11 de marzo 2021 - 00:01

Ingrid Pelicori y Osmar Núñez recrean una pasión tormentosa

La obra, que dramatiza el vínculo de cuatro décadas entre los dos artistas suecos, se estrenará mañana como reapertura del Teatro 25 de Mayo.

Bergman y Liv. Osmar Núñez (Ingmar Bergman), Leonor Manso (dirección) e Ingrid Pelicori (Liv Ullmann).

Bergman y Liv. Osmar Núñez (Ingmar Bergman), Leonor Manso (dirección) e Ingrid Pelicori (Liv Ullmann).

¨Bergman me transmitía tanta intensidad que cada una de sus películas era toda una experiencia. Fue un artista muy libre¨, dice Ingrid Pelicori a propósito del estreno de “Bergman y Liv. Correspondencia amorosa¨, que protagoniza junto a Osmar Núñez con dirección de Leonor Manso. La obra, que relata a través de cartas el vínculo personal y artístico que tuvieron Ingmar Bergman y Liv Ullmann a lo largo de cuarenta años, marca la reapertura del Centro Cultural 25 de Mayo, dependiente del Complejo Teatral de Buenos Aires. Dialogamos con Pelicori y Núñez.

Periodista: ¿Qué detalles tomaron de las biografías de Bergman y Ullmann para componerlos?

Ingrid Pelicori: Liv me parece una mujer admirable, de una gran humanidad. En nuestra obra no intentamos que yo “componga a Liv Ullmann”. La propuesta fue poder dar testimonio del proceso de crecimiento que realizó esta artista. La obra comienza cuando ella recién se separa de Bergman, y todavía está fresco el sufrimiento, pero también todo lo padecido en el vínculo, que tuvo aspectos tortuosos.

Osmar Núñez: Rescatar detalles de la vida de Bergman es rescatar su cine, donde está puesto todo lo que tiene que ver con su vida, sus miedos, demonios, inseguridades y una infancia tremenda. He visto sus películas y al leer su biografía me acerqué más a ese universo tan privado, a ese niño contradictorio, iracundo, amoroso. Rescato su pasión, su deseo por estar en un set de filmación, escribir un guión o montar una obra teatral. Ahí tengo un punto en contacto muy fuerte con él.

P.: ¿Cómo fue el vínculo de 40 años?

I.P.: Comenzó con las características del amor romántico y su pesadilla. Después de un comienzo de mutua fascinación, la relación fue cayendo en un infierno de celos y posesión por parte de Bergman. Ella cortó esa relación, se fue con la hija de ambos y asumió sola la responsabilidad. La obra cuenta cómo revisaron el vínculo, lo repararon y convirtieron en una amistad profunda entre iguales.

O.N.: Su relación amorosa duró cinco años nada más pero a través del tiempo se creó una profunda amistad y un vínculo amoroso y artístico eterno. Como diría Bergman, “Liv Ullmann fue su Stradivarius”. Creo que no sólo se refería al arte sino a su vida juntos.

P.: ¿Qué pueden decir de otros temas de la obra como la creación, el teatro, la actuación?

I.P.: Bergman y Ullmann fueron artistas apasionados, que reflexionaron mucho sobre su profesión y que asumieron con un compromiso y una profundidad notables. Me resultan reveladores sus pensamientos sobre su trabajo y su recorrido artístico. Curiosamente los dos en algún momento necesitaron hacer un paréntesis. Liv durante un período estuvo muy dedicada a su tarea con la Unicef. Bergman dejó de hacer cine y sólo de dedicó al teatro y a escribir.

O.N.: Qué maravilla que haya podido poner todo su deseo, vocación, necesidad y creatividad al servicio de los otros y poder encontrarse. Es un objetivo que tenemos la mayoría de los artistas, encontrarnos con el espectador, sacarlos de su zona de confort, darles un golpe en la espina dorsal, todo eso que tenía de revulsivo para provocar. Uno quiere ser querido y comprendido a través del arte.

P.: ¿ Qué películas los marcaron?

I.P.: Las que vi en mi adolescencia, “Escenas de la vida conyugal”, “Cara a cara”, “Gritos y susurros”. Era una época de grandes directores, Fellini, Visconti. Y Bergman me transmitía tanta originalidad, Las actuaciones, los primeros planos me resultaban hipnóticos. Y los temas me sacudían. Su cine es también poesía y a la vez teatro.

O.N.: Las primeras que vi de muy chico fueron “Gritos y susurros” y “El silencio”, esta última mi favorita. Pero la película que me marcó fue “Pieza inconclusa para piano mecánico”, de Nikita Mijalkov. Él y Bergman son dos cineastas que admiro profundamente .

P.: ¿Cómo se estructuró la puesta para que este intercambio epistolar resultara ágil para la escena?

I.P.: Leonor Manso concibió todo el trabajo para que la actuación fuera viva y encarnada. Las cartas son un recurso dramático, nos permiten recorrer el vínculo y su transformación. Pero nuestro trabajo tiene la impronta de quien está confesando sus verdades profundas, sus distintos climas emocionales.

O.N.: La correspondencia no se lee, se actúa. Hay un atril, texto, luz, imagen, es un homenaje a estos dos genios. En la puesta está subrayado el teatro; uno revive todo eso, es como un encuentro sin encuentro físico, pero a través de las palabras y necesidades de personajes, que van explotando en escena.

P.: ¿Cómo es volver a un teatro del Complejo tras casi un año de comenzada la cuarentena?

I.P.: La obra se adecua bien a los protocolos ya que no necesitamos ninguna proximidad. Como fue concebida en pandemia, todo fue pensado dentro de las limitaciones del momento. Después de un año de barbijos, alcohol en gel, distancia social, creo que ya estamos acostumbrados y lo fuimos integrando a nuestra cotidianidad.

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