“Internet liberó a la literatura de la idea de deber para el colegio”

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El escritor y youtuber español habla de su nuevo libro y sobre cómo cambiaron los hábitos de lectura.

Cientos de millennials rodean al escritor y youtuber madrileño Javier Ruescas cada vez que se presenta en ciudades de habla española. Ruescas lleva vendidos más de 200 mil libros que pasan mano en mano entre sus fans. Vino al país a presentar "Prohibido creer en historias de amor" (Penguin) ya contratado para serie de televisión. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Las redes sociales lo hicieron popular entre los jóvenes?

Javier Ruescas: Yo no nací con las redes sociales, pero las he utilizado de forma orgánica, son parte de mi vida. Cuando empecé a publicar, tenía gente que me conocía en las redes sociales. Era natural para mí comentar con ellos libros o lo que fuera. Eso fue evolucionando y abrí mi canal en YouTube. Internet es una forma de conectar a mucha gente que se siente sola en sus círculos. Hay muchos chicos que no tienen gente que lea a su alrededor, familiares, amigos, en el colegio. Los ven como raros porque leen. Gracias a las comunidades que se generan en los canales de YouTube, en Twitter, se dan cuenta de que no están solos y que hay en otro país, en otra ciudad, o por ahí en el mismo barrio, gente a la que le gusta lo mismo. Durante años relacionamos a la literatura con los deberes, con el colegio. Si lees cinco páginas, te dejamos jugar con la Play; si lees un capítulo, puedes salir con tus amigos. Con las nuevas tecnologías hemos dado vuelta eso. Ahora si no lees, no interesas. Y eso se abre a todas partes. El último video que he subido es sobre El Lazarillo de Tormes. Hablo de clásicos, de novelas de adultos, de poesía, de todo. El público juvenil es muy agradecido, disfruta las historias, las vive, las hace suyas. No se queda con la historia, la comparte, la dibuja, te la comenta por las redes.

P.: ¿Rowling con su Harry Potter produjo una generación de chicos que leen?, ¿expandió el fenómeno o supo instalarse en algo que se estaba produciendo?

J.R.: Cuando Rowling publicó su saga, ese tipo de literatura sólo parecía conectada con los colegios por educativa, pero Harry Potter tenía otra vertiente, su lado comercial. Provocaba la ola de querer hablar de Harry, de no quedarse afuera. Y las editoriales que no quisieron quedarse fuera se pusieron las pilas. Rowling dio el pistoletazo, abrió el camino a otras novelas, otros géneros, otros autores. Luego vinieron libros, como la saga "Crepúsculo", que dieron oportunidad a otro tipo de literatura. Los de Rowling son libros llave que no sólo han abierto la mente de muchos lectores, sino también de la industria. Los lectores estábamos esperando y no sabíamos qué. Un lector no sabe lo qué quiere hasta que lo tiene delante, y luego dice esto es lo que quería. Si no fuese así, sería fácil crear booms, pero crear una aventura que conecte con otros es el gran desafío. Nadie le dijo a Rowling que una historia de magos y leyendas era lo que los jóvenes estaban esperando. Ella supo encontrar la música de la soledad, la amistad, el diálogo con los adultos de igual a igual, que los chicos quieren, algo que nos enseñó a todos, a Rowling inclusive, el genial Roald Dahl, y es algo que yo instalo en mis libros, en la familia de "Prohibido creer en historias de amor".

P.: ¿Una familia que exhibe su vida en las redes?

J.R.: Aunque parezca ficción es real, está pasando. Hay muchas familias youtubers. Padres de 40 años con hijos de 8, de 5 que tienen su canal y se muestran. Hay un mercado inmenso. Es el consumo más grande en YouTube. Eso sitios reciben millones de visitas. Y eso es dinero. Y a veces mucho. Se recibe por lo que comercializa YouTube y por las acciones comerciales que la familia negocia, el lugar donde van, la ropa que usan, lo que comen. Yo he crecido en YouTube en los últimos 8 años, y he conocido youtubers con realidades muy extremas, de mucha opulencia y otras pequeñas. En mi canal busco dar contenidos. Hay gente que se graba para exhibirse. En Gran Hermano los que aparecían no sabían si los estaban grabando; éstos graban, editan, deciden lo que va a salir. Me parece terrible eso de vender la privacidad para ser alguien. Lo planteo en mi novela. Qué pasará con esos chicos de las redes cuando crezcan, cuando descubran que no todo es que te graben, te regalen cosas, te paguen. Es la Generación Z de chicos a los que les ponen una tablet por delante para que no molesten. Cali, en mi novela, es una chica que no quiere que todos sepan quién es antes de que se presente porque su familia la puso en las redes. Cali se siente ajena a su familia. Gerard, su novio, es una estrella de las redes, quiere proteger una parte de sí mismo y no lo logra. Cuando hablo de historias de amor no hablo de historias románticas, sino que el primer amor es a uno mismo y sin él no se puede querer a otro.

P.: Como youtuber, como profesor de escritura creativa, ¿qué hace cuando un chico o una chica de 11 años o un poco más le piden consejo?

J.R.: Les digo: ¿estás dispuesto a arriesgar muchas cosas, tiempo, estar solo, a pasarte dando vueltas a historias, a personajes, a recibir rechazos, frustrarte, bloquearte? ¿Estás dispuesto a encerrarte a trabajar sin saber cuándo lo que has hecho está realmente terminado, que es eso lo que querías contar? Pero también está la felicidad de encontrarte con tus lectores, de haber construido una obra.

P.: Con 30 años ya lleva 19 libros; ¿en qué está ahora?

J.R.: No son tantos, hay antologías, libros compartidos. He aprendido a tener una antena en el mercado, una ligazón con mis lectores. Ahora estoy trabajando en una novela que trata sobre el peligro de olvidar.

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