«Top dogs» de U. Widmer. Dir.: C. Drut. Int.: J. Acuña, F. Bril, E. Fagnani, B. Gagliano, A. Garibaldi, U. Milsztein y J. Rodríguez. Mús.: E. Rudnitzky y G. Dvoskin. Vest.: C. Alassia. Esc. e ilum.: G. Caputo. (TGSM. Sala Cunill Cabanellas.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
L os protagonistas de «Top dogs» son altos ejecutivos acostumbrados a tomar importantes decisiones en empresas de primera línea; pero, una imprevista reestructuración los ha dejado sin empleo, obligándolos a aceptar la ayuda de una empresa líder en outplacement (término que alude a la reubicación de personal jerárquico).
Esta pieza del suizo Urs Widmer (1938) -presentada hace dos años en un ciclo de teatro semimontado del Instituto Goethe-exhibe un interés casi documentalista por el tema. Es obvio que el autor ha investigado a conciencia dentro del mundo empresarial y económico, tal como lo demuestra la jerga que manejan sus protagonistas. De esta manera el público se convierte en testigo de las distintas etapas de entrenamiento que deberán atravesar estos desempleados de «cuello blanco» para superar sus crisis de identidad y su baja autoestima.
La pieza aborda una temática que recuerda a la del film «El empleo del tiempo», del cineasta francés Laurent Cantet. Aquí también hay personajes que fingen ante sus familias para no confesar que perdieron sus puestos de jerarquía. La obra de Widmer pone sobre el tapete la alienante situación del hombre actual que no puede concebirse a sí mismo como un ser autónomo y trascendente. Aún así, la tensión que viven los protagonistas de «Top dogs» no llega a resultar verdaderamente angustiosa, debido en parte al humor negro de algunas situaciones y a las constantes ironías que el autor vuelca sobre sus personajes. Más que inspirar lástima éstos provocan un marcado distanciamiento en el espectador. Muchas de sus dificultades han sido expuestas con comicidad, al igual que sus torpes incursiones en las terapias de rol playing o las insólitas anécdotas que algunos relatan para ejemplificar su negación ante el conflicto. El director Cristian Drut obtuvo un muy buen desempeño por parte de sus actores, pero parece algo intimidado frente a un texto que pedía un mayor grado de delirio. Sólo algunas escenas llegan a transmitir un vibrante juego escénico; no obstante, vale la pena conocer esta atípica propuesta teatral.
Dejá tu comentario