Los Angeles.- Cuando la batalla por el rating les está dando la victoria más clara a los programas de contenidos reales («Survivor», « Big Brother» y sus sucedáneos internacionales), la ficción busca la revancha.
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Una nueva serie de la cadena HBO se propone instalar el debate, y seguramente lo logrará. La nueva emisión intenta superar la crudeza de «Sex and the City», el realismo del penal de máxima seguridad de « Oz», y la repercusión de la mafiosa y psicoanalizada familia de «Los sopranos». En los EE.UU. el próximo domingo se lanza « Queer as Folk» (en español se va a llamar « Chicos raros»), que dramatizará vidas de personajes homosexuales aunque con una audacia mayor que lo que se vio hasta el momento por televisión.
La serie se rebela contra las reglas televisivas que, aunque siempre implícitas, establecen límites precisos sobre lo que se puede o no admitir acerca de lo que se transmite normalmente. «Queer as Folk» privilegiará entre sus historias las conductas homosexuales, avanzando inclusive en algunas osadías gráficas no habituales hasta el momento.
A decir verdad, «Queer as Folk» tiene su antecedente en una serie británica que, bajo el mismo título y desde el género de la comedia negra, abordó las experiencias de un grupo gay en Manchester. A pesar de sus multipremiados resultados, debió enfrentar numerosas críticas provenientes de los más variados sectores.
Desde los más liberales se cuestionó que aquella serie sólo se basaba en un ámbito de la vida gay, la disco, y caía en estereotipos tales como la obsesión con la juventud eterna y el estar permanentemente en forma. Sin embargo, las críticas más virulentas provinieron de la inclusión, en uno de los capítulos, de la relación homosexual entre un publicista de 29 años y un menor de 15.
A pesar de los comentarios, la intensa cobertura mediática, la popularidad del programa y sus cifras de rating parecieron responder no sólo a las audacias sexuales sino también a sus personajes provocadores y exóticos. Los productores norteamericanos estudiaron detalladamente las repercusiones, los aciertos y los fracasos del invento inglés y se propusieron lanzar algo similar.
Pero los responsables de la serie norteamericana encomendaron a los guionistas (ganadores del premio Emmy por «Sisters») que fueran todavía más explícitos que la serie británica. Por eso, entre los personajes se destaca una pareja de mujeres lesbianas con un bebé recién nacido y dos de las madres de los hombres homosexuales.
La copia norteamericana reformulada se centra en un grupo de cinco hombres homosexuales que pasan la mayoría de sus noches en discos gay o buscando parejas ocasionales con quienes tener sexo. El protagonista, Brian, interpretado por Gale Harold, es un seductor ejecutivo de una agencia de publicidad que se rebela en su promiscuidad.
Entabla una relación con un joven, pero esta vez no un menor como el inglés, sino que ya tiene 18. En el caso norteamericano se da, además, importancia a las relaciones previas entre las mujeres lesbianas y sus antiguos novios. Con este nuevo lanzamiento la cadena HBO busca, sin duda, captar un mayor número de televidentes pagos pero, además, reinstalará el debate en lo referente a los contenidos televisivos. La televisión abierta norteamericana se verá en desventaja para competir con este tipo de propuestas, en un marco en el que políticamente se la insta a disminuir la cantidad de malas palabras (que se censuran con un pitido electrónico), las escenas de sexo y el enfoque de realismo crudo. Está claro que las reglas con las que juegan los canales de cable son bien distintas. HBO ya probó, con sobrado éxito, la fórmula de las historias con algún tema tabú. Ahora, la competencia de los programas de realidad no hace más que incrementar el voltaje de esa fórmula.
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