«Antigona, Linaje de hembras», de J. Huertas. Dir.: R. Aguirre. Mús.: E. Zvetelman. Int.: M.P. Company, I. Pantoff, V. Calderón, S. Ruivo, M. Barreiro (Centro Cultural San Martín).
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La «Antígona» de Sófocles es una de las obras más extraordinarias y conmovedoras de todos los tiempos. Concisa, bella, desarrolla una trama en que se plantean y resuelven problemas que nunca dejarán de tener vigencia: la supremacía de la Ley divina sobre la humana, el enfrentamiento generacional, el amor entre hermanas separadas por un distinto concepto de la vida, el rigor del poder destinado a mantener el orden por sobre la piedad, y la fuerza del amor que consigue imponerse después de la muerte. Antígona, Ismena, Creón, Hemón son personajes delineados con firmeza y sutil penetración. La pieza tiene una impresionante actualidad y su tema a atraído a numerosos autores, desde Anouilh a Marechal, por citar sólo algunos. Los dos trasladaron la acción en el tiempo y en el espacio para acercarla más al público del momento. Pero, aunque ambas piezas son afortunadas, mucha de la fuerza original se pierde.
Lo mismo hace Jorge Huertas, que incorpora a Eva Perón, la embalsamada peregrina («que actúa en el mismo plano de intervención de los semidioses o héroes míticos de la tragedia griega», al decir del director Roberto Aguirre) y el fantasma de Jorge Luis Borges como Tiresias. También se ha valido de la historia para hablar de los desaparecidos, incorporando innumerables letras tangueras y culminando con la aparición de la Esfinge en la Costanera, «desde donde lanza el oráculo que toda la ciudad de Buenos Aires y la Argentina misma deberán descifrar». Aguirre ha optado por poner a todos los personajes (excepto Creón) en manos de mujeres que por momentos componen un coro «que devela el sentido del protagonismo político y social de las mujeres en la Argentina».
El acto singular de Antígona, su seguridad y valor, que la hacen enfrentarse cara a cara con el poder de los hombres encarnado en su tío, para cumplir con una ley más alta, pierde así su significado. Los caracteres se desdibujan y la trama se torna incomprensible. Antígona está ausente de la pieza, que se podría haber llamado de cualquier otra forma. El título es sólo un cebo para atraer espectadores desprevenidos.