
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La imagen clásica del Martín Fierro año tras año: Mirtha Legrand y Susana Giménez compartiendo el estrado en el hotel Hilton. Diego Maradona: su "Noche del 10" sólo ganó en Producción Integral. Cuando supo que no se llevaba el Oro, se retiró del Hilton discretamente. Al lado, Nazarena Vélez saluda a los periodistas con la estatuilla de Gerardo Sofovich en la mano.
El protagonismo de los Maradona se vio eclipsado por la llegada abrupta de Susana Giménez, quien atravesó el salón por la alfombra roja contrastada por su vestido amarillo. Se ubicó junto a Jorge Rama y Luis Cella, repartió sonrisas y exageró hasta el hartazgo, lo que valió hacia el final un reto de China Zorrilla. En lo que fue el mejor discurso de la noche, Zorrilla dijo: «Pasan los años y dicen 'che, mirá si se nos va esta anciana, vamos a darle un premio' pero en mi caso la despedida va siendo larga, todos los años me dan un premio, ¿este es por Los Roldán?». Mientras tanto, Susana no dejaba de pegar grititos y saludar desde su mesa, a lo que Zorrilla lanzó: «Susana, dejá de saludarme tanto desde ahí, si no me llamás nunca».
Claudia Maradona lanzaba miradas furiosas hacia Nazarena Vélez (se le adjudicó un romance con Maradona) y toda la familia se puso de espaldas cuando Vélez, también dando la espalda, subió a buscar el Martín Fierro de Gerardo Sofovich (no fue porque, según dijo, hace diez años que no lo invitan). Las estratégicas distancias de mesa entre los Maradona y la Vélez se repitió con los «Pimpinela». Lucía Galán fue novia fugaz de Maradona, razón por la cual estuvieron alejados de la familia del futbolista y habían sido «rebotados» de «La noche del Diez». Con quien sí conversó animadamente Claudia Maradona fue con Florencia de la V, quien se lleva tan bien con la familia que conversó animadamente con Dalma y Gianina cuando se encontraron en el toilette de damas. De la V disfrutaba hablando mal del vestido de Nicole Neuman (el más criticado de la noche) y se quejaba porque el suyo propio se le había descosido (nada para asustarse, sólo los volados del ruedo).
Todas las mujeres asistían al toilette de la mano, sobre todo las jóvenes como Julieta Díaz, Victoria Onetto y las amigas Nazarena Vélez y Analía Francín. Exageraban «estás divina, ni se te nota» ante una Onetto que apareció recientemente en la tapa de Playboy y que ya luce pancita incipiente que nadie creería de cinco meses. Vélez, con una curita en la frente tras haberse caído en su bañera (ya había estado internada por un accidente de auto) se preocupaba pues el vestido le quedaba grande y el escote de la espalda se le deslizaba más de lo conveniente: «Me dice Gerardo que baje un cambio, no como nada, me baja la presión, tengo que parar la máquina».
Graciela Alfano y Matías Alé llegaron pasada la medianoche y algún bromista juró que venía de un velorio, a juzgar por su vestido blanco adherido y de profundo escote en la espalda, como casi todas las que pueden exhibir sus espaldas, por caso, Nazarena Velez, Verónica Varano y Victoria Onetto, entre tantas otras. En cambio a Susana ya no se la ve lucir ni sus brazos pues recurre hace un tiempo a las mangas largas.
Una de las principales quejas fue la comida: los llamados «manjares del mar» eran mínimos trozos de un salmón ahumado, un langostino, una ostra o una tostada multicereal, nunca todo junto. El plato principal llegó tras las varias vueltas de pan para engañar a los invitados (que preferían entretenerse con vino y champán) y consistió en una muestra de rouleau de cerdo con queso de cabra (muchos se quejaron de tal combinación) una lámina de ciervo ahumado y guarnición. El postre, era dulce de leche y chocolate en forma de control remoto, sobre un sillón rosa de mazapán.
Antes, el grupo Miranda! ofreció un show ideado por Daniel Hadad, donde se repasaron clásicos de la televisión como «Hay una voz en el teléfono» del Paz Martínez o «Quereme», de Marilina Ross. Hadad estaba atento al minuto a minuto del rating que le comunicaban por su teléfono celular. Juan Carlos Mesa, el otro buen discurso de la noche, dedicó el premio de la Trayectoria a su mujer y se quejó: «Nuestra vida profesional se mide minuto a minuto. A este minuto no lo midan, porque es el más grato que viví en mi vida profesional».




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