Fosse, de Broadway a la calle Corrientes

Espectáculos

Hoy se estrena en el Opera la versión argentina del musical «Chicago», una de las más celebradas creaciones de Bob Fosse. La sarcástica historia de las criminales Velma Kelly y Roxie Hart está instalada desde hace años en Broadway, Los Angeles, Las Vegas, Londres, Sidney y Tokio.

En Buenos Aires Velma Kelly, papel que entre otras han interpretado Ute Lemper y Madonna, estará a cargo de Sandra Guida, bailarina, cantante y actriz de extensa carrera, que participó en los musicales «Hair», «El Diluvio que viene», «Broadway», «Gipsy» y la versión de gira -National Tour- en los Estados Unidos de «Kiss of the Spider Woman» («El beso de la mujer araña»), entre otros, además de haber hecho teatro (lo más reciente fue «Arlequino» con La Banda de la Risa). Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Qué diferencias tiene la puesta de «Chicago» en Buenos Aires con la de Broadway, Las Vegas o Londres?


Sandra Guida:
Ninguna. Es la misma puesta. Están los 14 músicos en escena que componen la orquesta. La misma cantidad de bailarines. La misma escenografía y vestuario. Yo la vi dos veces en Broadway y no hay ningún cambio; es igual, salvo el idioma, porque se canta en argentino, más que en castellano.

P.: ¿Por qué al argentino?

S.G.: Por las características de los personajes. Son chantas, corruptos, y no se los puede poner a hablar de tú; ni siquiera en un castellano neutro, porque nadie los creería. Pero se mantiene lógicamente la acción en Chicago.

P.: ¿Planteó problemas la adaptación de las canciones?


S.G.:
Sé que no fue sencillo. Sobre todo, porque hay temas muy conocidos como el que abre, «All that jazz», al que canto como «Y siga el jazz». Es algo muy difícil, hay que respetar rimas, métrica, el acento de las palabras. Lo habitual en las versiones argentinas de los musicales norteamericanos es que las palabras queden mal acentuadas, o divididas en métrica distinta, que no vayan con la música o se tengan que agregar corcheas a las frases musicales. Aquí el director musical no transigió con una corchea en toda la obra. Y se pasó del inglés al castellano, que para decir lo mismo se tiene el triple de palabras.

P.: Sacha Distel, el cantante ex marido de Brigitte Bardot, que hace al abogado en la versión de Londres, dice que «poder hacer «Chicago» es conseguir la Legión de Honor del show business».


S.G.:
Absolutamente. Creo que es el musical para el intérprete. Fosse tiene ese sarcasmo, esa sensualidad para desnudar las miserias humanas y que sólo él podía trasladar a un escenario. Siempre los musicales tienden a dejar contentos a todos, pero Fosse no transó.

P.: ¿Usted siempre buscó el papel de Velma Kelly?

S.G.:
Siempre. Nunca deseé tanto un papel. Tengo un romance con este musical desde hace diez años. En 1997, cuando la vi por primera vez en Estados Unidos, me dije: «yo quiero hacer eso». Estuve a punto de presentarme para la gira, pero pensé que me iban a bochar por el acento y no me iban a dar el papel. Cuando volví de Estados Unidos me invitó Gasalla a su programa y ¿qué hago? «All that jazz». Cuando se decía que Alejandro Romay traía «Chicago», lo llamé para pedirle hacer Velma. Me dijo que no volvería a traer «Chicago», que ya la había hecho. Siempre quise hacer a Velma.

P.: Es el papel que hicieron Madonna, Ute Lemper y Ann Reinking.


S.G.:
Sí. Sentía que tenía la edad justa, la experiencia escénica justa, tenía que poder hacer ese personaje. Me decía: nací en el país equivocado, tendría que haber nacido en Estados Unidos para poder hacer ese tipo de musicales. El destino se encargó de demostrarme lo contrario. Desde siempre tuve un contacto muy fuerte con el discurso que tiene el personaje. Ella presenta «Chicago», lo que se va a ver, se convierte por instantes en narradora de lo que va a pasar en la obra.

P.: ¿La atrae la maldad del personaje?

S.G.:
En realidad, todas las asesinas de «Chicago» matan por pasión, no por maldad. No son crímenes premeditados. Todas creen que tienen sobradas razones para hacer lo que hicieron. En todo caso, es mucho más mala Roxie que Velma, porque Velma ya es una reina en el espectáculo, y cuando llega Roxie le roba todo. Velma es una sobreviviente que intenta recuperar lo que está perdiendo. Y acaso busca utilizar la popularidad que ha ganado con su crimen para poder cotizarse en el mundo del espectáculo.

P.: ¿Cómo fue construyendo a Velma?

S.G.:
A través de la pasión, de su necesidad de sobrevivir y de sobreponerse a todo. También de su vulnerabilidad y su deseo, y el mío, de estar sobre un escenario. La busqué en los subtes, y cuando la tuve, la saqué a pasear por los subtes, que son para mí muy inspiradores.

P.: ¿Qué la separa de Velma?

S.G.:
El día que ella no sepa cómo salir de algo creo que se suicidaría, eso es la que la lleva en la obra al extremo de matar. A mí no me pasa. A ella le gusta seducir, buscar todas las formas de lograr sus objetivos, pero como artista es patética. Su ambición pasa por la popularidad a cualquier costo, no es mi caso. Pero a Velma acaso la salve un poco el que sea menos manipuladora que Roxie.

P.: ¿Por qué muchas intérpretes, como usted, desean hacer Velma y no Roxie, que en muchas escenas se gana la platea?


S.G.:
Me atrae lo que le pasa, su fragilidad, sus arrebatos. Además, me encantan los cuadros musicales de Velma.

P.: ¿Cuándo empezaron los ensayos?

S.G.: El 13 de noviembre. La obra nos la enseñaron completa en 13 días. Aprendimos coreografías, escenas, canciones, hilación de la obra. Eso con Gary Chryst, el coreógrafo repositor, con Steven Freeman, director musical americano y Gerardo Gardelín, director musical local. Luego la vinieron a supervisar el director residente de Londres, Nigel West. Después vino Walter Bobbie, director de la obra, que por su puesta en Broadway ganó los premios Tony, Drama Desk, etcétera. De ahí en adelante ensayos y ajustes sólo parando para las fiestas de fin de año.

P.: ¿Las dimensiones del teatro Opera son semejantes a las de los teatros donde se hace «Chicago» en Estados Unidos?


S.G.:
Son un poco más grandes. Pero se redujo para que fuera exactamente igual que en Broadway, Las Vegas, Londres, la India o Tokio. En todo la versión argentina es idéntica a las otras.

P.: ¿Cómo se lleva el elenco?

S.G.:
Los bailarines son los más experimentados de la Argentina, le llamamos «el bataclanaje». Venimos trabajando en musicales desde hace 15 años. Fabio Gigli trabajó conmigo en «Gipsy». Gustavo Wons en «Broadway». Con Pastora Barrios estuvimos en el programa de Badía. Es más de una década de conocernos.

P.: ¿Cómo ve al resto?

S.G.:
El trabajo de María Rosa Fugazot va a sorprender a muchos por cómo canta, como el de Salo Pasik o el abogado chanta que hace Rodolfo Valss.

P.: ¿Y con su contraparte, Alejandra Radano, que hace Roxie?


S.G.:
Nunca habíamos trabajado juntas. Siempre nos confundían, porque tenemos como una lejana similitud. En las pruebas para «Evita» que hizo Oliver Stone quedamos finalistas, después Stone se salió del proyecto. La vi actuar varias veces, por ejemplo en «Tango Review», que me encantó. No pude verla en «La Bella y la Bestia», que todos dicen que estaba muy bien.

P.: ¿Qué las enfrenta en el musical?


S.G.:
Esa lucha por el poder, por manipular, por seducir, por conquistar popularidad, no pasa del escenario. Tenemos en claro que es un duelo de los personajes a favor de la obra. El cuadro final nos une, y nos juntamos a ensayarlo, a buscar que nos salga perfecto. En los intervalos pasamos ese cuadro que se llama «dos que bailan como una» y queremos que eso se transmita a la gente, la complicidad, el humor, el que ya no competimos. Siempre manteniendo la coreografía, que no es la de Ann Reinking sino la original de Bob Fosse.

P.: ¿Van a hacer sólo diez semanas?


S.G.:
El espectáculo supuestamente va a seguir. No sabemos si saldrá de gira por el país, si vamos a Chile, si se va a mudar de teatro. En el Opera vamos a estar diez semanas, y no hay nada confirmado porque allí viene «El fantasma de la ópera».

P.: ¿Cómo les fue con el público en las funciones preestreno?


S.G.:
Muy bien. Yo tenía un poco de miedo porque «Chicago» no tiene la espectacularidad de «Los miserables», «La Bella y la Bestia», «Drácula» o «El fantasma de la opera», que son megamusicales; en «Chicago» está todo apoyado en nosotros y, sin embargo, la gente responde como en otros países donde está instalado este musical desde hace años.

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