En un reciente fallo de un tribunal federal de los Estados Unidos, se ha establecido que las versiones «editadas» especialmente por algunas cadenas de alquiler de video -por ejemplo, de Utah, la tierra de los mormones-, que convierten el material original en versiones «aptas para todo público» a través de la censura previa, son absolutamente ilegales y violan los derechos de autor de sus creadores. Como parte del fallo, el tribunal ordenó a las cadenas involucradas el envío de estos DVD especiales a los estudios propietarios de los derechos, para que sean destruídos.
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La decisión es una clara victoria para la industria cinematográfica de Hollywood y puede tener, eventualmente, otras derivaciones también beneficiosas. Por un lado, los estudios pueden comenzar una ofensiva mucho más seria en el campo de la oferta de alquiler vía Internet, incluso en aquellos lugares donde la práctica de la «edición» está firmemente arraigada. Asimismo, como propietarios del copyright, los estudios pueden en el futuro ofrecer sus propias versiones «familiares» de los títulos, sin necesidad tampoco de grabarlas en un soporte físico.
La mentalidad conservadora que campea en los Estados Unidos ha generado una importante corriente de opinión que sostiene que la industria produce material con demasiado sexo y violencia. La aparición de este tipo de sistemas de control y filtrado de las películas responde a ese estamento de la sociedad, y han establecido alternativas ampliamente aceptadas. Un ejemplo de ello es ClearPlay -una compañía que ofrece «filtros» para padres y otros métodos de control de contenidos-, que sostiene que su tecnología goza de la protección de la Family Movie Act de 2005, una ley aprobada por el Congreso norteamericano que permite que los padres controlen los contenidos de entretenimiento que consumen sus hijos.
Como para no entrar en conflicto con Hollywood, la ley también establece que esas copias «controladas» no pueden comercializarse y sólo son para consumo doméstico. Pese a que ClearPlay no tiene mayores restricciones para seguir utilizando su tecnología -y por lo tanto, barrer a la competencia-, Bill Aho, su presidente, asegura que el fallo federal es «malo para los padres», y que «las mamás y los papás necesitan toda la ayuda que puedan conseguir para proteger a sus hijos, y esas compañías estaban ofreciendo un servicio muy valioso.»
Está visto que la tecnología puede tener dos caras absolutamente opuestas.
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