En su nueva
muestra,
dedicada al
fallecido
bailarín Freddy
Romero,
Cristina
Santander
vuelve a rendir
homenaje al
grabado en sí,
disciplina de la
que ella es uno
de sus
máximos
exponentes.
Desde que en 1968 ganara el Primer Premio de la Bienal de Grabado de Ibiza, España, Cristina Santander es un nombre destacado de nuestro panorama plástico y de una disciplina en la que ha obtenido los más importantes premios, entre ellos, el Facio Hébequer otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes (1993). Premios a la Trayectoria, Diez Jóvenes Sobresalientes, en Pintura y Dibujo además de otros premios internacionales dan cuenta de una actividad sin tregua, de su constante investigación, innovación y riesgo para lograr un grado de excelencia en el empleo de diversas técnicas.
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Santander se identifica con España, país que ha recorrido y donde ha expuesto junto a Chillida, Muñoz, Clavé, Tapies -verdadero honor para una artista argentina- cuya obra además, figura en la colección privada de la Reina Sofía. Se ha internado en El Prado a reflexionar sobre Velásquez, Goya, Zurbarán, El Greco, cuyo espíritu ha incorporado a sus imágenes enraizadas en la tierra ancestral. Su vasta trayectoria exhibe las huellas de sus largas estadías en Madrid y París. Aquí, Stanley W. Hayter la invitó a trabajar en su famoso Atelier 17 y sus enseñanzas enriquecieron su mundo creador que le permitió abordar con gran libertad las series «Watteau» o «Los Puentes».
Mucho mundo ha recorrido esta artista que vuelve a exponer en Buenos Aires después de su última muestra en 2001. Lo hace en Galería Agalma ( Libertad 1389), con las series «Suite Española», que la identifican con los pintores admirados y la tierra amada pero lejos de una citación literal, y «Amazonia» en la que la artista plantea «la defensa de la Naturaleza y del Planeta, creación de Dios». No obstante las catástrofes de todo tipo, en Santander se encuentra una visión del mundo alejada de lo sombrío y que se debe, como lo señaló el crítico Fermín Fevre que acompañó muy de cerca el quehacer de esta artista, «a una posibilidad vivencial esperanzada que se nutre en una fe trascendente». De allí y como ejemplo, la vestimenta de una de sus meninas adornada con pasajes de la Biblia. Esta exposición dedicada in memoriam al destacado bailarín Freddy Romero revela un sutil movimiento de las formas de los cuerpos, la luminosidad de candilejas, los colores vibrantes, los arabescos de polleras y mantones en los que juega con el «japonisme», la inclusión de múltiples en bronce a una serie en tonalidades sepias, algo inusual en Santander. Los grabados están intervenidos, la pintura está intervenida por el grabado, el gofrado está despojado del color, pero, éste a su vez hipnotiza y encandila en la visión del conjunto.
Siempre innovadora no rechaza la tecnología pero la imita en los pixeles con los que pinta su «Puma» (2006), acrílico sobre tela, se afirma la elegancia de los arabescos y los colores netos conseguidos de «Tres Meninas» inventa un bosque lumínico, técnica mixta sobre papel japonés con hilos rojos. No hay vacilación en Santander. Una vez señalamos que cada vez que expone le rinde un homenaje frontal a su oficio y a su creatividad. Esta exposición lo confirma una vez más. Hasta el 4 de septiembre.
* En el Espacio Fotográfico del Teatro de la Ribera (Av. Pedro de Mendoza 1821) dirigido por Juan Travnik se inaugurael sábado 19 a las 12.30 la tercera exposición «Hay Camino» del Grupo Contraluz, en el marco de las actividades de los XIV Encuentros Abiertos del Festival de la Luz 2006. Sus integrantes son adolescentes y jóvenes estudiantes de fotografía de Ciudad Oculta que en esta ocasión realizaron las copias y participaron activamente en la selección final de los trabajos expuestos. En esta muestra cada uno de los integrantes recorre con su mirada el barrio, sus afectos, el mundo más próximo y cotidiano así como el juego de la fantasía y el ensueño.
Algunas obras asombran por la audacia de los encuadres o el uso de la luz y otras por su ternura e ingenuidad pero, como lo señala Travnik, estas diferencias confirman la autenticidad que aparece en las fotografías. Debe destacarse el apoyo voluntario de docentes, personas e instituciones que posibilitaron la realización de dos exposiciones, una en París y otra en Munich con singular repercusión. Notable esfuerzo conjunto que les permite tanto expresarse artísticamente como lograr una salida laboral. Clausura a mediados de octubre.
* También en el marco del Festival de la Luz expone Laura Cardoner fotografías en blanco y negro que captan el movimiento de aguas, ramas, el paisaje desfocalizado barrido por el viento. Delicadas y sutiles tomas que no caen en el decorativismo sino que nos recuerdan que la Naturaleza también existe; una cámara inquieta que ve más allá de nuestra mirada, un aire de frescura entre tanta foto testimonial de horrores cotidianos. Suipacha 1248. Hasta fin de mes.
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