2 de julio 2004 - 00:00

"Fulanos" recupera la magia del circo

Antes que la destreza de sus intérpretes oficiantes (que la tienen), el nuevo espectáculo de Gerardo Hochman se apoya en la magia de unos cuadros que atrapan a grandes y a chicos.
Antes que la destreza de sus intérpretes oficiantes (que la tienen), el nuevo espectáculo de Gerardo Hochman se apoya en la magia de unos cuadros que atrapan a grandes y a chicos.
«Fulanos (alguien, algunos, nadie, ninguno)». Idea y Dir.: G. Hochman. Int.: C. Della Negra, L. Baglivo, L. Martín, L. Mosca, M. Plaul y F. Valeri. Voz en off: M. Xicarts. Coreog.: T. Duggan. Mús.: E. Zvetelman. Vest.: L. Molina. Ilum.: Eli Sirlin. Esc.: M. Valiente. (Teatro de la Ribera.)

Ya desde sus comienzos al frente de La Trup (la primera compañía argentina que investigó en las posibilidades teatrales del «nuevo circo», según el modelo difundido por el famoso Cirque du Soleil), Gerardo Hochman adoptó la acrobacia -y demás técnicas circenses-como un elemento lúdico capaz de transmitir, a grandes y chicos, las más variadas emociones.

El creador de «Gala», «Ronda», «Bellas artes» y «Vibra», entre otros espectáculos, ha logrado una buena fusión de circo, danza, música y teatro, de manera tal que lo que acontece en escena ya no se apoya en el impacto de determinadas destrezas, sino en la magia de sus cuadros y, sobre todo, en la gozosa vitalidad de sus jóvenes intérpretes.

En «Fulanos», todo el juego teatral gira en torno a un conjunto de escaleras de diversos tamaños, cuyas infinitas posibilidades de uso, manipulación y ubicación permiten armar situaciones de gran encanto y comicidad. De no ser por el simpático cuadro «Instrucciones para el uso de escaleras», el público se olvidaría de ellas, ya que los chicos del elenco son capaces de transformarlas en montañas, hamacas, ascensores y hasta en potros salvajes.

La música y la iluminación también ocupan un rol preponderante en todas las escenas, ambos rubros acompañan -y en cierta forma completan-los diferentes registros emotivos y ambientales que sugiere la acción. Los contenidos de la obra están al alcance de todo el mundo, e incluso los más chicos ríen con las escenas de amor. Tal como lo explica Hochman en el programa de mano, estos personajes «son fulanos porque lo que les pasa, puede pasarle a cualquiera».

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