12 de diciembre 2005 - 00:00

Estupenda danza en el San Martín

«Fin de a dos», secuencia inicial de «Travesías», la excelentecoreografía de Wainrot que alude a la pareja humana encircunstancias y geografías diversas.
«Fin de a dos», secuencia inicial de «Travesías», la excelente coreografía de Wainrot que alude a la pareja humana en circunstancias y geografías diversas.
«Travesías». Coreog: M. Wainrot. Mús.: Varios. Esc. y vest.: C. Gallardo. Luces: E. Sirlin. Ballet Contemporáneo del TGSM (Teatro San Martín. Funciones: sábado y domingo.)

La pareja humana en una acción integradora de características propias de cada sexo es el punto de partida de este ballet de Mauricio Wainrot que ahora repone como cierre de la temporada 2005, del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, que él mismo dirige.

En una escena despojada y de sobrecogedora amplitud, un dúo de bailarines explica a partir del movimiento un encuentro sexual de hálito universal en un ámbito abstracto, sin referentes geográficos o étnicos. La plasticidad del lenguaje de Wainrot los coloca en el medio de una escena de gran expansión física, en la que el gesto y el movimiento son la expresión de sentimientos, de necesidades, de alternativas y de búsquedas conjuntas. La música de Giya Kancheli («Nigth Prayers») con su sequedad moviliza rítmicamente lo sagrado y ceremonial de estos dos íconos de alcances antropológicos pero también de ecos bíblicos.

Tras «Fin de a dos» la secuencia inicial, se suceden catorce más (siete y siete). Justamente en el número siete aparece «Lacrymosa», con música de Dmitri Yanov-Yanovsky. Este pasaje de potente dramatismo alude a seres que viven una situación desesperada rodeados por la presencia circular de la muerte. La ropa diseminada por el piso habla metafóricamente de los ausentes que vistieron en algún momento texturas y colores cotidianos y ahora son sólo trastos sin carne y sin alma. Lo demás, lo de antes y después entra en la categoría de la expansión étnica. Cada pueblo, con sus características particulares, con sus creencias y urgencias, se muestra con dinámicas afines o contrastantes según los casos, aunque la pareja inicial perdura multiplicada por varias.

Ahí se produce la indagación recurrente en el pensamiento y el discurso conceptual de Wainrot, de los grupos enfrentados por sexo que terminan acoplados en la búsqueda de amor y urgencias afectivas comunes, como lo hizo en «La consagración de la primavera», «Carmina Burana» o «El Mesías».

Si los diseños coreográficos del director de la compañía del San Martín no tienen casi parangón en nuestro medio dancístico tampoco lo tienen los bailarines integrantes de la misma. Más allá de la asombrosa capacidad física de todos está la técnica depuradísima de cada uno para cumplir su rol. El entorno plástico con que Wainrot envuelve cada opus de su gra creatividad ayuda al triunfo de una danza que habla, también, a través de la escenografía y el vestuario de Carlos Gallardo, y de la iluminación de Eli Sirlin, que capta la densidad del momento dramático como lo flotante de la atmósfera vital.

En
«Travesías» la alusión al vuelo, a lo marino, al recorrido de distancias que van de Oriente a Occidente, del Brasil de Elis Regina y Tom Jobim al altiplano de Uña Ramos pasando por músicas folklóricas y regionales anónimas se manifiesta en la organización de los contenidos visuales de manera similar a la captación del movimiento significativo e identificatorio.

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