Hasta no hace mucho era sólo un aspirante a músico, estudiante de física en la Universidad de Rio de Janeiro. Un poco la casualidad y las influencias que siempre son muy fuertes, lo llevaron a convertirse en un profesional de la canción. Y, por lo que se ha visto en su disco debut -«Máquina de escribir música»- y en los conciertos de presentación el público porteño, puede llegar a ser un artista muy interesante.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Le sobra carisma y, sobre todo con el público femenino, alcanzó un altísimo grado de aceptación aun antes de comenzar su recital, apenas se sentó en el medio del escenario y sonrió a la sala. A partir de ese momento, con el respaldo de dos músicos absolutamente heterodoxos (Alexandre Kassin toca un bajo que «samplea» en muchos pasajes del concierto, y Domenico Lancellotti hace malabares con su máquina de ritmos y con algunos accesorios de percusión), Moreno Veloso recorrió buena parte del material del disco e introdujo algunos temas nuevos.
Su base está en el samba y, desde allí, parte hacia el funk, el pop, el reggae, el bolero. Siempre el eje está en «la canción» -y pueden descubrirse algunas muy buenas piezas-, pero el tratamiento que les da rompe con el esquema clásico de melodía acompañada.
Salvo excepciones, la voz queda en segundo plano y la mayor atención está en el sonido, en los juegos instrumentales. Y ni siquiera faltan algunas bromas, como la deformación irónica de «I'm wishing» -de la película «Blancanieves»-, algo que en cambio no sucede en el disco. Sin dudas, habrá que esperarlo un poco. Habría que ver qué sucedería con un productor que orientara su carrera, con una banda más profesional. Y habrá que saber también si, a partir de ahora, puede ir desarrollando un lenguaje más propio que no lo ligue tanto a las referencias inevitables de Gilberto Gil, de Chico Buarque y, fundamentalmente, de Caetano Veloso.
Dejá tu comentario