23 de junio 2006 - 00:00

Kartun llevará al teatro la vida de un "tarambana"

MauricioKartunpresentaráen el SanMartín «Elniñoargentino»,su primeraobra enverso«guarango»y segundaque dirige.
Mauricio Kartun presentará en el San Martín «El niño argentino», su primera obra en verso «guarango» y segunda que dirige.
"Me fue bien con La Madonnita y me envalentoné y volví a dirigir otro material mío", dice Mauricio Kartun a este diario. El dramaturgo presentará ahora «El niño argentino». Es su primera pieza teatral en verso y, según anticipa, «está atravesada por un humor guarango que le quita toda solemnidad. Con esto recupero una etapa de mi adolescencia. En mi barrio circulaban muchas parodias de versos gauchescos o de algunas escenas de teatro clásico que eran adaptadas a un lenguaje obsceno».

«El niño argentino» narra la historia de un joven de la aristocracia ganadera (Mike Amigorena), el típico tarambana de principios del siglo XX que tiraba manteca al techo. Esta suerte de predecesor de Isidoro Cañones huye a Europa para evitar ser castigado por sus tropelías eróticas. En el barco lo acompaña un peón (Osqui Guzmán) y una vaca destinada a proveer de leche fresca a sus dueños, como era costumbre en la época. El disparate entra en juego cuando empleado y patrón se disputan los favores de la vaca, papel a cargo de María Inés Sancerni. El elenco estará acompañado en escena por el músico Gonzalo Domínguez, y la obra subirá a escena el próximo 6 de julio a las 20.30 horas en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín.

Periodista: ¿Los protagonistas de la obra funcionan como un dúo cómico?

Mauricio Kartun: Comparten los códigos ancestrales del dúo de cómicos encarnado por el payaso blanco y el Tony. Federico Fellini dijo en un comentario que escribió sobre su película «Los clowns», que la vida está organizada alrededor de la dialéctica del payaso blanco y del Tony. El payaso blanco es siempre elegante, altivo y nunca puede ser humillado. Su inteligencia es aguda y su humor se basa en conseguir que el público se ría de un ser inferior, el Tony. Este, en cambio, vive humillándose para hacer reír. El que empezó como payaso blanco nunca termina de Tony, en cambio Tony siempre aspira a payaso blanco. Fellini termina la nota con una larga lista de personajes históricos. De Hitler, por ejemplo, dice que es payaso blanco y después continúa con algunos directores de cine de los años '60. Sostenía que cada vez que aparece un payaso blanco todos nos transformamos en Tony. «Aceptamos ese lugar de humillación» -dice Fellini- «Esperamos que ese payaso blanco venga y nos grite», y pone de ejemplo a su propio jefe de producción.

P.: La acción de la obra remitea la Argentina opulenta de principios de siglo, que era considerada el granero del mundo...

M.K.: Sí, la obra trata específicamente ese tema. La bodega del barco en el que viajan está llena de cereal. Encontramos material muy interesante sobre esa época, donde se ve cómo buena parte de la capacidad intelectual de la aristocracia ganadera -de extraordinario peso en la política además- se va perdiendo al no poder hacer una experiencia de trabajo. Al vivir exclusivamente de la venta de los campos, empieza a perder su capacidad intelectual e inicia su decadencia. Esa clase sólo generará intelectualidad a partir de sus miembros más extravagantes o más excéntricos, como por ejemplo, Lucio V. Mansilla.

P.: Es de suponer que la vaca representa a la Argentina.

M.K.: La asociación resulta inevitable, pero hay otras lecturas posibles. No quiero reducirla a un solo significado porque hay muchas otras metáforas en juego.Ya hace varias décadas que abandoné esa hipótesis de teatro político que intenta organizar con signos precisos, limpios, seguros e indiscutibles cierta idea en torno a la historia y la política. El teatro cumple muy bien una función más incorrecta, la de romper signos y permitirle al otro, al que está enfrente, jugar con nuevas alternativas de reordenamiento de esos signos. La vaca, en este caso, sugiere múltiples entidos porque además es objeto de una disputa carnal... Sí, la vaca es también un objeto erótico.

P.: ¿Se divirtió escribiendo esta obra?

M.K.: En realidad, la sonrisa apareció ahora en los ensayos con los actores. Esta es la única obra que escribí a partir de la rabia. Fue una especie de catarsis en respuesta a cierta zona de mediocridad y de traición que sentí en relación a la política argentina. La escribí fastidiado, con cierta amargura y acidez. Por suerte, apareció el humor.

P.: Parece entusiasmado dirigiendo teatro.

M.K.: Fueron muchos años de encarar el teatro desde el lugar de la literatura, que es un lugar muy solitario. Yo siempre digo que el autor se pierde los sandwiches de la fiesta. Los brindis, el baile siempre ocurren en otro salón, mientras que a uno lo tienen ahí, un poco encerrado, cuidando un lugar más solemne: el de la letra. A mí me parece que eso condena al autor a un lugar de desconocimiento. Yo ya tenía formación como actor y director, pero el tener que ir a cada función, hacer giras o ir a festivales enriqueció mucho mi trabajo. Realmente estuvo muy bien empezar a dirigir.

Entrevista de Patricia Espinosa

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