7 de abril 2003 - 00:00
Julianne Moore, la optimista que choca contra la realidad
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«Nunca está claro si se trata o no de los Julianne Moore y Dennis Quaid en "Lejos del paraíso" de Todd Haynes. La aparente felicidad de un hogar de clase media en la década del '50. años 50», dijo Moore en las reuniones de prensa simultáneas al estreno en EE.UU. de «Lejos del paraíso». «La consigna era actuar como en esa época, comportarse y reaccionar como lo habrían hecho en esos tiempos. El espectador está libre de elegir entre creer que se trata de una película ambientada en aquellos años, o suponer que se trata de una burbuja en el tiempo, tan llena de ideales y esperanza como de prejuicios».
Periodista: ¿Hay una mirada irónica sobre el personaje y su entorno, sobre todo en medio de esa infinita red de prejuicios?
Julianne Moore: No, creo que nunca estuvo esa intención en Haynes. Y, en lo que respecta a mí, estoy segura de que no la hubo. En algún sentido hasta admiro a Cathy: su sentido del optimismo, su forma de relacionarse con los otros, su decencia y honestidad en las circunstancias más adversas. No importa tanto lo que le ocurre como el punto de partida del persona-je: es la optimista que cree que va a cambiar a su comunidad y al mundo, hasta que descubre que todo se le opone, que el mundo tiene una dureza más infranqueable de lo que supone. Pero no hay que confundir, en ella, optimismo con inocencia. Es una mujer madura.
P.: Los conflictos que enfrentaba su ante-cesora en el papel, Jane Wyman, son casi pueriles al lado de los de ahora.
J.M.: Es que la película no sólo se ocupa de los tabúes sexuales y raciales sino también de la política de los géneros. Vemos que, en ella, los hombres tienen menos dificultades de seguir sus propios caminos, en tanto que las mujeres tienden a quedarse, a ser conservadoras. Creo que una de las razones por las que este film interesa tanto se debe a que no es un «estudio de época», sino que muchas de las cosas no han cambiado demasiado hoy en día. En ese sentido, me parece que la que avanzó mucho más fue la mujer, su sexualidad hoy tiene más opciones, no es tan conflictiva. Pero, no nos engañemos, todavía subsiste mucho.
P.: Cathy, entonces, no es una perdedora.
J.M.: De ningún modo. Es una mujer que posiblemente vaya a rehacer su vida según sus propios deseos. Ella cree en el matrimonio, en la maternidad feliz, en un buen vínculo con la comunidad. Son cosas muy respetables. Cathy jamás se pensaría como una «transgresora» porque su felicidad no está en ser la diferente del grupo sino que sufre porque el grupo no tolera lo que ella considera lícito.Algunos espectadores, en broma, me comentaron: «No se preocupe por el destino de Cathy, porque en la película están por llegar los '60».
P.: ¿Le atraen a usted los melodramas de Douglas Sirk?
J.M.: Mucho. Siempre consideré que lo más atractivo de ellos no era el melodrama como tal sino el comentario que estaba detrás de él. Y me complace que tanto Haynes como Sirk puedan hablar tan libremente de personas que parecen fuera del sistema aunque lo que quieren, en el fondo, no es otra cosa que seguir siendo parte de él.
P.: ¿Es simple coincidencia que tanto en «Las horas» como en «Lejos del paraíso» sus papeles sean los de un ama de casa de los '50?
J.M.: Sí, una coincidencia desafortunada. En realidad, no creo que eso me haya favorecido. Tiende a que la gente y la prensa compare, que los críticos digan que hay repeticiones, en fin. No es en absoluto conveniente. Pese a que, como efectivamente ocurre, los personajes, los estilos y las historias sean tan distintos entre sí.



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