2 de noviembre 2000 - 00:00

"JUHA"

L a historia es la de siempre: un campesino al rescate de su esposa, que lo abandonó, seducida por un proxeneta de la ciudad. La escribió Juhani Aho en 1911, ambientándola en el siglo XVIII, y convirtiéndola en una clásico de las letras finlandesas del siglo XX. Y la llevó al cine, en 1921, bajo el título «Johan (A través de los rápidos)», el maestro Mauritz Stiller, acaso para aquietar los ánimos después de su alegremente inmoral «Erotikon (hacia la felicidad)».«Johan» fue, entonces, el elogio del sacrificio amoroso, y la celebración de los grandes paisajes nórdicos al final del invierno, igual que en sus otras dos grandes obras, «El tesoro del señor Arne» y «La leyenda de Gosta Bering». Le siguieron, en 1937, Nyrki Tapiovaara, con un «Juha» sensible, provinciano, y, en 1956, Toivo Särkkä, estrenando para los suyos el Eastmancolor en Agascope, todo un suceso en su momento, acaso excesivo para el simple personaje del pobre enamorado. Ahora, en 1999, el reputado Aki Kaurismäki hizo un nuevo «Juha»: breve, algo risueño, algo amargo, pesimista como es a veces el propio director, ambientado hacia comienzos de los '60, con esa subcultura que tanto aprecia, pero mudo. El último film mudo del siglo, ha dicho.
•omenaje
De este modo, rinde homenaje a sus ancestros, y al mismo tiempo divierte a sus contemporáneos, a quienes disimula con afeites posmodernos la esencia melodramática del relato, pero descubriéndoles al mismo tiempo la expresiva belleza del cine mudo. Que, dicho sea de paso, nunca fue del todo mudo: siempre había alguna música de fondo, comentando o ambientando la acción en este caso, hasta hay unos tangos finlandeses, y muchas veces incluso había en la sala alguna máquina de ruidos, para simular tiros, portazos, o motores en marcha. El hombre supo tener esto en cuenta, a la hora de trabajar la banda sonora. Y supo aplicar también una enseñanza del gran René Clair, el maestro de Tapiovaara, cuando ambientó una comedia en la época de sus abuelos, en vez de hacerlo un siglo antes, como marcaba el texto original. Es que (siempre fue así) la época de los abuelos siempre nos causa un poco de gracia, y una íntima sensación de ternura.

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