1 de agosto 2003 - 00:00

Estupenda muestra recorre la obra de Miguel Dávila

Pieza de ajedrez
"Pieza de ajedrez"
E n la muestra «Antológica 1960-2003» de Miguel Dávila (La Rioja, 1926) que se exhibe en las Salas Nacionales de Exposición hay unos dibujos spilimbergueanos, un homenaje del artista a quien fuera uno de sus maestros y que indican el rigor académico de su aprendizaje. Pero los '60 fueron años decisivos para los pintores que se enrolaron en una «nueva figuración». Y Dávila no niega la influencia de sus pares, Deira, Macció, De la Vega, Noé, con los que compartió el taller en París en 1961. Tampoco la de de Kooning, Appel o Bacon, que marcó a toda una generación de artistas sin distinción de nacionalidades.

Hacia fines de los '60 aparecen esbozos de hombres amordazados, fundidos en el espacio pictórico, personajes poderosos con botas o lugares de siniestros interrogatorios. Dávila muestra la realidad opresiva sin caer en el discurso panfletario. Más bien sugiere y, a varios años ya de esos acontecimientos desgarradores, las imágenes cobran fuerza para que no sean olvidados. Ejemplos de ello son «Somos Todos Buenos», «Identikit», «La Antorcha» con sus figuras fragmentadas, esquemáticas, negros ominosos y un borde que enmarca y contiene a la imagen.

Hay dos obras de fines de los '70, «Pieza de Ajedrez» y «Del Tiempo», que tienen como tema épico al caballo, excepcionales en el tratamiento cromático, una masa oscura en el primero que contrasta con el rosado del centauro del segundo. Una zoología onírica, perros y rinoceronte. Este, casi anecdótico en cuanto a la pregunta que se hizo el artista, «¿qué pasa si me encuentro con alguno en una habitación?». «El Asombro» (1978), lo revela. En «Pasen y Vean» o «Interior Rosa», apela al grotesco para definir sus figuras femeninas, no exentas de candor.

Pero, cualquiera sea el tema elegido, para Dávila lo importante es expresarlo a través de un cromatismo que quizás está en las raíces de su tierra natal y cuya luminosidad tambien se cuela por las líneas ondulantes de su dibujo sustancial. En una sala están reunidas varias obras de los '90 que dedicó al paisaje. Abstracciones, tanto en un ejército de troncos estériles como en su visión exaltada del color colocado por anchas pinceladas. De estos estallidos podemos pasar al silencio, también cromático, de obras como «Situación». Los personajes casi de carácter fotográfico, parecen levitar, oscilan entre lo real y lo irreal. «El Pintor», «La Lámpara Negra» «Taller», alojan ese diálogo secreto del artista con la materia, con el pincel, la actitud física con la tela en la que aparecerán sus dotes creativas.

Hacia fines de los '90 tomó fotos tanto de la casi totalidad de su obra como de los muros de la ciudad con sus graffiti, las asperezas del ladrillo y los efectos del paso del tiempo. Ensambladas en una suerte de rompecabezas, engañosas, estas superficies pintadas contienen el repertorio creativo de un artista que eligió un camino apartado de la fugacidad y la rapidez, de la sucesión vertiginosa y mecánica de imágenes, del tiempo devorador. Conjuntamente se ha presentado un excelente libro editado por Corin Luna y prologado por Raúl Santana, con más de 100 reproducciones color, críticas, notas periodísticas y fotografías personales. Posadas 1725. Clausura el 17 de Agosto.

En el Museo de Arte Decorativo se exhiben al público las donaciones recibidas y aceptadas durante los años 2002 y 2003 de valiosos objetos pertenecientes a Inés Zavalía Bunge de Herrera Vegas y del Legado Justiniano Allende Posse. De esta manera el patrimonio del Museo que se inició con un inventario de 927 piezas de la Colección Errázuriz Alvear en 1937, se ha acrecentado hasta llegar a las 4.000 del registro actual, gracias a coleccionistas que, como lo señala su director, Alberto Bellucci, tuvieron confianza en el Museo como institución merecedora de conservar las mejores creaciones artísticas.

Se presenta también el catálogo actualizado de dichas donaciones cuya publicación contó con el auspicio personal de Amalia Lacroze de Fortabat. Asimismo, el Museo presenta la Galería de la Planta Alta absolutamente renovada en la que se ha dispuesto una secuencia de valiosos tapices, tallas, pinturas y mobiliario de los siglos XV al XVIII y el retrato de Matías Errázuriz Alvear pintado por Joaquín Sorolla. La selección y disposición de las obras ha sido íntegramente realizada por el área de Museología y Museografía del Museo con la participación de expertos externos en temas como iluminación, restauración de tapices y renovación de marcos, herrajes y la restauración de la terraza del Salón de Baile y los grupos escultóricos que rematan la fachada principal del Palacio Errázuriz sobre la Avenida del Libertador.

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