25 de agosto 2004 - 00:00
"Estoy harto de los escritores llorones"
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El triunfo de la literatura sobre el tiempo, teniendo como modelo «El Gatopardo», y la pasión amorosa, son los ejes de la nueva novela de J.J. Armas Marcelo, «el más latino de los escritores españoles».
Periodista: Las novelas eróticas, como la suya «Casi todas las mujeres», ya no necesitan de colecciones especiales para salir publicadas, y hasta son premiadas, algo que tiempo atrás era insospechable.
P.: ¿Su novela esconde un libro de memorias?
J.J.A.M.: Me hubiera gustado que así fuera, el protagonista es un privilegiado que busca su camino y todos le salen bien. Pero es más una ilusión que una autobiografía. La forma en que está escrita ha hecho pensar a algunos que esos sucesos yo los había vivido; sí, pero en la imaginación. He buscado que sea una novela divertida y, para ello, me divertí escribiéndola.
P.: ¿Su personaje, en el pasado, hubiera sido un libertino?
J.J.A.M.: No llega, es bastante tímido.Yo defiendo a los libertinos, y no concibo un escritor que no lo sea. Mi personaje es un hombre dado a la estética de la sensualidad, es un buscador de oro. La novela se podría haber llamado «El buscador de oro», pero hay una de Le Clezio que se llama así, y eso me jodió. Mi personaje es un símbolo del ser humano vital que sin las mujeres no hubiera sido nunca nada. Es la metáfora de un escritor que persigue a una mujer, que es la literatura y nunca la encuentra, siempre está en la otra esquina. Triunfar y fracasar es bueno para el escritor; que la obra guste pero, a la vez, que estimule a escribir otra que sea mejor.
J.J.A.M.: Bueno, es más que eso.Acaso haya recordado a ese gran sabio que es Francisco Ayala, que tanto admiro, y que vive esa situación desde hace treinta años, desde que encontró a esa mujer, que en mi personaje es como la ideal Dulcinea para el Quijote. Se dice que cada hombre tiene la edad de la mujer que lo acompaña, pero una mujer de 70 puede ser joven, y una de 40 vieja, según el humor con que enfrente la vida.
P.: Su novela es también una guía de viajeros por Sicilia que cuenta de Lampedusa, de «El Gatopardo», de D.H. Lawrence, de Truman Capote, de Pirandello, de Salvatore Quasimodo...
J.J.A.M.: La literatura es una guía de viajeros. Pero a mi no me la pagó ni un editor ni un gobierno. Sicilia tuvo mala prensa por culpa de Mario Puzzo («El Padrino»), pero es la tierra de Lampedusa y de Quasimodo. Yo fui tras las huellas de Lampedusa, ese muchacho que era el tonto de la familia, que sólo se dedicaba a leer, que no sabía sacar cuentas, un hombre gris, el último de los Lampedusa. Su historia es colosal, se dedica a escribir, y ahora los Lampedusa, una familia dondehubo jefes de gobierno, cardenales y santos, no existen si no es por quien consideraban el idiota de la familia, el autor de «El Gatopardo». Es el triunfo de la literatura sobre el tiempo.
P.: ¿Qué piensa de sus colegas?
J.J.A.M.: Los hay muy buenos. Fui jurado del premio que se le otorgó a Claudio Magris, he escrito una biografía de Mario Vargas Llosa, cada día admiro más a Cortázar. A la vez, estoy harto de los escritores llorones. Casi todos son llorones, pero a mí me gustan los que no los son, los que no piden al Estado un empleo, los que no andan rogando un subsidio, pero parece ser que la norma es la contraria, «el que no llora no mama». Adoptan una pose tristona y en verdad les encantaría tener más dinero, que todo el mundo los quisiera. Entonces que no escriban, la escritura es una forma de enemistarse con las conveniencias. Todo el mundo tiene su vanidad, pero aparentar que se llora para que a uno lo quieran es muy humillante, muy esclavo.
P.: ¿Por qué dice que admira cada vez más a Julio Cortázar?
J.J.A.M.: He releído dos veces «Rayuela» este verano, y me ha beneficiado mucho, he encontrado más maduro ese libro que hay quienes considera lo más flojo de Cortázar. De todos los escritores que van a quedar, el primero es Cortázar, y por ese libro que para mi es «El Quijote» de América Latina. Cada capítulo impulsa a continuarlo, y eso no lo tiene nadie. Eso no se puede hacer con «Cien años de soledad», que hipnotiza al lector, que es una novela para lectores y no para escritores. «Rayuela» es para todos, y está ahí para enfrentar a ciertas escrituras momentáneamente triunfadoras que hacen perder el camino de la literatura.
P.: Algunas de sus novelas transcurren en América Latina. ¿Cuál es el problema de nuestros países que se le hizo más evidente?
J.J.A.M.: La búsqueda constante de un hombre fuerte, del dios que arregle los problemas. Hay debates pendientes que hacen que no haya una sociedad civil fuerte, que no se tenga conciencia fiscal y que no haya confianza en el país.
Entrevista de Máximo Soto



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