Los anhelos y decepciones de los hijos de una acaudalada familia judía de Nordelta, dispuestos a aventurarse a conocer y vivir la realidad del mundo que se les ofrece, lleva en “Atomizado Berlín” (Anagrama) a Julia Kornberg, a un impactante relato que ilumina la mutación que van a tener esos jóvenes para llevarlos a militar contra sus propios intereses, anestesiarse con promesas, o huir de la decadencia de la Argentina en busca de un mundo que han idealizado.
Julia Kornberg, sobre su novela ambientada en Nordela: "Hay algo de antropología social, de testimonio de época"
La autora dialogó con Ámbito sobre su reciente obra "Atomizado Berlín", una historia distópica sobre una familia judía que reside en un barrio cerrado.
-
"En el camino": la película mexicana del momento en HBO Max
-
El Día del Estudiante Solidario celebra sus 20 años con un show especial: León Gieco, Los Auténticos Decadentes y más
Julia Kornberg dialogó con Ámbito sobre su reciente obra "Atomizado Berlín".
Cada tanto aparece una ópera prima que deslumbra por feroz, irónica, tierna, sarcástica, impiadosa, y que de algún modo nos revela lo que nos pasó –con un admirable testimonio- y lo que nos puede pasar – con una distopía propia de la ciencia ficción-, por caso, el hundimiento de Nordelta por una catástrofe climática o el elitismo selectivo en emblemáticas ciudades empobrecidas, y destruidas por los combates de una guerra terminal.
La argentina Julia Kornberg, que actualmente reside en Brooklyn, EE.UU., estudió Literatura comparada “en Puan”, en la UBA, y en el Sarah Lawrence College, se ha doctorado en Literatura Latinoamericana en Princeton. Ha entregado una nueva novela, que saldrá el año que viene, y está preparando otra. En su visita a Buenos Aires dialogamos con ella.
Periodista: ¿Contar de los Goldstein, una rica familia judía de Nordelta, la llevó a radiografiar la vida de los hijos de ellos en el turbulento mundo adolescente de la Buenos Aires de comienzos del siglo XXI?
Julia Kornberg: Yo escribí una novela filial. Y creo que tendría que haber una gran saga del judaísmo argentino. Una novela que empiece con el SS Weser, nuestro Myflower, el primer barco que trae a los gauchos judíos en 1889. Sería genial que luego siga con la colonia de Moisés Ville, pase a Basavilbaso, de ahí a Rosario y de ahí a Once, para terminar en Nordelta. Pero yo no quería hacer eso, me interesaba contar de Mateo, Nina y Jeremías, tres hermanos y su entorno. Quería que la novela comenzara como un bildungsroman y terminara en una distopia, avanzando sobre el futuro, como lo hace la ciencia ficción. Me interesaba la vida de esos hermanos medio desahuciados, que no quieren estar encerrados en Nordelta.
P.: Ellos le hacen registrar el mundo de los recitales, el sexo, droga y punk, las noches ebrias, ese momento donde se confunden como iguales chetos, progres y lumpenes…
J.K.: No soy de Nordelta, pero pertenezco a la generación donde eso pasaba, donde una chica de clase media urbana, que lee poesías, podía coquetear con la aristocracia, juntarse con los Bunge o con alguien de Gerli. Jeremías, Nina y Mateo, cada uno a su modo, eligen espacios que los conectan con las otras clases sociales. Jeremías al entrar al Colegio Nacional de Buenos Aires, cuenta con los compañeros del cole, pero para llegar al colegio tiene que recorrer y descubrir la ciudad. Y lo que Jeremías cuenta hace que Nina siga sus pasos. Hay algo de antropología social, de testimonio de época, en eso que ellos me permiten contar.
P.: ¿Buscan diferenciarse del padre un empresario, un trader, y de la madre una cheta?
J.K.: Una mujer distinguida, bastante libre, que no abandona su universo, sus gustos y placeres. Los padres para los hermanos son como figuras fantasmales. Tienen que hacer su camino sin ninguna guía familiar. Nadie les pone límites, tienen dinero y libertad. Son demasiado inteligentes como para quedarse en Nordelta, buscan su lugar en el mundo, sin que jamás puedan encontrarlo.
P.: Los diarios de Nina y Jeremías, que leemos gracias a Angélica Oshiro, ¿los pensó desde la literatura del yo?
J.K.: No tengo nada que ver con los Goldstein. La historia no tiene nada que ver conmigo ni con mi vida, pero hay una potencia narrativa al narrar en primera persona, que quería que tuvieran los personajes. Hice de todo para escapar de la literatura del yo, manía colectiva en esos años, que no me interesaba para nada. Lo que cuentan Nina y Jeremías abre un universo coral, una novela polifónica. Borges habla en sus cuentos de un Borges que no es el Borges de Bioy. La estrategia de “Atomisado Berlín” en los diarios de Nina y de Jeremías falsifica sus autobiografías, que no es lo mismo que escribirlas.
P.: ¿Por qué cuando los hermanos establecen cada uno su vida, escapan de la Argentina, y pasamos a saber que le ocurre en un futuro apocalíptico?
J.K.: La ruptura pasa después del capítulo de Gaza, con Mateo que se va a vivir en Israel. La primera parte del libro son vidas que informan de lo personal, lo que eligen y lo que los rodea. Me preguntaba sobre los eventos que moldean a una generación, como fue Cromañon, el 2001, la violencia de género, el Ni una menos, los lugares de encuentro, como se vinculan con la ciudad y los amigos. Me interesaba la relación entre lo histórico y lo individual, qué los liga a los grandes eventos no siendo participantes directos y, aun así, siendo víctimas de ellos.
P.: Lo dramático se vuelve global cuando Jeremías y Nina eligen huir de la Argentina…
J.K.: En la segunda parte me hice la misma pregunta sobre los eventos que nos moldearan en el futuro. Las posibles tragedias. La erosión de lo humano que estamos viviendo. La normalización del engaño y la violencia. Cosas que vive en París el músico Jeremías. Mientras Nina, en Alemania, es más optimista. La relación con su amiga Angélica es un vínculo salvador que se contrapone con la violencia diaria.
P.: Y con lo que eligen sus hermanos…
J.K.: Mateo, un chico de derecha, conservador, lo lleva en un delirio mítico sionista que lo hace unirse al ejército de Israel. Jeremías el querer tanto a Buenos Aires lo vuelve francófilo, algo que se perdió. Es muy sensible, ama la literatura, la música, muy de centro cultural. Se va a París buscando la Argentina de los años sesenta, de Mayo del 68, el París de Cortázar y Copi. Nina no es nostálgica como Jeremías, ni extremista como Mateo. Es más cool, para ella ir a Berlín es ir a los orígenes, al lugar de donde partieron sus abuelos. El lugar de la libertad de expresión, donde es fácil encontrar un lugar y vivir del arte. Es, acaso, la más madura.
P.: ¿Cómo se le ocurrió que la historia fuera contada por los diarios íntimos de Nina y Jeremías reunidos por Angélica, la vecina de Nordelta, la amiga íntima de Nina?
J.K.: Eso se lo robé a Borges. Yo había tomado un seminario en Puan sobre “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. Y Borges hace el chiste de: ese cuento no lo inventé yo, lo encontré en una entrada de la Enciclopedia Británica. Se habla desde el futuro, en mi caso eso ordena la novela. Angélica Oshiro, la mejor amiga de Nina, accede a los archivos de Jeremías, Nina y Ossip, el marido de Nina, y ordena, justifica y da sentido a la vida de esos hermanos; es acaso la narradora secreta.
P.: “Atomizado Berlín” tiene ya varias publicaciones en distintas editoriales e idiomas hasta llegar a la consagratoria, primero de la crítica internacional y luego de Anagrama. ¿En ese tránsito editó el texto original?
J.K.: Es un poco tramposo decir que es la novela que publicó en La Plata una chica de veinte. Es una novela editada por una chica de 23, 24, 25, y está, la última. Cuando en 2024 sale en inglés la traducción me lleva a realizar cambios, que después pasan a las siguientes ediciones, y renuevan el texto. Borges lo hacía todo el tiempo. Cambiaba el texto en cada edición, agregaba o eliminaba cosas. Se tiene la idea del original sacrosanto de una obra, y no es cierto. Borges cambiaba sus textos de edición en edición. Y Sarmiento hizo lo mismo en cada edición del “Facundo”.
P.: ¿Qué ha escrito últimamente?
J.K.: “Las fiestas”, una novela que saldrá el año que viene en Estados Unidos y en castellano en Anagrama. Es una historia en siete capítulos, cada uno es una fiesta. En Estados Unidos se hace mucho ”party reporting”, la crónica de la joda. Me divertí mucho escribiendo. Por otro lado, salió “Diario de un tiempo mesiánico”, libro que escribí con la escritora Paula Puebla. Y ahora estoy con “Antártida”, una novela nueva, que es lo único que puedo decir.
- Temas
- Novela




