12 de mayo 2003 - 00:00

Imaginativa obra sobre un Don Juan viejo y achacoso

Imaginativa obra sobre un Don Juan viejo y achacoso
«Donde más duele». Dir.: R. Bartís. Int.: M. Onetto, G. Ditisheim, A. Couceyo, F. Llosa. Mús.: C. Baliero. Ilum.: J. Pastorino. (Sportivo Teatral).

Una vieja casona de los su burbios en la que viven tres hermanas y un hombre avejentado y enfermo es el marco elegido por el director Ricardo Bartís para una inquietante aproximación al universo de las fantasías femeninas, a partir del mito de Don Juan.

Arquetipo del individuo que se rebela contra toda norma establecida -social o religiosa-en defensa de su instinto de placer, este atractivo personaje, creado por Tirso de Molina en «El burlador de Sevilla», sirvió de fuente de inspiración a una inagotable lista de autores ( Molière, entre los más destacados) que continúa hasta nuestros días.

El Don Juan de Bartís arremete contra el mito literario tomando su costado más popular: el del amante en fuga que deja sus deudas amorosas sin pagar y a cuyos pies caen rendidas todas las mujeres. Sólo que aquí el personaje ha sido atravesado por la realidad argentina y ya no es ni la sombra de lo que fue o de lo que alguna vez pretendió ser.

Hoy este ex galán, interpretado por Fernando Llosa con gran sutileza y frescura. Las mujeres del viejo Don Juan hostigan al seductor achacoso, que ahora camina con dificultad y tiene problemas de próstata y deambula por la casa perdido en sus pensamientos, con su bolsita médica a cuestas y sin atender demasiado a las demandas con que lo hostigan -y a la vez mitifican-las mujeres de la casa. La recreación de su pasado donjuanesco corre por cuenta de un trío femenino, cuyas integrantes (magníficas actuaciones de María Onetto, Gabriela Ditisheim, Analía Couceyo) no cesan de explorar sus cuerpos -y el de sus hermanas-obsesionadas por ese hombre único que tiene la obligación de «encenderlas», ya que ése es el lugar que le han asignado en sus fantasías.

No importa que la realidad les muestre el cuerpo impasible de un hombre ausente, de un fantoche tragicómico que ellas insisten en convertir en el amante ideal; sus intentos por acceder al temor y temblor de esa experiencia fantaseada fracasan siempre.

«Donde más duele»
es un espectáculo de exquisita factura, incluyendo su ambientación, utilería y la original utilización de un patio al aire libre irrumpiendo en el espacio escénico. En el teatro de Bartis la narración nunca es lineal sino que está construida a base de innumerables capas de sentido. Las escenas se entrelazan con fluidez a pesar de la sinuosidad del relato que liga situaciones reconocibles y cotidianas con rituales de rica significación simbólica.

Este material podría resultar un festín para un psicoanalista lacaniano y también para todo amante del rito teatral y la literatura, ya que la obra incluye a ambos géneros como tema, en tanto productos íntimamente ligados a la reparación de una gran ausencia. Pero nada de lo que acontece en escena puede resultarle ajeno a todo aquel espectador que esté dispuesto a jugar con sus propias fantasías y a disfrutar del costado tragicómico de estos cuatro personajes entrañables, que oscilan entre una carnalidad burda y ciega y un erotismo a veces poético, otras patético, pero siempre desesperado.

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