29 de agosto 2001 - 00:00

Famosas series que reflejan el espíritu crítico de Goya

Las chinchillas, obra de la serie Caprichos
"Las chinchillas", obra de la serie "Caprichos"
(28/08/2001) En el genio original de Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) se anticipan el Romanticismo y el Realismo posteriores, pero también el espíritu crítico de la Modernidad. La amarga visión de su tiempo y sus comentarios irónicos, que abarcan desde las costumbres populares hasta las instituciones sociales más respetadas, cobran fuerza singular en sus grabados «Caprichos» y «Desastres de la guerra», que se presentaron en el Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén la semana pasada y seguirán expuestos en esa capital patagónica hasta fin de setiembre.

Goya
realizó numerosos dibujos preparatorios para estas series. El dibujo materializa, más que otros procedimientos, el cauce rápido del pensamiento y la sensibilidad. En este artista en particular, la intensidad de su temperamento se proyecta en los trazos claros y espontáneos que surgen de sus esbozos.

La obra de Goya empieza en Zaragoza, y en sus inicios está orientada hacia la temática religiosa. Trabajó para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, donde comenzó a diseñar cartones con escenas costumbristas, en un estilo del Rococó tardío que respondía al gusto cortesano de la época.

La ascensión de su carrera artística se produce hacia 1780, cuando es designado miembro de la Academia de Bellas Artes San Fernando. Posteriormente, fue pintor del rey Carlos III (1786) y pintor de Cámara (1788) en la Corte. La sordera que había adquirido en 1792 -tras una grave enfermedadmarca una nueva etapa. «Para ocupar la imaginación mortificada por mis males me dediqué a pintar un juego de telas de gabinete, en las que he logrado hacer observaciones a las que regularmente no dan lugar las obras encargadas, y en que el capricho y la invención no tienen posibilidades», decía en una carta a su amigo Bernardo de Iriarte cuando, en 1794, le envió una serie de obras para que las presentara en la Academia San Fernando de Madrid.

La derrota de Trafalgar da a Napoleón la ocasión de intervenir en la política de la Corte española. En 1807 tropas francesas penetran en España y el rey abdica a favor de su hijo. Pero Fernando VII es destituido por Napoleón, quien corona a su hermano José Bonaparte. El levantamiento popular lleva a la sangrienta matanza en la Puerta del Sol y al fusilamiento de los insurgentes frente al Palacio de la Moncloa. Goya trasladó estas horribles escenas a dos obras famosas: «El 2 de mayo» y «Los fusilamientos del 3 de mayo». Tras la invasión napoleónica (1808-'13) se alejó de la Corte y, liberado de los encargos, se dedicó sólo a su profesión. Cuando es restaurado el título «Idioma universal dibujado y grabado por Francisco de Goya». La serie tal cual la conocemos se terminó en 1799, y en 1803 el artista decidió regalar al rey las planchas originales y los ejemplares que le quedaban, con destino a la Colección Real de Madrid, donde aún se conservan.

En una España en la que ya se anticipaba la decadencia, la ironía y el sarcasmo del artista aragonés delatan los abusos sociales de la época. En 1799, el «Diario de Madrid» señalaba: «Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos puede ser también objeto de la pintura, ha escogido entre la multitud de extravagancias y desaciertos, aquellos que ha creído más aptos para subrayar el ridículo».

Colección

La colección «Desastres de la guerra» registra impresiones de la guerra, directamente vividas y trasladadas a dibujos que luego fueron pasados a planchas de cobre en 1810. Durante la Guerra de la Independencia española contra las tropas de Napoleón, Goya representó las más horribles escenas bélicas: incendios, fusilamientos, asesinatos. Las imágenes estremecedoras de esta serie denuncian el horror y la violencia de la guerra, en cualquier país, en toda y cualquier situación. Cuando España queda liberada del yugo francés, parecía oportuno publicar estos aguafuertes; sin embargo, con el regreso de Fernando VII resurgen fuerzas reaccionarias y la Inquisición toma nuevo impulso y controla negativa y cruelmente a España. Entonces, sus láminas se dirigen en contra de la irracionalidad represiva de la Iglesia.

La primera edición para el público sólo fue posible en 1863, más de tres décadas después de la muerte del artista. En el universo goyesco lo monstruoso no es extraño al orden del mundo sino que es parte del mismo.

En 1857,
Charles Baudelaire señaló: «El mérito principal de Goya consistió en crear monstruosidades creíbles y tangibles. Nadie se había arriesgado tanto en el camino de la grotesca realidad. Todas esas contorsiones, caras bestiales y muecas diabólicas son profundamente humanas (...) En una palabra, es difícil precisar el punto en que se separan la realidad y la fantasía».

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