27 de junio 2001 - 00:00

Falleció ayer la mítica Gina Cigna

Gina Cigna.
Gina Cigna.
Los amantes de la ópera perdieron ayer una de las últimas leyendas vivientes. La mítica soprano francoitaliana Gina Cigna murió en Milán, a los 101 años, por un paro cardíaco.

La Cigna tuvo una carrera tan fulgurante como breve, que apenas se extendió durante 20 años. Su temprano alejamiento de la escena contribuyó, en buena medida, a alimentar su aura. Nacida en 1900 en las afueras de París, Cigna debutó a los 27 años en la Scala de Milán en el papel de Freia, de «El oro del Rin», de Wagner. Sin embargo, no continuó mucho tiempo en el repertorio alemán y se especializó en el verdiano y el verista.

Celebridad

Fue una de las más célebres Turandot del siglo, y su Norma le significó, del mismo modo, una legión de admiradores incondicionales que enloquecían con su «vibrato leggero», una de las características de su voz que, aun hoy, es raro encontrar en otras cantantes.

Entre sus papeles favoritos, además de los citados, figuran Gioconda, Loreley, Wally, Amelia (de «Un ballo in maschera», de Verdi) y la Maddalena de «Andrea Chénier», de Umberto Giordano, que cantó en los principales escenarios líricos del mundo, incluyendo desde luego el Teatro Colón. Un grave accidente automovilístico que sufrió en 1947 marcó el fin de su carrera, a pesar de que intentó en dos o tres ocasiones volver en vano a la escena.

Como toda gran diva, su anecdotario es frondoso. Una de las historias más divertidas fue la que protagonizó en el Metropolitan de Nueva York, cuando debió interpretar por única vez en su vida la Desdémona de «Otelo», en un reemplazo. Cigna no conocía bien la obra y, al llegar al cuarto acto, después del Ave María, olvidó completamente la letra. El tenor Martinelli, que interpretaba a Otelo, le dijo por lo bajo: «No te preocupes, yo me arreglo». Y mató a Desdémona mucho antes de lo que indica la partitura. El público los ovacionó.

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