12 de agosto 2005 - 00:00

Isdatne renueva un arte milenario

La cerámica es un arte milenario que quizás se remonte al Preneolítico ya que las más antiguas muestras encontradas en Jarmo (Irak) datan de 700 a.c.. Vasijas de uso doméstico, vasos rituales y funerarios cuyos métodos de ejecución se fueron transmitiendo y desarrollando a través de las distintas civilizaciones. Ya la cultura preincaica tuvo un desarrollo escultórico con vasos en formas de figuras humanas, animales, casas, plantas además de los vasos retratos y los silbantes Mochica, Chancai, Chimú. Fue en el siglo XX y especialmente con Miró y Picasso que el aspecto utilitario de la cerámica quedó oculto para alcanzar un status artístico que combinaba la escultura policroma, la pintura y el collage.

Dora Isdatne
(1949), ganadora, entre otros, del Gran Premio de Honor del XLIV Salón Anual Internacional de Arte Cerámico-Museo Sívori 2002, presenta una importante muestra de esta disciplina. Su imagen está muy lejos de la alfarería y también de la de los grandes artistas mencionados. Pero sí está relacionada con la renovación en nuestro medio, iniciada en los años '50 y que hoy parece afianzarse en artistas de su generación que se han volcado a una concepción más acorde con la contemporaneidad. Sería interesante hacer un relevamiento de lo que está sucediendo en el arte del fuego para que no quede disperso así como lograr que se incluya esta disciplina en el Salón Manuel Belgrano.

El mundo de Isdatne es vegetal, en absoluto inofensivo, «un discurso autónomo pero a la vez capaz de subvertir de manera soberana la razón de todos los demás discursos...», según una cita de Theodor Adorno que la artista incluye en su catálogo. Cerámica esmaltada, hierro, plomo, acero inoxidable, de ejecución admirable, producto de su investigación y entrenamiento en Francia, país donde vivió entre 1970 y 1977. En «Esto no es un bosque», título muy a lo Magritte, no sería agradable perderse, y «Crepúsculo» provoca una sensación de intranquilidad. La serie «Zoomorfismo», formas dentadas, abigarradas, amenazantes, que la artista ha moldeado con manos diestras a través de un lenguaje indirecto que evita lo que es obvio y que está cargado de metáforas imaginativas. Galería Atica (Libertad 1240). Clausura el 27 de agosto.

El artista uruguayo Ricardo Pascale (1942) exhibe « Revelaciones de la Madera» en la Sala 9 de la Planta Baja del Centro Cultural Borges.

Nombre de por sí significativo en cuanto al carácter sacral que de ellas emana, especialmente «Sin Título III» (2003), una forma totémica que remata en un espacio-cruz policromado. «Sin Título II» (2003), de pequeño tamaño, cinco cruces que se desplazan secuencialmente, una detrás de la otra, y a las que se asciende por una estrecha escalera, símbolo de ascensión hacia la espiritualidad.Imaginamos a ambas obras en un espacio de llanura infinita.

«Revelaciones»
puede aplicarse al encuentro del artista con el material al que sólo corta, ensambla los fragmentos y deja que sus colores, vetas y texturas expresen su lenguaje, sonoro como el nombre de los árboles curupay o ibirapitá que les dieron origen en regiones guaraníes. Otros encuentros con el material provienen de muelles o fábricas abandonadas de su Montevideo natal.

El artista apela también al círculo. Un conjunto de siete ruedas de notable fuerza expresiva, cada una de ellas con ornamentaciones, también austeras, que las distinguen pero que están cargadas de significación como emblemas solares o lo misterioso de la rotación de lo cíclico. Formas esenciales, puras, un homenaje respetuoso a la naturaleza y sosiego para el que mira. Como señala la crítica de arte uruguaya Sarah Guerra, autora del prólogo, «en las obras de Pascale, se hace evidente la voluntad de forma que tiende a lo monumental». Esto puede corroborarse en las obras en espacios públicos como «Amaneciendo Verticalmente», en el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, «Viejo Lobo de Mar» en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, «Omaggio a Ca'Foscari» en Venecia, así como en diversas ciudades uruguayas. Clausura a fines de agosto.

• Adriana Fiterman
(1962) se hace y hace al contemplador varios interrogantes: ¿Dolor? ¿Amor? ¿Eficientes? ¿ Ineficientes? ¿Triunfo?. A través de estas preguntas quizás esté juzgando a su generación, la de la era tecnológica, globalizadora, competitivamente despiadada, en un mundo sin certezas.

Estas preguntas originadas en la duda, «un rasgo que impregna la razón crítica moderna, penetra en la vida de cada día y en la conciencia filosófica y constituye un aspecto existencial del mundo social contemporáneo». Estos conceptos del sociólogo inglés contemporáneo Anthony Giddens extraídos de «Modernidad e Identidad delYo» (El yo y la sociedad en la época contemporánea) pueden ayudar a reflexionar sobre estas imágenes fragmentadas.

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