22 de junio 2001 - 00:00

Fallido homenaje platense a Verdi

Escena de Stiffelio
Escena de "Stiffelio"
(21/06/2001) El estreno sudamericano de la ópera «Stiffelio» de Verdi tuvo la intención de homenajear al compositor en el centenario de su muerte. Como tributo, bastante insustancial, por cierto. La obra, que no desmiente la franca evolución del compositor en el terreno lírico, no posee la grandeza y la inspiración que sobrevuelan otras producciones suyas, por lo que parece hasta atinado haberla dejado de lado por tanto tiempo después de su estreno.

Otras realizaciones como la célebre «trilogía popular» rápidamente proyectaron un cono de sombra para creaciones como «Stiffelio», que significan un punto muerto dentro de la carrera compositiva del maestro de Busseto. De todas formas, aquí y allá se encuentran muestras de la genialidad del músico, siempre hábil instrumentador y consecuente en el tratamiento de la voz cantada.

La performance del argentino platense resultó débil en muchos sentidos. El tenor escocés David Maxwell Anderson comenzó muy mal en el primer acto, a tal punto que en el segundo ya había sido reemplazado por el puertorriqueño Antonio Barasorda, quien había sido contratado para el segundo reparto (última función del ciclo, el domingo). A la deficiente técnica vocal de Maxwell Anderson -que si bien se dijo que padecía una enfermedad, no es improbable que sus limitaciones son congénitasse opuso la franca emisión -sin refinamientos-de Barasorda en el papel central. En el resto del elenco no hubo mucho para admirar. Ni la soprano Spacagna -con un molesto vibrato en todo su registro-ni el bajo Stefano Palatchi, con un canto poco calificado. En cambio, Vladimir Chernov construyó un personaje y lo cantó con potencia, emoción y autoridad. Hubo comprimarios eficientes y el Coro Estable demostró que es el mejor elenco del teatro, dirigido por Cellario. Javier Logicia trató de articular el foso con lo que pasaba en el escenario y, en ese sentido, llevó la función adelante. Pero hubo errores conceptuales que hicieron que el estilo verdiano no siempre se evidenciara.

La siempre frontal puesta en escena -ampliamente conocida a través del video-de Moshinsky, repuesta aquí por Tim Coleman, no evitó los lugares comunes del teatro cantado. Es más, los acentuó. La escenografía y el vestuario contaron con buenos diseños, aunque sus ocho años de vida -la producción es de 1993- se hacen notar.

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