7 de abril 2003 - 00:00

Julianne Moore, la optimista que choca contra la realidad

Julianne Moore, la optimista que choca contra la realidad
Los Angeles - Julianne Moore tuvo este año dos candidaturas simultáneas al Oscar, pero la maquinaria hollywoodense no coincidió, en los resultados finales, con la mayoría de los críticos. Ella, en algún punto, se lo temía.

Como mejor actriz de reparto, enfrentaba a Nicole Kidman: ambas habían participado en la estupenda «Las horas» y, pese a que Moore mostraba una actuación más impresionante (e inclusive con mayor tiempo en pantalla), la estatuilla fue para su rival, la más publicitada Kidman, que interpretó a Virginia Woolf.

En el rubro de actriz protagónica, por su papel de una cándida ama de casa en «Lejos del paraíso», debía lidiar con el número puesto de la industria, Catherine Zeta Jones en «Chicago», y allí sus posibilidades eran todavía menores.

Sin embargo, la carrera en el cine de Moore (41), aun sin el espaldarazo del Oscar, es muy sólida. En «Lejos del paraíso», la película que le valió esa candidatura [ y que tendrá pasado mañana una función avant première exclusiva para los lectores de Ambito Financiero en el cine Atlas Recoleta], Moore interpreta a Cathy Whitaker, la esposa ideal de la familia ideal en un hogar de clase media próspera de Hartford, Connecticut, en los años 50.

Madre de dos hijos y casada con un entusiasta hombre de empresa (Dennis Quaid), Cathy representa la quintaesencia del mode-lo de house wife americana, pero esa felicidad no va a durar demasiado. Una noche, descubre que su marido le es infiel... y no precisamente con otra mujer. Desde entonces, mientras Cathy lo acompaña a un médico que, entre otras cosas, contempla un tratamiento con electroshock, ella comienza un acercamiento amistoso a su jardinero (Dennis Haysbert), un «hombre de color», como eufemísticamente se decía por entonces (hoy, el eufemismo es «afroamericano»).

La película, que dirigió Todd Haynes («Velvet Goldmine»), no es otra cosa que un extremado remake de un éxito del cine del melodrama de los años 50, «Lo que el cielo nos da» («All That Heaven Allows»), de Douglas Sirk. Allí, desde luego, el conflicto era mucho más suave: la protagonista ( Jane Wyman) era una viuda de buena posición que, cuando se enamoraba de su jardinero mucho menor que ella ( Rock Hudson), debía enfrentar no sólo la férrea oposición de sus hijos (más grandes de lo que lo son en la nueva versión) sino los rumores destructivos de todas sus amistades. A la diferencia de edad y de clase social, Haynes, en su planteo de la historia, no se priva de sumar la homosexualidad y el acercamiento interracial.

«Nunca está claro si se trata o no de los
Julianne Moore y Dennis Quaid en "Lejos del paraíso" de Todd Haynes. La aparente felicidad de un hogar de clase media en la década del '50. años 50», dijo Moore en las reuniones de prensa simultáneas al estreno en EE.UU. de «Lejos del paraíso». «La consigna era actuar como en esa época, comportarse y reaccionar como lo habrían hecho en esos tiempos. El espectador está libre de elegir entre creer que se trata de una película ambientada en aquellos años, o suponer que se trata de una burbuja en el tiempo, tan llena de ideales y esperanza como de prejuicios».

Periodista:
¿Hay una mirada irónica sobre el personaje y su entorno, sobre todo en medio de esa infinita red de prejuicios?

Julianne Moore: No, creo que nunca estuvo esa intención en Haynes. Y, en lo que respecta a mí, estoy segura de que no la hubo. En algún sentido hasta admiro a Cathy: su sentido del optimismo, su forma de relacionarse con los otros, su decencia y honestidad en las circunstancias más adversas. No importa tanto lo que le ocurre como el punto de partida del persona-je: es la optimista que cree que va a cambiar a su comunidad y al mundo, hasta que descubre que todo se le opone, que el mundo tiene una dureza más infranqueable de lo que supone. Pero no hay que confundir, en ella, optimismo con inocencia. Es una mujer madura.


P.:
Los conflictos que enfrentaba su ante-cesora en el papel, Jane Wyman, son casi pueriles al lado de los de ahora.

J.M.: Es que la película no sólo se ocupa de los tabúes sexuales y raciales sino también de la política de los géneros. Vemos que, en ella, los hombres tienen menos dificultades de seguir sus propios caminos, en tanto que las mujeres tienden a quedarse, a ser conservadoras. Creo que una de las razones por las que este film interesa tanto se debe a que no es un «estudio de época», sino que muchas de las cosas no han cambiado demasiado hoy en día. En ese sentido, me parece que la que avanzó mucho más fue la mujer, su sexualidad hoy tiene más opciones, no es tan conflictiva. Pero, no nos engañemos, todavía subsiste mucho.


P.:
Cathy, entonces, no es una perdedora.

J.M.: De ningún modo. Es una mujer que posiblemente vaya a rehacer su vida según sus propios deseos. Ella cree en el matrimonio, en la maternidad feliz, en un buen vínculo con la comunidad. Son cosas muy respetables. Cathy jamás se pensaría como una «transgresora» porque su felicidad no está en ser la diferente del grupo sino que sufre porque el grupo no tolera lo que ella considera lícito.Algunos espectadores, en broma, me comentaron: «No se preocupe por el destino de Cathy, porque en la película están por llegar los '60»
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P.:
¿Le atraen a usted los melodramas de Douglas Sirk?

J.M.: Mucho. Siempre consideré que lo más atractivo de ellos no era el melodrama como tal sino el comentario que estaba detrás de él. Y me complace que tanto Haynes como Sirk puedan hablar tan libremente de personas que parecen fuera del sistema aunque lo que quieren, en el fondo, no es otra cosa que seguir siendo parte de él.


P.:
¿Es simple coincidencia que tanto en «Las horas» como en «Lejos del paraíso» sus papeles sean los de un ama de casa de los '50?

J.M.: Sí, una coincidencia desafortunada. En realidad, no creo que eso me haya favorecido. Tiende a que la gente y la prensa compare, que los críticos digan que hay repeticiones, en fin. No es en absoluto conveniente. Pese a que, como efectivamente ocurre, los personajes, los estilos y las historias sean tan distintos entre sí
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