Bastones ingleses y franceses del siglo XIX, una de las
colecciones, propias y privadas, que exhibe el Museo de
Arte Decorativo en la estupenda muestra «Coleccionables
y Coleccionistas».
En el Museo Nacional de Arte Decorativo (Av. Libertador 1902) se exhibe la muestra «Coleccionables y Coleccionistas», organizada por su Asociación Amigos, con el objetivo principal «de estimular la apreciación de objetos cuya belleza radica tanto en la armonía de sus formas como en la integración con su entorno». Curada por Juan J. Ganduglia, Alberto De Caro y Hugo Pontoriero, presenta colecciones propias donadas por particulares a la institución, entre ellas, un conjunto de «Lebreles Rusos» de la manufactura Goldheider (Austria, principios del siglo XX), herrajes artísticos del Palacio Devoto, y piezas de cristal de Bohemia de color rubí (siglo XIX).
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Otras colecciones de particulares prestadas para esta ocasión comprenden bastones (Francia e Inglaterra, siglos XIX y XX), motos antiguas: Harley Davidson (1922), Zundapp (1936), BMW (1953), calienta pies ( Inglaterra, siglos XIX y XX), opalinas (Francia, siglo XIX), abanicos (España y Francia , siglos XVIII y XIX), y cristales de Bohemia con escenas de bosques y animales de casa, ( Europa Central, siglo XIX).
Bellos objetos presentados en el extraordinario entorno de este Museo creado en 1937 cuando el Estado Nacional Argentino compró la residencia, diseñada por el arquitecto francés René Sergent, y las colecciones de Matías Errázuriz y su esposa Josefina de Alvear, de la que el gran pintor español Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923) pintó un retrato de cuerpo entero que se encuentra en la antecámera. Como resultado del concurso «Premio Museo Nacional de Arte Decorativo-Banco Galicia al Coleccionista Joven» al que se presentaron 100 coleccionistas de hasta 39 años de edad, un jurado especializado otorgó el Primer Premio a la Colección Dedales, presentada por María Soledad Jorge, «por su originalidad y consistencia». Las cuatro Menciones fueron otorgadas a Juan I. Pinedo Allerand (6 años) como mérito a la iniciación de un coleccionista por «Caracoles»; Alejandro Giordanino (20 años) por «Botellas de Gaseosas Rioplatenses del Siglo XX», Axel Scwartz (25 años) por «Curiosos objetos relegados dela vida cotidiana» y Marion Richardson de Haenen (20 años) por «Tazas de Porcelana».
Un excelente catálogo y un Ciclo de Extensión Cultural, conferencias y visitas guiadas, completan la apreciación de la muestra. Hasta el 3 de septiembre.
Desde el campo del grabado a la pintura y la instalación, la obra de Zulema Maza ha sido siempre inquietante y analítica. Sus investigaciones sobre la etología en una instalación de dramático contenido enfatizado por el empleo de grises, blancos y negros en superficies ásperas marcó definitivamente un antes y un después en su quehacer.
Más adelante sorprendió con grandes esferas con cardúmenes de peces en desesperada carrera, una instalación en la que el leit-motiv era la zozobra.
Cuando apeló a las liebres que huyen sin rumbo, una metáfora del hombre que busca lo inalcanzable, obligó a la participación reflexiva del contemplador sobre las condiciones de una existencia que elimina todo vestigio de idealismo, utilizando blancos purísimos y grises en resina poliéster.
Siempre innovadora, Maza comenzó a ahondar el tema de la mujer a través de obras clave de la historia del arte. Su técnica es la transferencia fotográfica al papel modificada con grafito, que más adelante utilizó para presentar una imagen femenina masificada, seriada, obra delicada por su nitidez y transparencia. Su actual muestra en la Fundación Mundo (Callao 1870. PB) es un verdadero deleite visual. Las mujeres, seductoras, ya sea cubiertas con vestimentas con diseños simbólicos de distintas religiones, o su imagen, mitad follaje, mitad rostro, son verdaderas manipulaciones de la artista.
Consustanciada con la naturaleza y siempre en la gama de blancos, grises y negros, sus fotografías de estas series intervenidas digitalmente con detalles que asombran por los matices conseguidos, muestran el invernadero de nuestro Jardín Botánico pero no como tema sino como excusa para demostrar su dominio de la técnica digital, su capacidad para hacernos creer que todo es verdadero, una poética del ocultamiento y del desocultamiento. Así también sucede con los rostros que pueden ser dulces, enigmáticos, soñadores, dominantes, asombrados gracias al «mouse» que se convierte en pincel, lápiz o pluma. Zulema Maza es siempre una sorpresa en clave de excelencia. Hasta mediados de agosto.
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