14 de enero 1999 - 00:00

"EN LO PROFUNDO DEL CORAZON "

Para que el fisco no cobre el impuesto a la herencia, un patriarca rural crea con sus hijas una corporación, y les cede la propiedad que él mismo había recibido de sus antepasados. Luego entra en demencia senil, causando discordia entre los familiares, mientras las dos hermanas mayores se enfrentan a muy malos recuerdos, el peor de los cuales es el incesto.
Esta curiosa revisión de «El rey Lear» surge de una novela de Jane Smiley, «A thousand acres», que atiende con inteligencia el punto de vista de las hijas, revirtiendo la historia en forma atractiva. A fin de cuentas, el rey siempre fue un abusador, y sus razones tendrían las hijas mayores para aborrecerlo tanto. A esto se suman otras variantes, por ejemplo, nada de enfrentamientos fraternos, sino, por el contrario, una fuerte unión entre las hermanas. De todos modos, la hermanita más chica y buena también tiene lo suyo.
La historia no se queda solamente en eso. La adaptación cinematográfica de Laura Jones también replantea ciertos aspectos de la moral pública, que hace lucir como víctima a un canalla, y asimismo señala una cuestión formativa, que lleva a esas mujeres a tener carácter fuerte y maridos débiles.
Y que una sea resentida, y la otra, cuando descubre la verdad, una amargada. Pero especialmente plantea qué hacer con la herencia que la vida nos deja, cómo transmitir lo que uno aprendió o descubrió de los demás, y en qué casos vale realmente la pena.
El epílogo de todo este relato habla precisamente de eso, y habla con altura (antes hay también una buena escena de juicio, alejada de los lugares comunes que suelen aparecer en ese tipo de escenas, lo que es un verdadero mérito).
Lástima que para llegar a dicho epílogo haya que sortear unos cuantos puntos flojos, que la dirección de Jocelyn Moorhouse agrava un poco más. Por ejemplo, la transición demasiado veloz y sin matices que sufre el padre, la referencia algo pedante y fuera de lugar a «El mercader deVenecia», o la ignorancia en algunas cosas de campo, que resta verosimilitud a la puesta en escena. Lástima también la música, demasiado insistente. La película se sostiene, en cambio, por el tema, y por la actuación de Jessica Lange, Jason Robards, y Michele Pfeiffer.

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