"Hacer la segunda película es siempre lo más complicado"

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A siete años de su debut en «Herencia», Paula Hernández reaparece con un documental que ya está en cartelera, y una historia romántica bastante húmeda, «Lluvia», que terminará para octubre. Dialogamos con la directora sobre ambos trabajos, y algo más.

Periodista: ¿Qué hizo usted entre «Herencia» y « Lluvia»?

Paula Hernández: Filmé mucho. Por ejemplo, el capítulo 7 de «Vientos de agua» (cuando llega la hermana), un corto de «Mujeres al rojo», y, sobre todo, mucha publicidad, que es el entrenamiento más fuerte: se aprende lo que debe durar un plano, distintas formas de relatos, cosas mínimas y grandes. Todo es aprendizaje.

P.: Y eso le permitió hacer llover.

P.H.: Tremendo. De 38 días de rodaje, 25 fueron con lluvia artificial. Usé todo tipo de recursos: torres con duchadoras, una grúa con brazo giratorio capaz de arrojar agua hasta una cuadra de distancia, autos en marcha recibiendo la lluvia encima mediante un trailer con un tanque de agua, todo muy complicado, filmando en un túnel de Lanús, donde Ernesto Alterio y Valeria Bertucelli se conocen durante un embotellamiento, y en Diagonal Norte, Tres Sargentos, 25 de Mayo, y otras partes del microcentro.

P.: ¿Y no hubo lluvia verdadera?

P.H.: Sí, justo un día que estábamos haciendo interiores. No lo podía creer.

P.: El año pasado no pudo rodar.

P.H.: Con «Herencia» presenté el guión a concurso, gané, bien. Para «Lluvia», reunir el dinero fue mucho más difícil, tuve la conciencia real de hacer una película. Listos para filmar, surgió un problema financiero. Además, Valeria estaba embarazada. Como acto de sanidad, bajé la persiana. Y en ese momento el productor Rolo Azpeitía me invitó a almorzar y me preguntó «¿qué sabés de los Lugones? Queremos que hagas un documental para la serie Vidas Argentinas de 'Caras y Caretas'». Me puse a leer dos meses en la Biblioteca Nacional, hice entrevistas, las enhebré con la ficción de dos chicos que de vacaciones en el Tigre se enteran del drama de esta familia (padre, hijo y biznieto se matan, la nieta se hace matar), hago convivir testimonios y documentos con un recurso tipo collage. Graciela Maglie, coguionista, me ayudó mucho.

P.: Encontraron a la amiga de la novia secreta de Lugones.

P.H.: María Inés Cárdenas de Monner Sans, una señora de 96 años con una lucidez impresionante, muy preocupada por el destino de las dos carpetas con fotos y cartas de amor de Lugones a Emilia, que ésta le había dejado. Tras el suicidio de Lugones, Emilia, que era muy joven, quedó soltera, viviendo de recuerdos. Y hoy María Inés, que fue su compañera en el profesorado, cultiva el recuerdo de esa amistad.

P.: Es muy interesante cuando los chicos leen una de esas cartas, con el reflejo de la luna en el muelle.

P.H.: Armamos ese plano pensando en la manera en que Lugones veía la naturaleza. También su biznieto Alejandro pasó sus últimos meses en contacto con la naturaleza.

P.: Y ambos se mataron en el Tigre.

P.H.: Me impresionó mucho cuando leí el diario suyo, muy inconexo pero con brillantes ideas y juegos de palabras. Es intenso, leer la intimidad de alguien que está por matarse. Un chico hipersensible, muy inteligente, de una sensibilidad muy particular. Más allá que la madre fuera fascinante, no creo que a él le resultara fácil crecer en ese contexto. Además, fue amigo de Tanguito, de Manolo Belloni, el hijo de Lili Mazzaferro (en cine, Lili Gacel), que se mataron. No sé. Y poco antes se había matado el abuelo Polo.

P.: El torturador, el malo de la película, muerto recién a los 72 años.

P.H.: Tenía cosas muy complejas, rebuscadas, inclusive para escribir, en una fea competencia con el padre. Se cuentan historias muy desagradables, no sé si todas serán ciertas. Seguramente también tuvo algún costado humano. Me costó indagar. Al final terminó solo, alejado de la familia, con mal de Parkinson. También es cierto que nadie nace de la nada. Su padre el poeta era manejador, egocéntrico, con un lado perverso, según se advierte en sus cartas (tuve los originales en mis manos).

P.: Quizá también la mujer de Lugones tuvo alguna culpa. En las fotos oficiales se la ve fea y con cara de mala. ¿Qué cuentan hoy los otros dos biznietos?

P.H.: Contactamos muy tarde a una hija de Carel. Pero Tabita, que vive en Francia, fue de una generosidad enorme, me prestó fotos, me contó cosas, me mandó páginas de un libro que está escribiendo sobre la familia, con una mirada más íntima, escritas con el mismo humor que el hermano, o que Piri, su madre, contando cosas trágicas en tono irónico. Por ahí dice, por ejemplo, «como si Alejandro se hubiera hecho cargo de la herencia familiar, murió para que nosotros viviéramos». Pienso que cada uno de los cuatro se fue sintiendo muy solo. Por eso tomaron esa misma decisión. Además, como dice Noé Jitrik en el documental, a cada uno le pesaba mucho la pérdida de sentido de su propio mundo. Quizá los Lugones tenían algo de omnipotencia, que les impidió convivir con el mundo real.

P.: ¿Y los personajes de «Lluvia»? ¿Al final sale el sol para ellos?

P.H.: Sí, un poco. No al modo hollywoodense, pero sale, porque se trata de una historia de amor, de encuentro, donde cada uno encuentra lo que está necesitando. La vida es así, por ahí uno busca algo y encuentra otras cosas en el medio, y descubre que eran justo lo que precisaba para ese momento. Yo en eso también me siento más armada, más centrada, con más experiencia.

Entrevista de Paraná Sendrós

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