Para varias generaciones de cineclubistas, decir “La ira de Dios” era pensar en Werner Herzog y Klaus Kinski, tal el subtítulo de una de sus películas más famosas, “Aguirre - La ira de Dios”. Hoy no están más Aguirre, ni Kinski, ni los cineclubistas, y el título es el que se adoptó en Netflix para la versión de la novela policial de Guillermo Martínez “La muerte lenta de Luciana B.” Vaya a saberse por qué habrán cambiado el del libro, que tenía tan buena métrica interna. Pero ese es el menor de los enigmas de esta adaptación para el streaming, hecha por un director como Sebastián Schindel, que en 2013 estrenó una de las mejores películas argentinas de aquella década, “El patrón - Radiografía de un crimen”.
Fallida adaptación de una novela policial
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“La ira de Dios” se adscribe a un género policial que, a fuerza de tanto tópico, termina sofocando. La película transcurre en una Buenos Aires “gótica” y ucrónica donde llueve como en Londres, y los periodistas usan gabardinas como Bogart, fuman en el interior de los bares sin problema, y chequean archivos en microfilms. La puesta en escena es prehitchcockiana, porque ya en 1959 Hitchcock había aconsejado a los directores de policiales no usar la lluvia como sinónimo de lo siniestro, ya que un rayo de sol puede ser mucho más terrible. Pero en esta película hay algo aun más inexplicable, y son las actuaciones (en especial, si se recuerda el naturalismo brillante y homogéneo de todos los actores de “El patrón”). Diego Peretti tira letra como si estuviera desganado, o hipnotizado (quizás haya sido el efecto buscado, pero no queda bien); un escalón más abajo, a Macarena Achaga le ocurre lo mismo, y Juan Minujín, el más voluntarioso, parece perdido en la oscuridad y la lluvia.
El sentido de distopía involuntaria comienza con el personaje de Kloster (Peretti), un escritor bestseller que saluda a sus fans desde el escenario del Yenny-Grand Splendid como si fuera Bono o Axl Rose. Kloster es una mezcla del profesor Moriarty, el archivillano de Sherlock Holmes, por su mente criminal capaz de maquinarle desgracia tras desgracia a su pobre secretaria, y de Anton Ego, el villano de “Ratatouille”, que siendo un crítico de restaurantes ganaba lo suficiente como para vivir en un palacio gótico. Luciana (Achaga) es la secretaria en cuestión, quien toma al dictado los bestsellers que de forma espontánea se le ocurren a Kloster; es decir, que Kloster no tipea personalmente sus libros, como hacían algunos narradores en el siglo XIX. Pero tiene un smartphone, lo que indica que el film transcurre en la actualidad, y en Buenos Aires (por Yenny, y los taxis, en fin, para qué extenderse).
Considerando los antecedentes de cineasta e intérpretes, no cabe menos que conjeturar que Netflix apuró a todos y no dio el tiempo necesario para ajustar, en especial, guión y actuaciones. La ira del streaming.
“La ira de Dios” (Argentina, 2022). Dir.: S. Schindel. Int.: D. Peretti, M. Achaga, J. Minujín. (Netflix).




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